Ganadería y conservación: así protegen a los grandes felinos desde los ranchos

Eréndira Aquino / Colaboración con Mongabay · 22 de julio de 2026

Ganadería y conservación: así protegen a los grandes felinos desde los ranchos

Más allá de la deforestación y la caza, una amenaza silenciosa recorre las selvas de México: enfermedades del ganado y los animales domésticos están debilitando a los grandes felinos.

En el sureste mexicano los felinos silvestres se ven amenazados por las “moscas chicleras” que proliferan en las plantaciones de cacao, café o árboles chicleros —de donde reciben su nombre—, que vuelan luego bajo el dosel de la selva de Calakmul, provocando heridas cutáneas a los jaguares que hasta entonces sólo se presentaban en animales de zoológico. En esta vasta e impenetrable masa forestal tropical caracterizada por su intensa humedad y árboles monumentales, el clima juega a favor de los insectos.

En 2002, investigadores mexicanos capturaron un ejemplar de edad avanzada en el que encontraron una lesión causada por el parásito leishmaniasis, transmitido por esta mosca; después hubo dos casos más con la misma enfermedad, lo que propició un cambio de mirada para el proyecto de Ecología y Conservación del Jaguar en México, impulsado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), así como las asociaciones World Wide Fund for Nature (WWF) y Espacios Naturales y Desarrollo Sustentable (ENDESU).

Con el paso de los años, y gracias al cambio tecnológico con el que los biólogos pasaron de rastrear las frecuencias de radio subidos en los cerros de Calakmul, a descargar coordenadas satelitales directamente en sus correos electrónicos, pudieron confirmar la sospecha de que fuera de los márgenes seguros de la reserva, en los ejidos forestales del sur de Campeche y Quintana Roo, los jaguares viejos o heridos están librando una batalla contra insectos traídos a la región por las comunidades humanas.

“¿Qué tenían de especial estos jaguares? Eran animales viejos”, comenta Heliot Zarza Villanueva. En el mundo silvestre, al envejecer o sufrir alguna herida, los felinos pierden destreza, por lo que “de entrada ya están débiles físicamente por la edad, luego viene la malnutrición y se crea una serie de condiciones para que su sistema inmune baje”. Cuando esto ocurre, la piel de los animales se convierte en un blanco fácil para los parásitos.

En los ejidos forestales del sur de Campeche y Quintana Roo, los jaguares viejos o heridos libran una batalla contra insectos llevados a la región por las comunidades humanas
En los ejidos forestales del sur de Campeche y Quintana Roo, los jaguares viejos o heridos libran una batalla contra insectos llevados a la región por las comunidades humanas. Foto: Emanuell Osuna

La edad también se convierte en una amenaza

En el caso del macho al que le calcularon entre 10 y 12 años de edad, los científicos encontraron que llevaba en su cuerpo las marcas no sólo de leishmaniasis —una infección transmitida por la picadura de esta diminuta mosca del género Lutzomyia, que genera dolorosas úlceras abiertas en la piel—, sino también de la mosca Dermatobia hominis, que desova en tejido vivo para que se desarrollen sus larvas. Además, se le encontraron viejas cicatrices de perdigones de escopeta y los colmillos destrozados, lo que evidenciaba la necesidad que tuvo de acercarse a los potreros ejidales para intentar conseguir comida.

“Los ectoparásitos o larvas, conocidos localmente como colmoyotes, son comunes en seres humanos y ganado. Son gusanos que se meten bajo la piel y abren un pequeño orificio para respirar mientras se alimentan del tejido. En mi caso —detalla Zarza— he tenido muchísimos en el pecho, espalda y cabeza, y eso que siempre andamos con camiseta de manga larga. Pero en el caso de los animales, su sistema inmune se va a cero”.

Pese a que el escenario parece catastrófico, Heliot Zarza asegura que en los últimos quince años, la Alianza Nacional para la Conservación del Jaguar ha impulsado la creación del “área destinada voluntariamente” más grande de Quintana Roo, con 35,000 hectáreas protegidas por la propia comunidad del ejido Laguna Om. Además, la mentalidad de la población ha cambiado gracias a la existencia de un seguro ganadero nacional y apoyos complementarios de fondos científicos para las personas que perdieron vacas a causa de los felinos.

Lee: Localizan a un puma en un predio inadecuado y con la cola mutilada en Actopan, Hidalgo; Profepa lo traslada a una fundación

El reto, ahora, va más allá de vigilar las líneas que delimitan el área protegida. Es rara la vez que un jaguar o puma sano entra a un potrero abierto a cazar. El desafío está en proveer a las comunidades de herramientas, vacunas para sus animales y subsidios para que limiten sus linderos. Para los investigadores, el hecho de que no se reporten muchos otros casos de leishmaniasis sugiere que la población de los diversos felinos está sana. De todas maneras, no bajan la guardia ante otro tipo de impactos derivados del contacto con humanos y sus animales domésticos, como el moquillo, la sarna y viejas amenazas conocidas como la fragmentación de su hábitat y los efectos de la crisis climática.

“Reconozco que el cambio climático nos afecta mucho, pero estoy en contra de que le achaquemos todo”, afirma el especialista. “A lo mejor un año es más seco que otro o más lluvioso, pero el jaguar tiene una amplia plasticidad ecológica; él puede resistir teniendo alimento”.

Por eso —subraya Zarza— “es importante conocer y establecer una línea base de que los agentes infecciosos —sean protozoarios, parásitos, virus y otros—, son parte de la biodiversidad. No vamos a deshacernos de todos los mosquitos porque son parte del planeta. Lo que se requiere es que nosotros, que creamos las condiciones, podamos regularlas en el medio silvestre”.

El equipo médico en campo

Es aquí, en el contacto directo con los animales, donde el trabajo de los médicos veterinarios se vuelve fundamental para entender cómo la actividad humana —a través de virus y parásitos— está alterando el equilibrio sanitario de la selva y desafiando la supervivencia de jaguares y ocelotes.

Desde 2012, la veterinaria Susana Illescas se ha encargado de la contención, anestesia y evaluación clínica de grandes carnívoros en proyectos de investigación en México. Mientras los biólogos siguen los movimientos de los jaguares mediante imágenes satelitales, ella busca las huellas de la enfermedad en la sangre, los dientes y los parásitos de cada ejemplar.

Cuando un felino cae en una trampa o es arrinconado en un árbol por perros entrenados para el rastreo, el equipo científico lo anestesia y activa un cronómetro: dispone de apenas 40 a 45 minutos para examinarlo antes de revertir el procedimiento y devolverlo a la libertad. En ese breve lapso, Illescas cura heridas provocadas por peleas o intentos de caza con suturas absorbibles, desparasita al animal cuando su estado lo permite y extrae muestras de sangre que permiten conocer su estado de salud y detectar posibles infecciones.

También lee: Organizaciones animalistas exigen que la Profepa investigue al delfinario del Hotel Barceló

Sin embargo, la logística científica de campo tiene un límite: el presupuesto.

“Es muy complicada toda la logística de generar estudios virales”, lamenta la veterinaria, aludiendo a la costosa cadena de frío, los reactivos y los laboratorios especializados necesarios para procesar las muestras antes de que se degraden bajo el calor de la selva.

Sin esos recursos, resulta muy difícil conocer con precisión el avance de muchas infecciones y dimensionar su impacto real sobre las poblaciones silvestres.

La veterinaria Susana Illescas se ha encargado de la contención, anestesia y evaluación clínica de grandes carnívoros
La veterinaria Susana Illescas se ha encargado de la contención, anestesia y evaluación clínica de grandes carnívoros. Foto: Cortesía

El rancho donde los jaguares ya no son enemigos

En el poblado de Villa Juárez, Nayarit, Emanuel Osuna busca demostrar que esa convivencia es posible.

Su predio de 30 hectáreas funciona como un punto de paso y abastecimiento de agua para la fauna de la región. Antes, recuerda, “normalmente el ganadero se molestaba mucho ante la cercanía o el ataque de un felino“, situación que ha ido cambiando con la llegada de programas de conservación que incluyen el pago de un seguro por cada animal atacado.

Él mismo perdió un becerro a manos de un jaguar. La respuesta tradicional habría sido perseguir al felino. En cambio, decidió implementar un sistema silvopastoril regenerativo y colocar cercas eléctricas en su predio.

Sigue leyendo: “Estamos muy tristes”: Santuario Ostok deja Culiacán por la violencia; trasladan a más de 700 animales

“La naturaleza es sabia. Con el sistema de pastoreo rotacional pongo al ganado junto; si el jaguar aparece, las vacas grandes protegen a las chicas y el felino prefiere retirarse sin intentar atacar”, relata el productor.

Además, gracias a las imágenes captadas por las cámaras trampa, ahora sabe que la presencia de los felinos obedece a que su terreno forma parte de una de sus rutas habituales.

“Llegan, toman agua y se van”.

Si el jaguar aparece, las vacas grandes protegen a las chicas y el felino prefiere retirarse sin atacar
Si el jaguar aparece, las vacas grandes protegen a las chicas y el felino prefiere retirarse sin atacar. Foto: Emanuel Osuna

La transición hacia estos modelos sustentables genera un efecto dominó que beneficia la salud del ecosistema. Al mantener el ganado concentrado en potreros específicos y permitir el descanso de la tierra, Osuna comenzó a notar el regreso de numerosas especies, particularmente aves nativas.

“Llegué a ver más de 700 aves en el pedazo donde estaba el ganado. Cada vaca tenía 40 o 50 aves comiéndose las garrapatas. Antes teníamos que rociar químicos cada 15 días, el ganado se nos enfermaba y adelgazaba. Con este manejo, la misma naturaleza hace el trabajo y nos ahorramos ese gasto”, celebra.

Te recomendamos: Tras el rastro del jaguar: excazadores y científicos se unen para obtener una radiografía del amenazado felino en México

Pese a estos casos de éxito, el camino hacia la coexistencia aún enfrenta obstáculos. Aunque a nivel federal existe el Seguro Ganadero Nacional, la realidad en el campo es muy distinta. Los productores se enfrentan a un complejo laberinto de trámites, exigencias de evidencia física y compensaciones económicas que no corresponden al valor real del mercado.

“El seguro te pone muchísimas trabas con el papeleo. El último becerro que perdí valía cerca de 10 mil pesos y la cantidad que me restituyeron fueron 3 mil pesos“, señala Osuna.

Esa diferencia, sumada a la lentitud del proceso, provoca que muchos productores dejen de reportar los ataques y, en los casos más extremos, vuelvan a recurrir al uso de venenos o armas de fuego para resolver el conflicto por su cuenta.

Se han instalado cercos para evitar que el ganado se interne en la selva
Se han instalado cercos para evitar que el ganado se interne en la selva. Foto: Emanuel Osuna

Aun así, Heliot Zarza celebra que el trabajo realizado con las comunidades ya arroja resultados visibles, como la instalación de cercos para evitar que el ganado se interne en la selva o que los pobladores dejen de abandonar a sus animales domésticos.

“Todos quisiéramos que fuera más rápido, pero lamentablemente los avances son muy lentos. Tenemos que dar talleres a gente adulta, pero también a los jóvenes y niños que en un futuro serán ejidatarios”, señala el especialista.

Te puede interesar: Los linces vendidos como gatos domésticos que son rehabilitados en un centro de rescate en México

Modificar los hábitos sanitarios rurales y entender que la salud de los animales domésticos, los seres humanos y los grandes depredadores está intrínsecamente conectada parece ser el siguiente paso.

Como concluye Zarza Villanueva: “lo más importante hoy en día es entender y asimilar que la población local debe coexistir con la fauna silvestre. No son los unos o los otros, sino los dos. La idea es ganar-ganar con un buen manejo que garantice la conservación”.