Genialidad, asombro y risa… la vida en Madero

Liliana Álvarez · 7 de abril de 2012

Genialidad, asombro y risa… la vida en Madero
La calle peatonal de Madero en el Centro Histórico de la ciudad de México. Foto: Cuartoscuro.

Millares de capitalinos y extranjeros que vistan la Ciudad de México caminan por el Corredor Peatonal Madero; todos lo viven de manera diferente.

La vida en esta emblemática calle es un abanico de historias interminable. Es un corredor comercial por excelencia, una opción para caminar en el Primer Cuadro sin esquivar autos, el rato de convivencia para familias, el paseo para novios o amigos, la vía directa del Zócalo a Bellas Artes y es sitio de trabajo para muchos otros.

Se trata de los artistas urbanos que desde hace más de un año, a partir de que se convirtió en corredor peatonal, le dan un toque de genialidad, asombro y risa a Madero.

Lo mismo se atraviesa al inicio de la calle frente al Zócalo, una Tortuga Ninja, Spider-man, el Capitán América, Iron man,  Flash y Bob Esponja, que por 10 pesos, posan al lente de cámaras y celulares a lado de quien lo desee.

Foto: Cuartoscuro.

Al cruce con Motolinia, el Gato con Botas, Linterna Verde, la Máscara, el capitán Davy Jones de Piratas del Caribe y el Sombrerero Loco, esperan el paso de los transeúntes. Minnie y Mickey Mouse, los personajes de Monsters, Inc; Buzz Lightyear y Gudi, aguardan también para las fotos en otros puntos de esta famosa calle.

Y no solo hay superhéroes, sino gitanas, magos y malabaristas, además de las estatuas vivientes como el fotógrafo de aluminio o el soldado de cobre, que gran atracción causa en el cruce con Isabel La Católica, entre otros. En el cruce de Madero y Gante, se ubican criaturas monstruosas de todo tipo, pero también la Bella Durmiente, la Princesa Bella y Avatar.

A lo largo de Madero, quienes transitan sobre ella, se topan con más de una treintena de personajes de todo tipo. Las fotos desde los 5 y 10 pesos. Para los magos, payasos y malabaristas, la cooperación es voluntaria.

Engelbert, es uno de estos artistas urbanos. Da vida a “El Gato”, personaje de la película del mismo nombre y que es adaptación del libro Dr. Seuss” The Cat in the Hat. Para él, ser un personaje de los que imprime color a la peatonal Madero es un hobbie que le hace feliz y que además le permite ganar dinero y completar su economía.

Lleva 19 años siendo artista urbano. Quien ha caminado por la calle Madero, incluso, antes de que se convirtiera en peatonal, lo ha visto caracterizado y disfrazado de un vampiro que se llama “Pesadilla”, el Grinch, Spider-man, Wolverine y un payaso que bautizó como “Elvis..cochito”.

Foto: Cuartoscuro.

Antes de ser parte de la pasarela de personajes en Madero, entre botargas, estatuas vivientes, magos, gitanas que leen las cartas, músicos y expertos en el manejo de pelotas, Engelbert lo hacía sobre la Plancha de Zócalo. Su oficio es terapeuta físico, ofrece citas de lunes a viernes por las mañanas; por cada sesión cobra 300 pesos. Pero, dice “El Gato”, un buen día gana hasta 2 mil 500 pesos y en días que llama “flojos”, 400 ó 500 pesos.

Con una risa muy contagiosa y unos ojos que provocan carcajadas por el movimiento que hace a la par de sus pobladas cejas, “El Gato” tiene gran aceptación entre los peatones que transitan por esta calle, que es la entrada a la Plaza de la Constitución.

Engelbert tiene 40 años. Eligió esta forma de ganar dinero porque desde pequeño deseó una fiesta con payasos, nunca la tuvo. A los 14 años comenzó a estudiar actuación, edad en la que deseaba ser algún día modelo. Razón por la que a los 17 años, incursionó en el fisicoconstructivismo; en esta faceta permaneció hasta los 22 años y logró ganar el tercer lugar de Mr. México en 1993.

Cuenta que en concursos de fisicoconstructivismo, varios participantes se caracterizaban de algún personaje para realizar un performance. Él lo hizo de Wolverine, lo que le hizo ganar el tercer lugar aquella vez.

“… las garras, la máscara, me las mandé a hacer y vi que latió. De ahí para acá yo empecé a crear mis personajes y me metí a estudiar moldeado, látex”, comenta mientras es interrumpido por una niña que se acerca a él con la intención de tomarse una fotografía; “El Gato” prepara una voz grave, al oído simpática –hola pequeña, ¿cómo estás?, seguido de una contagiosa carcajada—.

Calle de Madero.

La escena saca a flote su gusto por los niños –¿te gustan los niños?, sí, responde con una sonrisa de oreja a oreja—, siendo ésta una de las razones que lo llevó a integrase a una Asociación de Actores y Artistas Urbanos.

El fisicoconstructivismo, expresa, quedó atrás para él, porque es caro mantener el físico. Engelbert tiene 40 años, es casado y tiene dos hijos, uno de 2 y otro de 12 años, a los que debe proveer.

Recuerda que al principio a su esposa no le agradaba su “hobbie”, aunque dejara dinero. Hobbie, que por cierto implica también inconvenientes, por ejemplo, el esfuerzo físico de permanecer parado durante horas y aguantar el disfraz, “sobre todo esta temporada de calor, es agotador estar dentro del peluche –dice, refiriéndose a su traje de peluche negro con blanco– o soportar materiales en el rostro, en su caso, pasta que él mismo moldea para hacer la figura de la trompa del gato al que él da vida.

Sin embargo, dice, el sacrificio más fuerte es cuando se tienen problemas familiares o el ánimo decaído “y aún así hay que hacer reír a la gente”.

Sacando jugo a su físico, que ahora está bajo ese disfraz, de los 19 a los 21 años fue streeper y en el lado completamente opuesto, también trabajó como payaso dando shows para niños. Y para rematar, durante 14 años trabajó como policía preventivo en el Centro Histórico; perteneció al Sector ubicado en la Merced de 1996 a enero de 2010.

“Imagina –expresa—, después de un operativo o broncas, luego tener que venir a trabajar aquí a hacer reír, pues sí era pesado”.

“Cuando salía a las seis, siete de la noche, no era fácil venir. Allá recibía insultos y luego pásate de este lado a hacer esto con los chavitos, no es fácil. Entonces, imagina los contrastes y adentro los sentimientos se te remueven cañón”,  finaliza “El Gato” de la calle Madero.