Profra. Martha Saulés Estrada · 11 de marzo de 2013
La labor de un buen maestro no se limita al tiempo de la jornada escolar, es necesario que prepare clases, revise tareas, analice el aprovechamiento de cada uno de sus alumnos, se actualice, planee las mejores estrategias y métodos de enseñanza, se cultive asistiendo a eventos culturales, que lea, que vaya al cine, al teatro, en fin que esté en constante preparación.
Desde hace algunos años en las escuelas primarias se destina un viernes de cada mes a las reuniones de consejo técnico, tiempo que nunca es suficiente para tratar las problemáticas y menos para darles seguimiento, de ahí la idea de dar más tiempo de calidad a esta labor.
Pero, ¿Que hay que hacer? Aquí va una idea para la educación primaria:
Los maestros no deberían trabajar doble turno frente a grupo, ni “completar el gasto” con otros “trabajitos”, se es maestro de tiempo completo por lo cual deben recibir un salario digno que les permita dedicar 8 horas a esa labor.
Las primeras 4 o 5 horas el trabajo deberá ser ante grupo, con los alumnos, y las siguientes 3 o 4 horas , en trabajo colegiado con los maestros de la escuela y con su director e inspector, en una labor seria de preparación de clase, de planeación, de actualización y de evaluación que se deberá reflejar por supuesto al día siguiente con los alumnos.
Es sencillo, se trata de ir haciendo trabajo diario de equipo, responsable y comprometido. Los maestros que tengan deficiencias podrán apoyarse con sus compañeros, se intercambiarán métodos y estrategias; ideas, material, en fin, en esta segunda parte de la jornada escolar podrán recibirse los apoyos de especialistas en cursos de actualización de calidad, donde el especialista podrá demostrar su capacidad también frente a los grupos de alumnos.
Los planes y programas no necesitan cambiarse, lo que hay es bueno, libros para los alumnos y maestros; de texto y de apoyo. Sí hay material ( por lo menos en el DF que es donde trabajé) pero los maestros no tienen tiempo de leerlos, de analizarlos, de llevarlos a la práctica, que a final de cuentas es lo importante.
Algo esencial e imprescindible es que a los directores e inspectores e incluso a los maestros, deberán quitarles la labor ardua, pesada e infructuosa del trabajo administrativo. Quien no ha trabajado en esos puestos no se imagina el sinfin de papeleo que tiene que entregar un director de escuela y un inspector de zona, lo que demerita por supuesto su labor académica y pedagógica.
Los maestros al ir “caminando” con sus compañeros maestros y con sus autoridades no le temerán a la evaluación de sus grupos, porque dichas evaluaciones serán elaboradas a partir de lo que ellos mismos preparan, planean y llevan a la práctica y además se irán detectando a los alumnos que requieren de más apoyo.
Las autoridades, en todos los niveles, evaluarán la labor diaria, tendrán conocimiento de cerca del avance de los niños y así podrán ir modificando las estrategias de enseñanza y aprendizaje.