Dulce Ramos · 22 de agosto de 2011

La Jornada publica hoy que con el regreso a clases de casi 26 millones de alumnos de educación básica comienzan la reforma al principal programa de estímulos del magisterio y la evaluación universal a los profesores de escuelas públicas y privadas, proyectos que, en opinión de expertos, significan la última venta de gran calado que realizó Elba Esther Gordillo al presidente Felipe Calderón. La idea es permitir el despido de los mentores a cambio de incluir en los nuevos esquemas actividades políticas que terminarán en trabajo de promoción electoral, conveniente a los intereses de Gordillo.
Así, advierten especialistas, los acuerdos signados entre la presidenta del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE) y el jefe del Ejecutivo no mejorarán el sistema de enseñanza nacional ni la educación de los niños, y tampoco la formación de los más de un millón 200 mil docentes mexicanos. El sistema educativo está a la deriva, afirma Ángel Díaz Barriga, investigador emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México y experto en evaluación, currículum y didáctica.
Las anteriores únicamente son medidas para perder el tiempo y decir que se hacen grandes reformas en este sexenio. En realidad, apunta, la mal llamada evaluación universal es una violencia hacia la escuela y los maestros, porque se pone en entredicho lo que se hace en los centros educativos y contribuye al desprestigio del trabajo docente. Lo mejor, considera, sería que la Secretaría de Educación Pública (SEP)suspendiera esa prueba.
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