<i>¿Hay vida en la tierra?</i><br> Entrevista con Juan Villoro

Dulce Ramos · 27 de febrero de 2012

<i>¿Hay vida en la tierra?</i><br> Entrevista con Juan Villoro
Juan Villoro, escritor.//FOTO: Cuartoscuro

Para entender una época, hay que comprender cómo se relaciona la gente en su vida cotidiana, dice el escritor Juan Villoro. En su último libro ¿Hay vida en la tierra?, publicado por la editorial Almadía donde reúne un centenar de sus columnas periodísticas aparecidas en diferentes medios en los últimos 17 años, el cronista dice que trata de mostrar un retablo de costumbres donde la vida en realidad  es lo que sucede mientras hacemos otras cosas.

Por Juan Veledíaz   @velediaz424

 

Era un vuelo que venía de un estado del norte de la República a la Ciudad de México. Por la vestimenta de uno de los pasajeros, cualquiera podría especular que se dedicaba al narco. Aunque quien lo observaba, no reparó en que él también podría ser parte de un malentendido. La mujer del supuesto narco pensó que por la vestimenta color negro de aquel pasajero, quien traía un libro bajo el brazo y se persignó al momento en que despegó el avión, quizá podría ser un sacerdote. Hubo un momento durante el vuelo que la mujer se animó a hacerle la plática, hizo una serie de preguntas y, por el tono, estaba claro que lo consideraba un párroco.

“Creo que toda reputación está hecha de malentendidos, y muchas veces las relaciones que tenemos con los demás también tiene que ver con acuerdos que no hemos pactado pero que se basan en lo que nosotros le atribuimos  y lo que los demás nos atribuyen a nosotros, esto puede dar lugar a confusiones muy curiosas”, dice el escritor Juan Villoro al rememorar aquella anécdota.

“Yo iba vestido de negro, me había persignado antes de que despegara el avión, estaba leyendo un libro de un escritor holandés Cees Nooteboom, que se llama El día de todas las almas, de modo que yo para ella era un sacerdote. Se dio un malentendido que nos permitió hablar y que ella se confesara conmigo. Pienso que muchas veces nos ocurre lo mismo, no de forma tan contrastada, con las personas que queremos, les atribuimos ciertas cosas y ellos nos atribuyen otras”.

Juan Villoro durante un homenaje a Carlos Monsiváis.//FOTO: Cuartoscuro

Villoro incluyó esta historia junto a otras 99 en su último libro ¿Hay vida en la tierra?, publicado por editorial Almadía, donde reúne parte de sus  columnas periodísticas publicadas en los últimos 17 años en diarios y revistas. El volumen plantea un registro de momentos íntimos, un tanto secretos, de esa parte de la vida cotidiana a la que la mayoría de las personas no le da demasiada importancia dado que su atención está centrada en acontecimientos como terremotos, la salud del Papa, las guerras, que parecen definir nuestra época.

En todos los momentos históricos, las personas se enamoran, se ilusionan, tienen supersticiones, adoptan mascotas, compran juguetes, tienen antojos. A partir de historias de lo real, trató de ver cómo las circunstancias mínimas en apariencia fugaces, nos determinan.

En la tradición del finado escritor Jorge Ibargüengoitia, Villoro buscó dar sustento a lo que llama “periodismo de tentación”.

“Hay noticias de necesidad, que tenemos que conocer todos los días, la agenda del Presidente, la salud del Papa, si hay un armisticio en una guerra, los resultados de los deportes cada lunes, en fin, son noticias que queremos saber. En cambio hay otro tipo de periodismo que llamo periodismo de tentación que sólo leemos por la forma en que está escrito. (…) Recuerdo mucho las crónicas de Jorge Ibargüengoitia en donde él hablaba por ejemplo del impacto del claxon en la cultura, cuando se empezaron a personalizar los cláxones, y cada quien podía tener su propia melodía, de la relación que él había tenido con el pulque, de sus días de Guanajuato, del cambio de comportamiento de la Ciudad de México cuando una calle cambiaba de sentido, estas noticias mínimas, crearon un microcosmos, un cuadro de costumbres, que nos permite hoy en día entender cómo era la vida a medianos de los años sesenta y durante los años setenta. Ibargüengoitia fue el gran maestro de esto, y me gustaría que mi libro Hay vida en la tierra de alguna manera fuera un retablo de comportamiento de los últimos 20 años”.

Villoro, premio Herralde de novela 2004 con su obra El testigo, registra varias historias donde no sólo los misterios de la vida cotidiana son dignos de ser contados, como los secretos familiares revelados en situaciones que podrían considerarse ridículas, sino los cambios en la convivencia entre las personas con la llegada de las nuevas tecnologías.

Comenta que hoy en día, la sociedad está rodeada de simulacros. Uno se conecta a YouTube y puede aparecer un video del día en que alguna persona se emborrachó en una fiesta. Hay suplantaciones de identidad en Facebook, o se puede actuar con cierta irresponsabilidad, como si se fuera otro, en un blog o en Twitter. “La experiencia que tenemos de las cosas también nos llega filtrada, por las redes, por los celulares, a veces pensamos que sólo existen las cosas que filmamos, que grabamos, que atesoramos en nuestro celular. Entonces en esta vida de simulacros y espectros, donde queda la realidad, de ahí la pregunta ¿hay vida en la tierra? Cuando era joven la pregunta siempre la asociábamos con Marte, con otros planeta, pero en nuestro propio planeta ocurren muchas cosas en las que no reparamos. La vida en realidad es lo que sucede mientras hacemos otras cosas, éste es un gran misterio, estamos ocupados en llegar a un sitio, estamos pensando en una noticia o en algo que vamos a hacer, mientras tanto la vida transcurre, esa cotidianidad que aparentemente desapareció sin dejar rastro, nos define”.

Villoro recuerda a Carlos Monsiváis cuando una ocasión lo reconvino –con esa manera tan admonitoria que tenía para mostrar su afecto– porque en sus columnas no podía escribir temas demasiado cotidianos pues consideraba que no iba a poder estar en las planas editoriales sosteniendo un ritmo así. El comentario era por una columna donde hablaba sobre la importancia cultural de las narices en nuestro tiempo. Como editorialista, pensó, uno se debe de ocupar de sucesos importantes pero también de pequeños relatos de lo cotidiano porque no siempre, cada semana, la realidad te propone una historia. Y el resultado fueron estas 100 historias donde la literatura se fusiona con el periodismo y donde, como en sus libros de crónicas, Villoro demuestra por qué es considerado nuestro Pelé o Beckenbauer de este género. El libro se presentará este lunes en la feria del Palacio de Minería.