La tragedia de Texmelucan, <br>la desgracia de la familia Medel</br>

Rosario Carmona · 23 de diciembre de 2010

La tragedia de Texmelucan, <br>la desgracia de la familia Medel</br>
San Martín Texmelucan, Puebla. Foto: Cuartoscuro.

Don Jaime está vivo de milagro, pero se quedó solo. En la explosión del ducto de Pemex en San Martín Texmelucan murieron su esposa, sus hijos, su nuera y sus cuatro nietos, diez en total.

En la casa de dos pisos vivía toda la familia. Al frente estaban estacionados cuatro vehículos que se convirtieron en una trampa mortal. Los coches empezaron a quemarse y eso les impidió salir, ya no pudieron bajar las escaleras cuando la explosión originó el río de fuego que alcanzó la calle y consumió la vivienda.

Trinidad Medel, la hermana de don Jaime, asegura que el golpe es inimaginable. En cuestión de segundos toda la familia se destruyó: “Solamente quedó mi hermano porque se fue a quedar a otra casa. Mi hermano sí está bien, físicamente, porque se fue a quedar a otra casa que tienen, porque andaban robando y se fue a cuidarla. Tenía como año y medio viviendo aquí.

“No había teléfono, no podíamos comunicarnos hasta que un vecino me dijo: le tocó a tu familia. Fueron todos, no pudieron salir y se quemaron todos”, dice Trinidad mientras las lágrimas le ahogan las palabras.

San Martín Texmelucan, Puebla. Foto: Cuartoscuro.

Cerca, está Lourdes, la hermana que vivía a una casa de la de Jaime. Ella, su esposo y sus dos hijos lograron salir y están sanos, pero aún no logran entender la magnitud de la tragedia que cayó sobre su familia.

“Mi esposo y mis dos hijos están bien, están completos, salimos, logramos salir de la casa, desnudos, corriendo, descalzos, pero salimos, íbamos descalzos, no nos dio tiempo de nada, cuando nos dimos cuenta las llamas ya abrasaban todas las casas, todo se estaba quemando”.

Sus hijos de 11 y 12 años escucharon cuando Lourdes les gritó y sin vestirse, sin salvar nada de su casa, corrieron hacia la puerta de atrás.

“Salimos por la puerta trasera, llegamos a la unidad habitacional, porque nuestra idea era irnos hacia San Lucas el Grande. Teníamos como 15 años viviendo aquí y nunca nos había pasado nada igual”.

Y luego, el recuerdo de aquel instante, crudo, trágico.

“Yo estaba despierta, me di cuenta que olía como a petróleo, como a gasolina, vi en la ventana que había fuego y yo pensé que habían chocado dos coches, pero me asomé y vi que todo estaba incendiándose cuando le dije a mi esposo y le grité a mis niños. Mi esposo intentó cerrar los tanques de gas pero ya no pudo, ya no pudo. Me decía que nos saliéramos y ya no pudimos sacar nada, sólo nos salimos. Como me dicen, si hubiéramos buscado ropa o papeles o algo, quizá no estuviéramos vivos.”

Con la voz ronca, Lourdes cuenta que le tuvieron que prestar ropa. Su esposo llevaba la pijama manchada de negro, él mismo tenía las manos sucias porque tuvo que ayudar a sus hijos a salir de la casa cuando ya era consumida por el fuego.

Parecía lava que se nos venía encima, dice, y lo que reconoce como un milagro, no le alcanza para alegrarse al pensar en sus sobrinos, en su hermano Jaime que perdió todo.

“Fue una ventaja que todos salimos rápido y en la parte de atrás de la casa había una puerta porque las demás casas no tenían y por eso no pudieron salir. Yo vivía junto a don Mariano, él también murió y en la parte de arriba rentaba una señora con sus hijos, todos murieron, yo les gritaba que salieran pero no podían porque en la calle ya venía como un río de fuego”.

Damnificados de San Martín Texmelucan, Puebla. Foto: Cuartoscuro.

La casa que seguía era la de Jaime.

“Los diez fallecieron, cuatro bebés y seis adultos. Yo les gritaba pero ya no, a la calle ya no se podía salir, venía como lava, todo ardiendo, petróleo no sé qué era, no entiendo qué fue lo que pasó, pero ya no pudimos avisarle a nadie y todos se quedaron atrapados. A nosotros lo que nos ayudó fue que teníamos una puerta en la parte de atrás de la casa, pero ellos no tenían. Yo creo que mis sobrinos se fueron a refugiar en la cocina que era la parte que estaba más atrás y ahí yo creo que quedaron todos.”

Imposible preguntar qué sigue para ellos, para don Jaime Medel. Trinidad y Lourdes dicen que aún no les cae el veinte, que no alcanzan a entender qué pasó y cómo harán para superar la tragedia.

Mientras las autoridades responsabilizan a saqueadores de combustible por la explosión, la familia Medel no tiene ni fuerzas para buscar culpables.