Paris Martínez (@paris_martinez) · 28 de marzo de 2012

“Mi hijo Juan tenía una sola falla –se lamenta Javier Sicilia–: era americanista, en eso nunca lo pudimos corregir”. El poeta mira a su costado, donde su compadre, Francisco, corrobora sus palabras con un gesto afirmativo de la cabeza.
Es la tarde del 27 de marzo de 2012, faltan unas horas para que se cumpla el primer año del asesinato del joven estudiante de la Universidad Americana de Morelos, así como de sus seis amigos, y en homenaje a ellos, este atardecer, se han reunido familiares y compañeros para patear un balón.
“El futbol era la gran pasión de Juan –dice Sicilia, posado en media cancha, donde la casaca roja que Juan Francisco usara fue extendida un instante–, él una vez jugó un partido con una camiseta que decía ‘Es un honor jugar contigo’, y ahora yo digo: hoy es un honor jugar para él…”
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Faltan unos minutos para que inicie el partido y Sicilia aún tiene sobre la cabeza el viejo sombrero de fieltro, tan maltrecho que la tira de cuero que lo rodea ahora se sostiene con un trozo de cinta canela. Ríe, junto a su compadre, Francisco, al recordar los viejos tiempos en las canchas universitarias.
–Así como lo ven –dice el poeta–, mi compadre antes era un gran centrocampista…
–¿Y tú, eras pambolero?
–Ah claro –responde–, pero era maletón… ¿Te acuerdas compadre, cuando me rompí la rodilla?
Francisco ríe.
–Estábamos jugando contra un equipo de albañiles, muy pesados, jugaban muy fuerte.
–Luego de ese partido, yo estuve seis meses en recuperación –dice el poeta, para dar fuerza a las palabras de su compadre.
–¿Y a qué equipo le vas, Javier?
Por un momento las risas se detienen.
–Yo ya no sigo a ningún equipo –confiesa–, desde que pasó lo de mi hijo, yo ya no puedo ver futbol.
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“Órale, compadre –grita Sicilia–, si tú no juegas yo tampoco” y, mientras, se va quitando la chamarra y la camisa, y corre sobre la cancha, facilitada por la Universidad Americana, donde los dos equipos, integrados por amigos y amigas de Juan Francisco, forman un círculo. Al centro queda la camisa del estudiante de administración y a un costado el balón.
“En lo personal –dice el compadre Francisco–, yo tuve un lazo muy fuerte con Juan, porque más allá de su papá, pudimos compartir una pasión: el futbol. Él me acompañaba a jugar desde que tenía seis años y, alguna vez, me permitió llevarlo al Cruz Azul… Siempre el futbol fue para él la forma de buscarse y encontrarse… y esta tarde les digo lo mismo que le dije a Juan un día: el futbol es una forma de conocernos como personas…
Es entonces que el poeta se ajusta al cuerpo la camiseta roja de Juan y, sonriente, dice a sus amigos que “es un honor verlos jugar”. Luego, el balón se pone en marcha.
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Diez minutos después de que el juego ha comenzado, Sicilia abandona la cancha, jadeante y rengueando.
Una vez visitó su cuerpo el suelo y algunas más rozaron sus pies el balón. Incluso en un par de ocasiones se le vio gritar a sus compañeros palabras de ánimo, como si la alegría futbolera reviviera dentro suyo por un instante.
Con una sonrisa que le surca el rostro de oreja a oreja, pide su cambio.
–¿Qué, te chingaste el tobillo?
–No –se burla–, no es el tobillo, sino la falta de aire, pero estoy contento…
–¿Qué tal el partido?
–Pues, creo que mi hijo debía estar aquí jugando, en lugar mío, pero hoy jugué un rato en su honor, con la camiseta que él usaba en la selección de esta escuela y fue un honor haber jugado por él.
El partido termina con siete tantos en favor del equipo Sicilia, contra seis del equipo rival.
Luego, todos parten.
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Este miércoles, las actividades en Cuernavaca, Morelos, para conmemorar el primer aniversario luctuoso de Juan Francisco Sicilia, Jaime Gabriel Alejo, María del Socorro Estrada, Jesús Chávez, y Álvaro, Luis y Julio César Jaime, así como del primer año de existencia del Movimiento por la Paz, iniciarán con un mitin en el monumento conocido como Paloma de la Paz, a las 9:00 horas.
A las 11:00 se tiene programada una marcha al fraccionamiento Las Brisas, donde hace un año fueron abandonados los cadáveres de los siete jóvenes, y a las 13:00 comenzarán diversas actividades artísticas en el centro de Cuernavaca.
A las 14:00 horas se realizará una ceremonia indígena y una hora después una oración ecuménica.
A las 20:30 horas, por último, se realizará una marcha con veladoras por la capital de Morelos.