La fauna chilanga se pone “muy <i>Vice</i>“

Paris Martínez (@Paris_Martinez) · 9 de diciembre de 2011

La fauna chilanga  se pone “muy <i>Vice</i>“
Algo de lo que presenta Vice. FOTO: Cuartoscuro

El zoo humano…

Ya casi ni se distinguen, de tan habituales que se han vuelto, tras 50 años de posarse ante los ojos de los capitalinos que pasan a su lado, la mayoría de las veces corriendo. Y son, de hecho, la especie de fauna más chilanga de todas, aún incluso que las nativas, ya que han sobrevivido más que el coyote y el axolote al avance de la mancha urbana, justamente porque llegaron con ella.

Son leones, jirafas, hipopótamos y gorilas de cemento y varilla, con un hueco en vez de entrañas, repartidos en los viejos parques públicos de la Ciudad de México entre 1960 y 1970, que hoy sirven como “iconos de la unificación entre naturaleza y urbe, entre parque y calle”.

Martín Núñez deja la patineta a sus pies, volcada ruedas para arriba, y mira la jirafa azul que le queda a dos metros de distancia.  “Es curioso que las autoridades de aquel entonces determinaran que estos eran los animales más adecuados para los parques de la ciudad –comenta, con algo de sorna–, en vez de un cocodrilo, una tortuga, existen tantos animales nativos… aunque, también me gustan éstos, son una cosa surrealistoide, son, de alguna manera, congruentes con la Ciudad de México, ¿no crees?”.

Platicamos en voz baja, porque, de cerca, tres sujetos posan su mirada en nosotros.

Nada de qué temer, aunque las precauciones nunca sobran: uno de ellos es verde, con los pelos parados; el segundo usa un bigote estilo Dalí, y una decena de zanahorias brota de su cráneo; mientras que el tercero, el de piel en tonos azules y morados, nos está sacando la lengua. Ninguno tiene menos de tres ojos.

Lo dicho, nada qué temer. Entre chilangos no nos leemos las manos.

La continuidad de los parques…

Pedir a un artista hacer un autorretrato, así, a botepronto, sin el curador de su exposición a un lado, para hacer las presentaciones de protocolo, quizás no es elegante. En tales casos, nada como un “Y, ¿qué pedo contigo?”.

–Yo soy Martín Núñez –responde, cubriendo su cabeza con un gorro de estambre–, soy artista visual y skater –patineto, pa’que se entienda– y he vivido toda mi vida en la colonia Guadalupe Tepeyac. Soy urbícola de la Ciudad de México, de hecho, la amo, estoy orgulloso de vivir en ella, aunque sea monstruosa, porque, a la vez, está llena de experiencias estéticas, sociales, políticas, es muy rica en esa especto.

Martín es egresado de La Esmeralda, la institución de enseñanza artística más importante de México desde hace ya 99 años, vende su obra en la galería Luis Adelantado, y forma parte de los proyectos colectivos Lúdica Skate y La Galería de Comercio… hoy, además, echó la patineta al hombro para subir las escaleras que llevan de golpe a la galería Vice (Mérida 109, en la Roma), donde sus esculturas en plastilina epóxica (algunas traídas de Bélgica e Inglaterra), así como algunos óleos, permanecerán expuestos hasta el próximo 18 de diciembre.

El es Martín Núñez. //FOTO: Cuartoscuro

–Hay un sello urbano en todo esto, los hombres de piel multifacética, con piel de Plastiloka, pero también con algo de naturalista, ¿cierto? –aventuro, aplicando la fórmula de si no es Chana es Juana, y mirando el animal lanudo que estira los brazos junto a la jirafa.

Cabe destacar que Chana y Juana son infalibles.

–A una cuadra de donde crecí hay un parque –responde Martín–, en donde conocí muchas cosas. El parque siempre me ha interesado. Es un concepto vinculado a la relajación, y espacio opuesto a la calle-estrés. El parque es la naturaleza dentro de lo no natural. Una isla dentro de la urbe, asociada a la recreación, al ocio, al amor y al desamor, a la exposición del cuerpo, la fauna, el juego. Todo eso es muy importante para mí. Lo mismo con la otra parte, el lado de la calle, que en la Ciudad de México está llena de información, que yo transformo en inspiración. Al fin y al cabo, parque y calle resumen el sentido de la polis.

Algo como un balón, o un mundo, una esfera de picos que brotan de su centro, sin herir su superficie, de aspecto acojinado pese a su dureza, da fe de sus palabras.

Se busca un muchacho…

Vice no es una galería petulante ni ortodoxa“, señala Christian Salinas, encargado de la operación de este espacio cultural, patrocinado por la edición mexicana de la revista que, con ese nombre, ha echado mano del periodismo gonzo (que algunos definen como hiperrealista y otros simplemente como informal), para consolidarse como un pequeño emporio mediático, con equipos en 22 países, publicaciones en 30 idiomas, más una rama dedicada exclusivamente a filmar documentales sobre la vida en sitios tan extraños como, por ejemplo, los bosques de Chernobyl.

“La galería tiene año y medio impulsando a los jóvenes creativos –sigue Christian–, y no seguimos ningún tipo de statment galerista: no nos interesa representar a ningún artista, no cobramos ninguna comisión por labor de medios, ni tratamos de obligarlos a que nos incluya en futuros proyectos. La idea es tener un espacio donde se muestre todo el influjo creativo que alimenta a la revista Vice“.

Con un espacio para artistas extranjeros, otro para mexicanos y latinoamericanos y uno más para exposiciones especiales, como la de Martín Núñez, Vice Gallery se prepara, de hecho, para realizar mañana, sábado, entre las 12:00 y las 18:00 horas, su primera venta navideña, con descuentos y facilidades de pago para los compradores que, señaló Christian, son principalmente jóvenes.

“A Vice vienen chavitos de 22, 23 años, que tienen piezas ya bien cabronas en sus casas, y que pagaron por ellas con sus domingos, con sus sueldos, con lo que tenían… Y da gusto cuando vemos a chavos coleccionar arte, en ese momento sentimos que nuestro trabajo se cumple“.

Y abunda: “Aquí sucede algo curioso: aunque los que coleccionan generalmente son gente muy clavada en el arte, con una capacidad monetaria cómoda, ahora está habiendo gente muy joven experimentando en esa nueva tendencia de coleccionar obra plástica, ya no tanto juguetes o tenis, o cosas así, sino arte como tal… y muchos vienen aquí con dificultades para adquirir una pieza de algún artista que les gusta, así que les damos facilidades de pago, la idea es que, si de verdad tienen muchas ganas de llevarse la obra, se la lleven, aunque haya que bajarle el precio para que les alcance.”

Los nuevos chavitos –remata– son gente que le gusta la ciudad, que de cajón tienen todo el acervo urbano de la Ciudad de México y, además, tienen huecos para llenar con estos intereses que generaciones como la mía no tenían, como el arte. Gente que a los 17 o 18 años ya está pensando en tener una pieza o ir a algún país para visitar, entre otras cosas, un museo, chavos que los que les platicaron del MoMA ‘me dijeron que el MoMa está chido, no sé qué chingados es, pero está chido, vamos, aunque esté en Nueva York… o al Guggenheim o como chingados se diga esa cosa’… es decir, sin pretensiones, ves esa hambre en los chavos, que saben que ya no se necesita ser adulto para entender y para ser parte de la sociedad del arte.

Este sábado, a la venta habrá pruebas de autor del fotógrafo Richard Kern, piezas de Terry Richardson, además de otros artistas extranjeros y nacionales, encabezados por Núñez, y la obra más barata tendrá un costo de 25 dólares.

“La colección de la galería, que estará toda a la venta, trata de recoger algo que no nada más esté cabrón, sino que además nos guste mucho y que sean propuestas de gente bien auténtica, no traemos artistas pretenciosos, porque este espacio artístico se está mimetizando con la revista, con su espíritu, que es el de los que nos leen, de los que tienen la publicación en sus baños, de los que se empedan en las fiestas, que les gusta disfrutar de la vida nocturna, que se identifican con nuestros contenidos, que son muy humanos, que patinan con nosotros, eso es Vice México, y ahora los chavos dicen que ‘esto o aquello está muy Vice’, lo cual es bastante ambiguo… pero es un concepto que en realidad aplica.”