Mayra Zepeda (@Mayra_Zepeda) · 26 de febrero de 2012
Para llegar a San Isidro de El General hay que tomar un vuelo a San José, Costa Rica; después un autobús rumbo al pueblo y pasar por el Cerro de la Muerte, ese que, cuenta la leyenda, ha matado a cientos de campesinos de frío.
Habrás encontrado San Isidro de El General cuando veas un pueblo lleno de ríos, maleza exuberante, habitado por judíos, mediorientales, mujeres hermosísimas, prostitutas, beatas, sacerdotes extravagantes…
Habrás llegado al pueblo donde se desarrolla la Historia de todas las cosas del escritor colombiano Marco Tulio Aguilera, quien reconoce que a San Isidro de El General sólo le han sucedido dos cosas: su fundación, en 1910, y su novela.
Este libro “es el mundo de un pueblo extraordinariamente imaginativo, loco, con personajes muy lindos (…), un pueblo muy particular que alguien comparó con Macondo, pero es muy diferente”, cuenta Marco Tulio.
San Isidro de El General es el pueblo de los extremos, donde hay una Iglesia principal a la que todos acuden, pero que a una cuadra hay una cortina con una chica de 17 años sentada y una fila de ancianos esperando. “Los viejitos bajan de la montaña al pueblo a que la niña les dé su mamadita y se van contentos. Ese es el prostíbulo de los viejitos”, cuenta el escritor colombiano que ha vivido más de 20 años en México y que hoy reside en Xalapa, Veracruz.
La Historia de todas las cosas de Marco Tulio Aguilera no es una novela nueva. Este hombre de 1.97 metros de estatura y poco más de cien kilos (según sus propias palabras) la rescató del baúl en que la enterró desde 1975, año de su primera publicación.
“Ese libro yo lo detesté después de que lo publiqué porque comenzaron a molestar con el cuento de que era plagio, de que yo no era original”, explica Marco Tulio. Aguilera lanzó su Historia de todas las cosas (1975) ocho años después de la publicación de Cien años de soledad (1967), de Gabriel García Márquez, por lo que las comparaciones resultaron inevitables.
Pero un día, muchos años después, mientras los dos colombianos estaban reunidos (Marco Tulio y “El Gabo”), García Márquez le expresó a Aguilera cuánto le había gustado la Breve historia de todas las cosas (el adjetivo breve pertenecía al título del libro).
Fue entonces cuando Marco Tulio releyó la obra a la que había mantenido en el exilio por más de 25 años, y descubrió que le gustaba, aunque podía hacerle algunos arreglitos. “Pensé que lo podía reescribir porque había muchas cosas que me faltaba contar y porque se podía mejorar en estilo”, dice Marco Tulio.
La Historia de todas las cosas es una novela “loca, entretenida, caprichosa, laberíntica, pero que tiene un interés en cada uno de sus capítulos. Aquí sucede una cosa tras otra”, dice Marco Tulio, un escritor que está convencido de que un libro es bueno cuando lo abres en cualquier página y descubres que la historia te interesa.
Y, claro, ¿para qué negarlo? También es una suerte de necesidad de reivindicarse ante los lectores y críticos que alguna vez lo acusaron de plagiar el mundo de García Márquez.
“La novela también es una parodia de Cien años de soledad. Vas a encontrar por lo menos tres o cuatro escenas que son de este libro, modificadas, convertidas en parodia, en algunos casos intentando rebasar el mundo de García Márquez en términos imaginativos, convirtiéndolo en exageración burlesca del realismo mágico”, explica Marco Tulio.
Este colombiano defiende el derecho a la invención, por ello se atrevió a crear un latín falso, neologismos en alemán, a profanar citas célebres al propósito, en fin, a buscar una explicación del mundo, crearlo y destruirlo, muy a su manera.
“Todo lo que tú puedas imaginar del mundo está ahí (…) El título de la novela, Historia de todas las cosas, es absolutamente ambicioso y sería pretencioso si no fuera irónico”, dice Marco Tulio, quien me reta a pensar en alguna persona, animal o cosa para ver si aparece en esta historia.
Digo caballos y sí, los hay en esta historia: “Un hermoso caballo con que un macho machista rapta a una chica. Una niña de las monjas se escapa del colegio, se va con el macho machista y hace desperfectos, se exhibe en el pueblo, se pone de vulgar y después de una semana…regresa al colegio de monjas”. Bueno, en la Historia de todas las cosas hasta hay un prostíbulo de burros. Sí, existen en la costa colombiana, según Marco Tulio.
Haciendo gala de su característica egolatría, el escritor colombiano asegura que este libro “ya está en la historia de la literatura latinoamericana”.
Un escritor amante de la web
A Marco Tulio Aguilera no sólo le gusta el papel. Así lo demuestra su entusiasta participación en Twitter, Facebook y en su blog Ácrata Frenáptero, en el cual está publicando por entregas una nueva novela: Sin máscara frente al espejo.
“De ese libro sólo voy a publicar lo publicable hoy. Todo lo que es demasiado delicado me lo voy a guardar para el impreso”, dice Marco Tulio, que explica los temas que abordará en esta autobiografía: las verdades del mundo de la literatura, de los machos y de la situación actual en Veracruz, su estado querido.
Aquí, una probadita:
“Vivo en una ciudad azotada por la violencia, en un estado en que aparecen apilados 35 cadáveres al frente del World Trade Center, en un país en el que no es extraño ver una mano aflorando de la tierra y al tirar de ella se descubrirán diez, 20, 30, 50 cuerpos mutilados; un estado en que la ley es más peligrosa y corrupta que los criminales más recalcitrantes.
No es infrecuente que los turistas abran las puertas corredizas de sus hoteles de cinco estrellas en el puerto de Veracruz, extiendan los brazos, cierren los ojos dejándose tomar por la brisa, y al abrirlos vean una cabeza cercenada de su tronco, con los ojos registrando el flashazo de una muerte atroz, inútil, sin gloria, sin sentido alguno.”
Ya lo dijo, se reservará todo lo delicado para después. “Ahora no puedo decir nada. Será el momento cuando se vayan algunas personas”, asegura. ¿Quiénes? Quizá lo sabremos en unos años.