Paris Martínez (@paris_martinez) · 14 de julio de 2014

[contextly_sidebar id=”r8xXc5xmQWTEkoAQLAS0WhOOy6aFszSW”]Un año y tres días fue el tiempo que debió transcurrir para que la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal gestionara –el pasado 29 de mayo– la asignación de apoyos económicos para la educación de tres de los niños que quedaron huérfanos, luego del asesinato de su madre, Jennifer Robles, quien se encontraba entre los 13 jóvenes que fueron raptados del bar Heaven, en la Ciudad de México, en mayo de 2013. Se trata de tres menores de 7, 9 y 10 años de edad, a quienes se incluyó en el Programa Educación Garantizada, con lo cual recibirán una beca mensual, hasta que cumplan la mayoría de edad, pero esta ayuda, aclaró la señora Julieta González, abuela de los niños, no les será otorgada sino hasta que ella, que es su actual tutora legal, fallezca.
“Las autoridades nos dijeron que nos iban a ayudar –narra, en entrevista, la señora González–. Me dijeron que me iban a ayudar porque estoy a cargo de mis nietos, porque se fue mi hija y yo ahora soy la responsable de ellos. Desde un principio, desde que se llevaron a los chicos (el 26 de mayo de 2013), las autoridades saben que yo estoy a cargo de mis nietos, y el pasado 29 de mayo de 2014 me dan un papel que dice que los van a inscribir en el Programa Educación Garantizada… pero ocho días después regreso al Centro de Apoyo a Víctimas del Delito Violento (de la PGJDF) y su director, Carlos Rodríguez, me dice que mis nietos sí tendrán ese apoyo, pero que no va a aplicar ahorita, sino hasta que muera el tutor, y como en este momento yo soy yo su tutora, me tengo que morir yo para que el beneficio entre en vigor, digamos que mis nietos van a comer hasta que yo me muera.”
Según el portal del programa Educación Garantizada, éste consiste en la entrega de 832 pesos mensuales a alumnos de primarias, secundarias y preparatorias públicas del DF cuyos tutores hayan perdido la vida, de tal forma que, afirma el gobierno capitalino, “daremos certidumbre a los padres de familia de que sus hijas e hijos contarán con Educación Garantizada aún a falta de ellos”.
–¿El caso de sus tres nietos es también el de los otros seis niños que quedaron huérfanos por el rapto y homicidio múltiple del 26 de mayo de 2013? –se pregunta a la señora Julieta.
– Sí… al principio a todas nos dijeron que nos darían apoyo para adquirir la despensa, que nos darían leche, pañales, becas para que los niños siguieran sus estudios, pero nada.
–¿Cuál es la situación económica que enfrenta usted, tras el asesinato de su hija? –se pregunta a la señora Julieta.
–Yo soy una mujer ya grande y no tengo trabajo, vivimos al día, rentamos un pequeño lugar en la colonia Moctezuma, pero ya debo tres meses de renta y la casera ya me advirtió que pague o mejor me voy yendo con mis nietos a otra parte…
–Además de las becas educativas que nunca les dieron, ¿existe alguna otra oferta de asistencia oficial para los huérfanos, que no haya sido cumplida hasta la fecha?
–La gente de Atención a Víctimas del Delito Violento, de la Procuraduría del DF, me dijo que les darían atención psicológica a los niños, porque ellos estaban muy apegados a Jenny, más la niña, que llora mucho –narra la abuela–. Yo les pedí que, por favor, fueran a hacer la terapia a mi casa, para no tener que estar trasladando a los niños, cada vez, de la colonia Moctezuma, donde vivimos, a las instalaciones de la Procuraduría, y me respondieron que sí, que irían el sábado… pero no me dijeron qué sábado, y no se han parado por ahí. Y aunque yo he hablado, para saber qué pasó, nada más me dicen que sí, que ya está programado, pero nada, el tiempo pasa y los niños siguen sin atención.
–¿Usted ha recibido asistencia médica o psicológica?
–Pues, me mandaron a Psiquiatría, porque ya no duermo, nomás dormito un rartito cada noche y luego me despierto, cualquier ruidito hace que me pare. Yo fumaba esporádicamente, y ahora me fumo una cajetilla diaria, y tomo 12 o 15 tazas de café al día… tomo medicamento, pero no me hace efecto…
En esta parte de la entrevista interviene la señora Eugenia Ponce, tía de otro de los jóvenes asesinados tras el secuestro en el bar Heaven, y quien acompaña a doña Julieta de forma solidaria. “No hay día –aclara– en que podamos dejar de pensar en esto, es algo que siempre está ahí, en nuestras mentes… yo también tomo ahora cualquier cantidad de café, 15 tazas quizá, y fumo todos los cigarros que puedo, vivimos permanentemente intranquilas, tratando de jalar la madeja para encontrar la punta y hallar alguna forma para obligar a las autoridades a voltear nuevamente hacia nosotras, porque ahorita ya todo mundo se lavó las manos, empezando por el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, para quien este asunto ya está concluido; para él, lo que le ocurrió a los muchachos es resultado de la delincuencia común, no quieren aceptar que esta fue una acción de la delincuencia organizada, no quieren aceptar que en el DF opera el crimen organizado, a pesar de que en este secuestro y asesinato ya van 24 detenidos, muchos de ellos policías… el procurador Rodolfo Ríos no ha vuelto a darnos la cara, nos negaron la atención victimológica a los familiares, sólo se la dan a los papás de los muchachos, ¿y el resto de la familia qué? Los abuelos de mi sobrino asesinado, por ejemplo, están destrozados, y cuando ellos fueron a la PGJDF, la gente de Atención a Víctimas les dijo “¿y ustedes qué, si no son los padres del muerto?… Las autoridades son absolutamente insensibles, no quieren aceptar que no sólo descuartizaron a los muchachos, también descuartizaron a las familias.”
–Luego de que en mayo de 2014 fueran entregados los cuerpos de las víctimas a ustedes, sus familias, ¿recibieron apoyo para cubrir los gastos funerarios?
–Nos habían ofrecido que cubrirían los gastos funerarios –explica Julieta–, luego de que el peritaje de las expertas argentinas nos permitió confirmar, sin lugar a dudas, que los cuerpos que encontraron en agosto de 2013, en Tlalmanalco, sí son de los muchachos… pero luego resultó que no nos iban a pagar los gastos funerarios, sino que las autoridades tramitarían directamente dichos servicios, entonces, nos ofrecieron un lugar en el Panteón San Isidro, por la zona de Camarones, que es un panteón abandonado, enterrarlos ahí era casi como echar a los muchachos al basurero o a la coladera, así que no aceptamos; también nos ofrecieron darnos el ataúd, pero lo que nos querían dar era un ataúd de lámina de campamento, así que les dimos las gracias y les dijimos a los funcionarios de la Procuraduría que mejor se guarden ese hoyo y esa caja de lámina para cuando se mueriera alguno de sus familiares… entonces, cada familia absorbió los gastos de un entierro digno, y aunque luego la autoridad dijo que nos pagarían esos gastos, y hasta nos hizo cambiar las facturas que se habían generado para que fueran redirigidas al gobierno del DF, ese dinero no nos lo repusieron.
Con las voces quebradas por momentos, ambas mujeres describen la forma en que todos los abogados que han buscando, les han negado asistencia legal; la forma en que, con el arribo de Perla Gómez a la Comisión de Derechos Humanos del DF, esta institución dejó de investigar la participación de agentes del Estado en el secuestro, asesinato e intento de desaparición de las 13 víctimas; y la forma en que distintas organizaciones civiles se aprovecharon de su caso y luego las abandonaron.
“Nosotras, en un principio, pedimos ayuda a Amnistía Internacional –acusa Eugenia–, y nos dijeron que no podían ayudarnos, pero nos manaron con un grupo que se llama Cauce Ciudadano, y tampoco nos ayudaron… luego vinieron los del Movimiento por la Paz a sacarse la foto y luego también se esfumaron… con el paso del tiempo nos dimos cuenta que las organizaciones no gubernamentales sólo se acercaron para aprovecharse del caso, para tener un poquito de reflector cuando nuestro tema era de interés público, lo único que querían era jalar agua para su molino.”
Epílogo: ¿Cuándo?
La “negligencia” de las autoridades, capitalinas y federales, en la resolución de este homicidio múltiple “es increíble”, señala Julieta, y pone un ejemplo: “Supuestamente los muchachos fueron asesinados el mismo 26 de mayo de 2013, día en que fueron secuestrados, eso nos dijo la Procuraduría del DF y la PGR. Sin embargo, el acta de defunción que elaboró la PGJDF dice que los muchachos fueron asesinados el 22 de agosto, o sea, aún no sabemos si los muchachos permanecieron vivos después de ser secuestrados, y cuánto tiempo duró su cautiverio, y yo enterré a mi hija apenas el pasado 22 de mayo de 2014, y me pregunto ¿cuándo debo hacerle una misa? ¿Cuándo puedo decir ‘ya se cumplió un año’? ¿En agosto? ¿En mayo? Ya no sé… estoy como en un abismo, en un hoyo negro en el que cada vez me hundo más, porque no sé nada, nadie nos dice nada, sólo nos dan papeles y papeles con promesas que nunca cumplen.