Paris Martínez (@paris_martinez) · 23 de septiembre de 2013

Hasta antes del 15 de septiembre, más allá de la cabecera municipal de Coyuca solía existir un pueblo llamado Los Cimientos, que se preciaba de ser el lugar donde, en 1814, entregó la vida el héroe independentista Hermenegildo Galeana, muy querido por Morelos.
[contextly_sidebar id=”22abdc77d3244e4ebf0291192486149c”]Dicen que, luego de morir en batalla, los enemigos del general Galeana, los realistas, le cortaron la cabeza, y que ésta fue exhibida en ese mismo lugar, a orillas del río Coyuca, donde, a la postre, se alzaría Los Cimientos.
Y la cabeza de Galeana sigue ahí -ahora esculpida en metal-, pero el pueblo ya no está: la tormenta Manuel barrió con él, desapareció sus casas, sus negocios y sus parcelas. Y aquello que no pudo arrastrar el afluente en su crecida fue soterrado por un metro de lodo, que dejó atrapados a varios vecinos del lugar en las azoteas y las copas de los árboles hasta que, finalmente, el 18 de septiembre (es decir, cinco días después de que comenzaran las lluvias), fueron rescatados por el Ejército.
Aquí antes había un pueblo, y como fantasmas, aquellos que en él solían vivir rondan ahora sin rumbo aparente. La debacle es tal, que ya nada parece posible de hacerse.
“Nos quedamos sin nada -dice doña María-, todo el pueblo se perdió, y nadie lo comenta, nadie dice que Los Cimientos se hundió en agua, nada más se enfocan en Acapulco.”
La mujer habla, mientras las lágrimas ruedan por sus mejillas, señala su casa derruida, igual que la de su madre, la de su hija, y la de su hijo.
Luego señala al punto, junto a su terreno, en el que solía sembrar maíz, y que ahora, afirma, ya ni siquiera para eso sirve, porque la tierra fértil quedó bajo un metro de arena, “y qué podemos sembrar en el arena: nada.”
Pero el agua no sólo demolió el pueblo, también echó abajo el único puente que conectaba esta localidad con su cabecera municipal, quedando, pues, cortado el abasto de alimentos, combustible y agua potable. Además de que las líneas de luz y de teléfono se perdieron desde el primer día de lluvias, el 13 de septiembre pasado.
Desde entonces, lo poco que llega a Los Cimientos es traído al hombro por sus antiguos moradores, que a pie se aventuran a cruzar sobre lo que fuera el Puente Coyuca II, cuyos restos fracturados y caídos se encuentran apenas por encima del río, y que vuelven al punto que consideraban su hogar, en el intento de recuperar un poco de lo perdido, aunque luego regresan sobre sus pasos con las manos vacías, ya que nada queda en el pueblo por rescatar: enseres, documentación, recuerdos, todo quedó sumido en fango o se lo llevó el afluente hasta dar con el mar.
Hace tres años, recuerda la señora María, campesina que cultivaba maíz y plátano, el gobierno estatal prometió construir un muro de contención que frenara al agua, en caso de crecida, para impedir que inundara al pueblo, pero esto nunca se cumplió, y es que aquí, acusa, “los políticos vienen y piden nuestro apoyo, pero ya que están sentados (en sus nuevos puestos) ni se acuerdan de la gente que verdaderamente lo necesita… la gente humilde, la gente de abajo, hacemos que el gobierno obtenga dinero a manos llenas, y es poco lo que nosotros les pedimos (a los políticos), para que podamos vivir un poquito mejor y dignamente, con nuestro trabajo. Pero, miren ahora: nos quedamos sin nada.”
La Montaña desgajada
A diez días de que debieran desalojar sus poblados, por los deslaves que provocó la tormenta Manuel en la Montaña de Guerrero, los habitantes de al menos cuatro localidades indígenas rechazaron la oferta de guarecerse en albergues gubernamentales, al considerar que esto los obligaría a cancelar festejos religiosos -en honor a San Miguel Arcángel-, así como a abandonar a sus animales de corral y las pertenencias que aún permanecen dentro de sus viviendas.
Esta determinación fue informada ayer 22 de septiembre a los militares que, como parte del programa DN-III, recorrieron sus campamentos para invitarlos a trasladarse a refugios gubernamentales, para así dejar las carpas que improvisaron con lonas y plástico en la cima de cerros cercanos, y en las que se encuentran a merced del frío, la lluvia, la neblina y el viento.
En contraste, los habitantes de estos cuatro poblados (Moyotepec, Lucerna, Unión las Peras y Filo Acatepec) demandaron que, en vez de trasladarlos a un albergue temporal, el gobierno les asigne ya un nuevo punto donde erigir sus viviendas y parcelas de forma permanente, mismo que antes deberá ser sometido a los estudios geológicos necesarios para descartar futuros riesgos de deslaves.
Las familias de estos poblados huyeron de sus viviendas desde que comenzaron las lluvias fuertes, el pasado 13 de septiembre, luego de que los cerros colindantes comenzaran a desgajarse, provocando, como en el caso de Moyotepec, que incluso infraestructura educativa se viera afectada por el debilitamiento del suelo.
Según estimaciones de sus propias autoridades tradicionales, en estos campamentos se encuentran al menos 4 mil personas, que duermen directo sobre el suelo húmedo -ya que sólo una minoría cuenta con una colchoneta- con Moyotepec al frente, ya que ahí se concentra gente de dicha localidad, así como de Unión de las Peras, sumando cerca de 2 mil 700 damnificados sólo en este punto.
Cabe destacar que este viernes -diez días después de que Manuel iniciara su paso por el estado de Guerrero-, se prevé que la secretaria de Desarrollo Social federal, Rosario Robles, se encuentre con representantes de comunidades indígenas y campesinas de La Montaña en el municipio de Tlapa, luego de que durante los primeros días de la emergencia se priorizara atender a la zona turística de Acapulco.