“A ti te robaron”: <br>La historia de Aixchell Camila

Rosario Carmona/Ricardo Uriel · 20 de junio de 2011

“A ti te robaron”: <br>La historia de Aixchell Camila

Cuando la enfermera se llevó a mi hija en brazos tuve un presentimiento. Tenía el rostro cubierto, me la robó.

En la noche de Navidad, Verónica gritaba por los dolores. Después de más de diez horas de trabajo de parto, por fin los médicos del Hospital La Villa decidieron hacerle una cesárea. La bebé pasó las primeras horas en un cunero, cuando su madre la revisó completita, sus manos, su cabeza, todo su cuerpo, incluidos los pies, en la planta de uno de ellos encontró una especie de moretón.

Una hora más tarde, ya cerca de las siete de la mañana, una mujer vestida de enfermera que llevaba un estetoscopio llegó a revisarlas:

-Verónica ¿cómo te sientes?, ¿qué tal tu cesárea?, le preguntó mientras ocultaba parte de su rostro con un cubre bocas.

Se llevó a la recién nacida con sólo su pañalera y una cobija azul con rosa que la tapaba, no la volvieron a ver.

Un mes después, la niña fue rescatada.

Es la historia de una  familia que hizo todo por recuperar a su hija robada y que ahora, a nueve años,  lo recapitulan.

Fue un mes en que la madre se negó a abandonar el hospital hasta recuperar a la niña; Óscar, el padre, recorrió casas-cuna de varios estados de la República y hasta acudió a negociar con un extorsionador que aseguró tener a su bebé.

“Yo entregué el paquete, que en realidad tenía basura, en un operativo grande, con unas 50 personas armadas, con patrullas y todo, pero no lo detuvieron, fue algo espantoso, porque yo no sabía si en realidad tenía a mi hija, la persona me había pedido 120 mil dólares“.

Durante esos días vivieron de todo, la movilización policíaca, de reporteros por cubrir la información y hasta el momento en que el mismo Procurador del Distrito Federal, Bernardo Bátiz, se convirtió en el padrino de bautizo.

Aixchell Camila la llamaron, a los pocos días de nacida, cuando ni siquiera estaba con ellos.

“Los medios nos preguntaron en vivo y por separado: yo quería que se llamara Aixchell  Ixtli (bella flor del pantano), Verónica quería el nombre de Camila, y los medios dijeron va a ser Aixchell Camila.

Fui robada: Aixchell

Cuando iba a cumplir seis años, estaba en preescolar, entonces Rodrigo, un compañero del colegio le soltó de pronto: “A ti te robaron”.

Cuando llegó a casa le cuestionó a su mamá lo que le habían dicho.

-Oye mamá, ¿es verdad que a mí me robaron?

-¿Quién te dijo eso Aixchell?

-Un niño, un amigo, Rodrigo, su mamá te conoce y le dijo que yo era la niña que se habían robado de la Villa.

Con un abrazo intentó consolar a la niña que no pudo sino llorar. “Le expliqué y ella lloró mucho, le expliqué el  por qué yo no le había dicho. Era muy pequeña, se me adelantaron. Poco a poco yo le cuento, a veces la abrazo y le digo que la quiero mucho, me pregunto qué haría sin ella”.

Aixchel, a sus 9 años de edad,  cuenta cómo cambió su vida al enterarse. De su robo obviamente no recuerda nada. Algunos en la escuela, dice, me siguen preguntando, otros compañeros ya no porque ya saben.

Lo que más le emociona es saber todo lo que movieron sus papás para encontrarla, ver los recortes de periódicos que aún guarda su abuela, sólo para recordar el mes de pesadilla que vivieron.

Recuerdos que aún sacuden

Durante los días de la búsqueda fueron a muchos lugares, vieron a muchos niños, incluso tuvieron que separarse para poder revisarlos a todos, ambos tienen su historia de ese hecho y la cuentan.

En un lugar hubo una señora que nos daba a su hija y era como de cinco meses y me decía que era mi hija, me la quería dar a fuerza, yo le dije que no era la mía, además era blanquita, como que la señora estaba mal de sus facultades pero nos decía llévensela, por favor es su hija”, narra Verónica

Fue un calvario que se prolongó por un mes.

No había dormido nada el 26, como a las seis pasaron y me dieron una pastilla y me sentía como adormilada, la tenía en mis brazos y no quería que se me fuera a caer.

Calculaba guiándose por las visitas de los médicos, porque no tenía reloj. Como a las siete y media, primero pasaron una doctoras o enfermeras y me revisaron, luego ella, me dijo: ¿Cómo estás Verónica?; le dije que bien, pero me sentía con mucho sueño y cansada.

Contó la historia una y otra vez, hasta que, de tanto repetirla, terminó por tatuársela en la memoria.

Aixchell respiraba como agitada y de ahí se agarró. Me dijo que la iba a revisar, me revisó, traía un estetoscopio y cubrebocas, yo pensé que venía con uniforme y todo,  me dijo por mi nombre y me dijo como está tu cesárea. Le dije que había estado como malita, dijo que la iba a revisar, se la llevó con su cobijita de cuadros azules con rosa.

Vinieron las preguntas, las dudas, los reproches.

Había pasado media hora cuanto entraron los doctores y pregunté a qué hora me llevaban a la bebé, se quedaron viendo, se fueron y regresaron. Una enfermera me gritó a quién le diste a tu bebé. Yo le reclamé. Una de las doctoras tenía cara de espanto.

“Las autoridades no nos creían (cuenta Óscar) decían que podía ser un amante mía o de ella, en varias ocasiones nos contrapuntearon, tardaron mucho tiempo en darle prioridad a otra línea de investigación.”

Se supone que el 30 de diciembre recibieron una llamada de un vecino que les dijo que había una señora que tenía una bebé, pero nunca estuvo embarazada

“En el hospital me sacaba la leche y él la venía a guardar al congelador para que cuando la bebé regresara se la diéramos, porque el calostro es muy importante, y era una forma de mantener viva la esperanza de que iba a aparecer.

“Cuando regresó no quería que le diera pecho, regresó con infección de ombligo, bajó de peso y tomaba la leche desesperada.”

Dos años después de que la recuperaron, Verónica se embarazó de nuevo. Los fantasmas regresaron, cuando se enteró estuvo llorando todo el día. Finalmente decidieron tener al bebé en una clínica particular, aunque el recuerdo de robo de su primer hija sigue ahí; de quién se las robó, no quieren saber nada, ya la justicia se hizo cargo.

“A la distancia lo veo como un mal sueño,  digo cuántas cosas pasamos, a veces no quisiera que creciera tanto. Ahora cuido mucho a mis hijos, ellos  no salen solos, ella es muy independiente, yo he tenido que tomar varias terapias y a veces creo que es una herida que no sana”.