Rosario Carmona y Ricardo Uriel Hernández · 25 de abril de 2012

Llegó a prisión siendo un adolescente. Mientras su padre moría de diabetes, su hermano cumplía su propia condena y su madre, su madre se sobreponía a la adversidad.
Después de 3 años de encierro y a un año y 6 meses de salir, él recorre esa parte que más le duele, su familia.
“Mi hermano está en el reclusorio, mi papá acaba de fallecer, hace un año, de diabetes. Eso fue fuerte porque estás solo aquí y no tienes ningún apoyo y además no me pude despedir de él”.
¿Por qué delito estás?
“Homicidio calificado y tentativa de homicidio”, responde.
Y así, con esa voz que aún resulta incluso un poco infantil y la mirada extraviada, decide que es momento de descubrir sus razones.
“Fue una riña, yo estaba en un salón y uno fue lesionado por, como 20 puñaladas y otro por seis, y ya, me detuvieron después”.
Admite, a la distancia, que todo fue resultado de su carácter.
Uno hace cosas sin pensar, dice, aunque “aquí adentro (en la prisión) me he dado cuenta que soy muy impulsivo, la verdad, yo no tengo como control a veces, de mis cosas, no las pienso sino las hago primero, pero aquí he podido controlar un poco más mis impulsos, por lo mismo que aquí o te controlas o no sabes qué pasa, no es como afuera aquí hay mucha población”.
Y es que dentro, reconoce, más vale pensar antes de actuar, de lo contrario nadie sabe lo que puede ocurrir.
La vida va de por medio, como lo ha sido tantas veces. Aunque ahora el tiempo parece detenerse para que revise sus motivos y sus sinrazones, esas que lo llevaron a crecer siendo pandillero.
No conoce el mar, algún día espera ir.
Por lo pronto, se conforma con escapar de su realidad imaginando.
Y en esa vuelta al pasado, recuerda cuando empezó a trabajar a los 12 años, cuando su papá se enfermó, se quedó sin trabajo y entonces les tocó a él y su hermano ver por la familia.
“Es complicado porque tenía que estar con mi papá, tuve que dejar la escuela y entonces terminé de cabeza rapada”.
Un buen tiempo estuve con ellos, cuenta.
“Era un juego pendejo ¿no? de amistades, de que tú me tiras un paro y yo te tiro un paro, como un tipo de hermandad, que nunca existió. Todo el tiempo estás echando carrera, por eso nos gasearon y me detuvieron. La riña fue por eso, entre pandillas. Ese güey fue pagador, ni modo, a lo mejor pude haber sido yo, porque estuvo muy fuerte, la vi muy cerca, muchas veces la he visto muy cerca”, dice.
De hecho, antes de los 15 años ya había visto a la muerte de cerca.
“Una vez me dispararon a matar. Me tiraron así, a 5 metros, no sé cómo la chispé, corrí y estaba un coche y me escondí ahí. No me dieron. No sé cómo la chispé”.
Esa ocasión, narra, necesitaba dinero. “Por mamadas de drogas y necesitábamos dinero y cuando necesitas dinero tienes que hacer cosas, quería trabajar, pero como estás chico no te aceptan en ningún lado y no te queda de otra”.
Dice que no robaba personas, que se metió a robar motos, a vender droga y entre eso y los gastos para llevar a su papá al médico y la comida para su familia, se le pasaban los días.
Ahora, a la distancia, en el encierro, piensa en su mamá.
“No tengo nada qué pedirle, no puedo exigirle ni reclamarle nada. No tengo cara para decirle nada. Me conformo con que me venga a ver y ahora sé que lo único que puedo hacer es portarme bien y no darle más problemas”.
Aunque no vio a su papá en sus últimos momentos, alcanzó a despedirse y le prometió que iba a estar orgulloso de él.
“Una semana antes de que se muriera. Vino el jueves y me dijo: cuidas a tu mamá y a tu hermano. Yo lo vi raro, pero nomás me dijo que le echara ganas que no importaban los comentarios de los demás, yo creo que ahora mi papá está orgulloso de mí”.
Su hermano está en el reclusorio para adultos por vender drogas, su sentencia es de 7 años.
Yo me sentí totalmente solo cuando mi papá se murió.
Eso, sin embargo, fue lo que contribuyó a cambiar su vida. “Yo era un desmadre, incluso aquí adentro. Me peleaba y me amarraban, me castigaban, pero ahora, es diferente, ya me alejé de muchos problemas”.
Pensar en salir le da miedo.
“Yo creo que cuando salga, me voy a llevar a mi mamá y nos vamos a ir de aquí”.