Marcela Nochebuena · 6 de diciembre de 2025
Pese a que cerca del 70 % de las juventudes mexicanas sigue valorando la democracia por encima de cualquier otra forma de gobierno, ocho de cada diez no ven sus intereses representados en la política nacional. Así lo concluye un estudio regional que conjunta datos de 14 países de Latinoamérica y que, en México, fue gestionado por la Fundación Friedrich Ebert con 2 mil juventudes de entre 15 y 35 años mediante una encuesta online autoaplicada.
Los resultados fueron presentados el viernes 5 de diciembre en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.
La idea de la herramienta fue recabar información de primera mano sobre las preferencias, ideologías, esperanzas y preocupaciones de las juventudes en América Latina, al considerarlo un sector poblacional prioritario y, sin embargo, muchas veces subestimado en los indicadores.

“Cerca del 25.5 % menciona en específico no estar feliz con el estatus actual de la democracia. Entonces, por un lado está bien valorada la democracia, pero su estatus actual en el país está un poco en el entredicho para las juventudes”, explica en entrevista Luis Sosa, uno de los autores del reporte.
El especialista especifica que se trata de un desencanto con la representatividad que perciben de las instituciones públicas del país, lo que se liga con un desencanto general en torno del estatus actual de la democracia.
Esto, al mismo tiempo se relaciona con la desconfianza que manifiestan las juventudes hacia ciertas instituciones de representación, en específico hacia los partidos, así como algunas de las principales instituciones públicas entre las que se encuentran los poderes Legislativo y Judicial.

“El desencanto viene un poco de esta falta de confianza y de la identificación de problemas nacionales no resueltos, en específico la inseguridad y temas económicos, como desempleo o pobreza”, explica Sosa. Esto pese a que hoy en día, el promedio de edad en los congresos locales y federales ha disminuido significativamente.
Lo anterior puede implicar cualquiera de dos cosas: que los jóvenes no están enterados necesariamente de las agendas de sus pares que ocupan puestos de representación, o que a pesar de estarlo, piensan que hay deficiencias en dicha representación.
“Entre las principales demandas en política pública que tienen las juventudes mexicanas, en primer lugar están las de empleo, de producción y de economía. En segundo, políticas sociales y de bienestar social, y en tercero, políticas para la seguridad ciudadana… Son demandas bastante generalizadas al resto de la población, pero hay un par bastante particulares: las políticas para el medio ambiente, que reporta el 15 %; las políticas en ciencia, tecnología, sociedad y deporte, y aquellas para la vivienda digna, que reporta el 22 %”, comenta Sosa.

Otro de los hallazgos relevantes del estudio es que un 62 % de las juventudes usa como única fuente de información las redes sociales, mientras que los medios tradicionales, sobre todo televisivos, solo alcanzan al 43 %.
En tanto, para la radio y el periódico el porcentaje desciende a 10 y 4 %, respectivamente. “Las redes sociales son este foro en el cual las juventudes se informan y expresan también. Es una hipótesis comprobada, que creo muchos ya intuíamos, pero al mismo tiempo quisiera matizarlo porque dentro de la información que manejan en redes sociales, las juventudes sí tienen el criterio de identificar fuentes confiables y no tan confiables”, aclara el investigador.
Esto se traduce en el hecho de que cerca del 55 % tiende a desconfiar de los influencers, por ejemplo. Sosa remarca que, a la luz de esos datos, un hallazgo importante que contrasta con ciertos prejuicios y paradigmas es que las juventudes no son apáticas en ningún sentido, sino que, por el contrario, tienen demandas y preocupaciones propias.
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El especialista explica que, además, la metodología utilizada permitió que el estudio fuera semiprobabilístico y, por lo tanto, que diferentes perfiles sociodemográficos quedaran bien representados. Las 2 mil encuestas que se aplicaron a las juventudes partieron de una selección estratificada, para después abundar en detalles más técnicos y ponderadores, que ayudan a compensar las posibles deficiencias que pudieran también estar presentes en la metodología.
Esto significa que incluso si en el estudio estuvieran sobrerrepresentadas las juventudes más urbanas, con cierto grado de estudios o de ingresos, las técnicas de ponderación contribuyen a equilibrar y llegar a una muestra más representativa de la conformación real de la población mexicana y sus juventudes.
Además, el documento describe que las preguntas se formularon a partir de cinco bloques: condiciones de vida de las y los jóvenes en la región, como empleo, salud y educación; visión sobre la política y los principales problemas en cada país; posicionamiento sobre principales causas políticas y sobre la democracia; formas y motivaciones para participación en partidos, sindicatos y organizaciones sociales, así como uso de tecnologías y acceso a la información.

Por otro lado, de acuerdo con la encuesta, seis de cada 10 jóvenes en México tienen altos niveles de satisfacción con la vida, particularmente aquellos de nivel socioeconómico más alto, quienes cuentan con empleo estable y los que han alcanzado la educación superior. Sin embargo, las diferentes dimensiones del estudio evidencian tensiones importantes entre la satisfacción que sienten por su vida privada y su vida pública.
“Se observa que las y los jóvenes mexicanos reportan sentir gran satisfacción en aspectos fundamentales para su bienestar y desarrollo, como sus relaciones familiares y personales, su experiencia educativa y su salud. Sin embargo, también reconocen niveles significativos de insatisfacción en otras áreas, como su situación económica y la situación de su país”, apunta el documento.
Entre las recomendaciones finales del reporte se menciona hacer un mayor esfuerzo en pedagogía de la salud —la derechohabiencia y cómo interactúa con los derechos laborales—, responder a la creciente demanda de educación superior, tomar medidas contra la precarización laboral y de vivienda, motivar a la integración y participación colectiva de las juventudes, fomentar la participación activa, promover la alfabetización mediática, incentivar el conocimiento y el diálogo social, así como celebrar la diversidad y la inclusión.

Sosa destaca que los resultados demuestran que las juventudes tienen demandas y preocupaciones propias que en mayor o menor medida sí han logrado poner sobre la mesa, utilizando en los últimos tiempos medios más tradicionales, como la protesta, pero también otros alternativos que deben ponerse a discusión, como el activismo online, que caracteriza bastante a ese conjunto poblacional.
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El investigador hace énfasis en superar el estigma de las juventudes apáticas, desinformadas o desinteresadas, y cambiarlo por el concepto de juventudes con formas de participación propias, así como también deseos y esperanzas. Uno de los hechos destacables, agrega, es que las juventudes reportan altísima esperanza respecto al futuro del país, de su propio hogar y de su persona, y existen varios elementos de los cuales se sienten satisfechos.
“En términos de la familia, las amistades, la educación y la salud, hay muchos factores que las juventudes reportan como un buen indicador. Por el otro lado, las preocupaciones más importantes que sostienen son, por supuesto, el estatus de la seguridad en el país, que eso no es particular sino compartido en realidad por toda la población, y el tema de la economía; cerca de un tercio solamente cuenta con un empleo formal o reporta tener un empleo formal de tiempo completo con prestaciones de ley”, detalla.