Flavia Guidi / Vice.com · 7 de agosto de 2016
Para muchos de nosotros, las computadoras son artefactos casi mágicos y los técnicos que las arreglan son gente que habla en un léxico codificado, que se acurruca entre discos duros y que vive en talleres sospechosos y llenos de polvo.
Hace un tiempo, platiqué con un técnico de computadoras y escuchar todas las cosas absurdas que ha visto me hizo reconsiderar su trabajo. Nos la pasamos todo el día en la computadora, descargamos archivos, olvidamos vaciar la papelera, damos clic en anuncios pop up y otras cosas igual de estúpidas. Pero después, cuando tenemos que ir a que nos arreglen la computadora, nos reencontramos con el contenido de nuestras carpetas. Que sigue ahí, esperando a que recordemos.
Estas son algunas de las historias más absurdas que nos contaron los técnicos informáticos de Milán. Como los viejitos de 60 años que no saben conectar el monitor no son tan graciosos, las historias a continuación se enfocan en el lado pervertido.
Un día, un cliente que era cirujano nos pidió que arregláramos un problema que tenía su laptop. Era algo simple pero que llevaba arrastrando desde mucho antes: tenía que reemplazar el disco duro. Estaba copiando sus archivos a un disco duro externo para pasarlos al nuevo disco duro cuando encontré unos videos “sucios” entre su colección de grabaciones de cirugías.
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Pero no era solo uno: había una colección entera de videos amateur, unos descargados de internet y otros que grabó él con su esposa. Unos minutos después, el cirujano regresó con un colega para enseñarle un video de una cirugía, entonces pausé la copia y lo dejé frente a la computadora. Buscó entre las carpetas y abrió el video pero no se dio cuenta que estaba en la lista de reproducción “sucia” que yo acababa de abrir. En cuanto terminó el video, empezó uno porno.
Éramos cuatro en esa habitación, los dos doctores, un colega mío y yo. Todos nos quedamos callados. El cirujano se puso pálido y murmuró algo, luego cerró su laptop y salió de la habitación sin mirar atrás. Mi colega y yo, incrédulos, nos volteamos a ver y el otro cirujano se quedó ahí parado, con la boca abierta y las manos en las mejillas…
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