Verónica Santamaría · 23 de agosto de 2025
Los ajolotes de Xochimilco (Ambystoma mexicanum) que aún habitan en vida silvestre por los canales del humedal, resisten a la crítica extinción que enfrentan en su hábitat. Los resultados preliminares del primer censo de axolotes muestran que esta especie sobrevive en su hábitat pese a la contaminación.
Han pasado 10 años desde el último conteo de ajolotes en vida silvestre. Los resultados dan esperanza a los especialistas que mantienen esfuerzos, alianzas y el proyecto chinampa-refugio para revertir la curva que indica el descenso de estos ejemplares.
Para este censo implementaron una nueva tecnología: el ADN ambiental, con el que confirman que los axolotes todavía habitan los canales de Xochimilco.
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Entre las herramientas que las y los investigadores del Laboratorio de Restauración Ecológica de la UNAM usaron para este muestreo está, por primera vez, la toma de muestras de ADN ambiental que combinaron con lances de redes tradicionales a lo largo de los 115 puntos dentro del Área Natural Protegida de Xochimilco para rastrear la presencia de esta especie.
De acuerdo con los resultados del censo, el análisis de ADN evidenció que la especie sobrevive en canales alejados de las zonas urbanas donde el agua es de buena calidad y en la que aún habitan peces nativos y acociles.
La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés) explica que el ADN Ambiental es el material genético que los organismos liberan en su entorno.
En las muestras que recolectan se puede encontrar en el ambiente moco, heces o partículas de tejido que los científicos pueden procesar para realizar nuevos descubrimientos sobre los ejemplares que estén estudiando.
Vania Mendoza, biología y una de las científicas líder del proyecto de este censo de ajolotes, señaló que el ADN Ambiental para esta especie se basó en buscar rastros que les indicaran que la especie estuvo por ahí.
“Esto puede ser saliva, escama, piel, sangre o excremento. Si el animal pasó por ahí y dejó un rastro, el ADN Ambiental nos va a permitir identificarlo. El punto ‘negativo’ que nosotras podemos identificar es que, no es tan claro, en el sentido de que no sabemos cuántos animales hay ahí”, señaló la bióloga Vania Mendoza, en entrevista para Animal Político.
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La investigadora señaló que esta metodología solo les permite expresar si en el humedal hay ausencia o presencia de axolotes. También aclaró que esta tecnología no se usa, solamente, para especies en peligro de extinción sino que, es una herramienta que se implementa para todas las especies de las que ya se tenga mapeado su ADN.
“Algo interesante del ADN Ambiental, dentro de los experimentos que estamos haciendo, es identificar cuál es su distancia de cobertura, saber entre cuántos metros podemos identificar que pasó el ajolote porque (…) en el caso del ajolote, si nada a lo largo de un canal [queremos saber] hasta cuántos metros se va a perder su rastro”, explicó la bióloga.
Mendoza señala que estos cuestionamientos surgieron durante la primera etapa del censo de ajolotes, mismas que se han ido resolviendo poco a poco con la realización de diferentes experimentos que les permitan tener un resultado mucho más claro y sólido para evitar dudas.

Durante la primera fase del censo de ajolotes, las investigadoras tomaron 53 muestras de ADN ambiental, de las cuales, 10 fueron dentro de áreas refugio y 43 fuera de ellas, en intervalos de 400 metros.
Una vez que fueron recolectadas las muestras, estas fueron analizadas en el Laboratorio de ADN ambiental del Instituto de Biología de la UNAM.
Cabe resaltar que el análisis de ADN se basó en trabajos previos realizados por la University College London en colaboración con la UNAM, los cuales encontraron trazas de axolotes dentro de los refugios, demostrando que sí pueden sobrevivir en estos sitios.
Vania Mendoza explicó a este medio cómo fue la recolección de muestras que tomaron en los canales de Xochimilco.
“En el ADN Ambiental hay dos prácticas. De manera muy general, tenemos dos llaves, una que es la que busca el ADN del ajolote (…) y la segunda que abría todos los ADNs que se encontraban dentro de esa muestra de agua. Eso quiere decir que se pudo identificar qué especies había, como especies de animales, flora y fauna”, detalló la bióloga.
Entre los descubrimientos, la experta destacó que lograron identificar qué especies había. Les resultó interesante detectar que dentro de los resultados salía ADN Ambiental de perro, de humano, por ejemplo.

El haber usado estas dos “llaves” de ADN les permitió identificar y asegurar que los puntos donde encontraron ADN de ajolote, realmente fuera de esta especie y así, evitar falsos positivos.
“Esa fue una estrategia para nosotros, el tratar de evitar cualquier rango de error que pudiera haber. Esto fue de manera general”, añadió.
Pese a que científicos del Laboratorio de Restauración Ecológica de la UNAM no detectaron individuos a través de pesca tradicional, los datos preliminares del primer censo de ajolotes en vida silvestre de Xochimilco, no pueden señalar aún qué tan crítica es la situación de esta especie.
Esto se debe a que, aún falta mucho más esfuerzo de muestreo que se tiene planeado hacer en este semestre.
“Sabemos que se redujo la población, esa es nuestra hipótesis. Creo que, el hecho de dónde encontramos ese rastro de ajolote y que sea cerca de sitios que están preservados, ese es el signo de esperanza”, enfatizó Vania Mendoza.
La bióloga también destacó que, pese a los resultados, el hecho de saber que hay forma de poder preservar al Ambystoma mexicanum en su hábitat natural y que las estrategias que se están implementando como chinampa-refugio, están funcionando es lo que se tiene que tomar como “una alerta de esperanza y que hay solución”, dijo.
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Por ello, recordó la importancia de continuar sumando más esfuerzos en Xochimilco, como ocurre con el proyecto chinampa-refugio, el cual actúa como sitio seguro para los axolotes.
Actualmente, hay 21 chinampas-refugio activas, con dos más planeadas para este 2025.
En cambio, de realizarse a gran escala, el sistema podría producir hasta una cuarta parte de las flores y hortalizas que se consumen en la Ciudad de México.