Redacción Animal Político · 28 de abril de 2026
El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) informó que se encuentra en el proceso de registro de un sitio arqueológico monumental Maya en el municipio Othón P. Blanco, en Quintana Roo, luego de que los pobladores reportaran el sitio.
El asentamiento prehispánico fue denominado “El Jefeciño” y, de acuerdo con las primeras investigaciones, cuenta con 80 edificios y una superficie de 100 hectáreas, aunque podría abarcar más.

El sitio fue dado a conocer por habitantes de la región durante las labores del Proyecto de Salvamento Arqueológico Tren Maya, coordinado por el arqueólogo Manuel Pérez Rivas, en el frente 1 del Tramo 7.
Sonny Moisés Ojeda González, responsable de la Zona Arqueológica de Dzibanché Kinichná, señaló que la evidencia arquitectónica permite teorizar que el yacimiento corresponde al periodo Clásico Temprano/Tardío (250-900 d.C.), en el que se desarrolló el estilo Petén.
Dicha arquitectura está caracterizada por edificaciones abovedadas de gran envergadura, esquinas redondeadas y remetidas, con molduras en delantal.

“Se pudo observar lo que correspondería al área nuclear, compuesta por cinco edificios, de entre 14 y 11 metros de alto, por 16 y hasta 40 de largo. Dichos monumentos están distribuidos a manera de plaza en forma de ‘C’”, agregó la arqueóloga Blancas Olvera.
En el edificio identificado con el número 53035, en el noreste del predio, se observaron restos de estuco con pintura mural decorativa y fragmentos de una osamenta humana que, es posible, forme parte de un contexto de enterramiento.

Sobre la pintura mural, Ojeda González detalló que es de estilo decorativo y no narrativo, con pigmentos en colores blanco y naranja, así como franjas rojas; no obstante, se requiere una exploración intensiva para verificarlo.

Además, en el monumento identificado con el número 53037 se alcanza a ver una subestructura con moldura de delantal.
De manera superficial, se identificaron tres etapas constructivas: en la primera y más profunda (aproximadamente 8 metros), está la moldura de delantal; la segunda, corresponde a los restos de pintura mural, y la tercera presenta derrumbes en los que aparecen desplantes de escalinatas.

“Por el tamaño de los edificios inferimos que, al menos, deben tener entre cuatro y cinco etapas constructivas”, añadió el arqueólogo.
En otro hallazgo se encontraron tres bóvedas Mayas al interior de algunos edificios, colocadas en saledizo, las cuales tienen buen estado de conservación.
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El INAH indicó que es necesario realizar una exploración minuciosa para determinar con exactitud la superficie del lugar, así como las dimensiones de los edificios y el patrón de asentamiento, entre otros atributos.
Hasta el momento, no se ha realizado un salvamento arqueológico, por lo que no es posible realizar un análisis profundo de los materiales encontrados ni tampoco su recuperación, ya que las evidencias deben permanecer en el lugar.
Se espera que en el futuro se pueda realizar un proyecto de mapeo con tecnología LiDAR, para definir y estudiar el patrón de asentamiento. Posteriormente, se recomendarán acciones de conservación, consolidación y exploración del recinto.
Los investigadores coincidieron en que el estudio de dicha urbe prehispánica contribuirá a comprender la red de sitios arqueológicos de la región, así como a ampliar lo que se sabe de los antiguos Mayas del sur de la entidad y las relaciones sociales que existieron entre ellos.