Luis Castrillón (@LRCastrillon) · 30 de diciembre de 2011
Las múltiples interpretaciones fuera del ámbito científico y académico que se han dado a la forma de medir el paso del tiempo de los mayas, terminan siendo poco menos que “ocurrencias”, ambigüedades y distorsiones de la verdad que demeritan y los avances logrados hoy día en el conocimiento sobre la principal cultura mesoamericana y poco abonan a mejorar la situación en la que viven sus descendientes en los territorios compartidos de México y Centroamérica.
Basados en el calendario gregoriano que rige a la cultura occidental, grupos de seguidores de movimientos new age, empresas y prestadores de servicios turísticos, casas editoriales e incluso Gobiernos de los estados del sureste mexicano y de las naciones centroamericanas comenzaron la madrugada del día 21 de diciembre pasado la “cuenta regresiva” para alcanzar el final de lo que han llamado la “cuenta cósmica”, a partir de una interpretación errónea del sistema cíclico de medición del tiempo de la cultura maya.
Según lo expresado por dichos sectores, a las 00:00 horas GMT habría iniciado el año 5128 del calendario maya, que comenzó desde el 13 de agosto del 3114, acorde a una interpretación hecha desde la forma de medir el tiempo en la cultura occidental judeocristiana a partir del supuesto nacimiento de Jesucristo, el cual es inexacto per se, a los hallazgos en códices y estelas mayas.
Para especialistas de las áreas de arqueología, antropología social, epigrafía y etnolingüística involucrados en la investigación de la cultura maya, tanto histórica como contemporánea, la expectativa en general que rodea a lo señalado en los calendarios de esa civilización prehispánica carece de fundamentos tanto si se habla de un término apocalíptico como del principio específico de una nueva era para la humanidad.
En contraparte y en un aparente desconocimiento de lo expresado por el sector académico y científico en diversos foros durante los últimos años, los Gobiernos de estados como Yucatán, Campeche, Quintana Roo, Tabasco y Chiapas, así como el Ejecutivo Federal han impulsado proyectos conjuntos para explotar turísticamente el fenómeno que ha creado una supuesta fecha calculada en el 21 de diciembre de 2012.
La propia gobernadora de Yucatán, Ivonne Ortega Pacheco se refirió al tema la mañana del día 21 pasado a través de su cuenta de Twitter -@IvonneOP- en la que expresaba lo siguiente: “Exactamente en un año se termina la cuenta del calendario maya. Ustedes dónde van a estar? Ya lo planearon?”
La mandataria yucateca, quien desde su entrada al sitio de microblogging se ha mantenido ranqueada entre los 30 principales usuarios de ese sistema en México, aclaró que no se trata de un asunto de carácter apocalíptico:
“El 21de dic de #2012 termina la cuenta larga del #calendariomaya. No es el fin, es el inicio de una nueva era.”, escribió la mandataria quien ha usado como tagline o slogan el tema de la “nueva era” como una estrategia de promoción político-electoral desde su último informe de gobierno presentado en octubre pasado.
La iniciativa de los diputados yucatecos
Encabezados por el diputado priista, Roberto Rodríguez Asaf, los integrantes de la actual Legislatura de Yucatán, impulsan una declaratoria del 2012 como “Año de la Cultura Maya” a nivel nacional y respaldada por el Ejecutivo Federal, lo cual podría ocurrir luego de que el mismo presidente, Felipe Calderón Hinojosa diera el “banderazo” el 21 de junio pasado a una reedición más del programa turístico Mundo Maya, bajo el lema “Con la cultura Maya México se fortalece”.
El objetivo del programa federal y la iniciativa yucateca es aprovechar la expectativa que todo el tema ha provocado a nivel internacional para atraer hasta 52 millones de visitantes principalmente en el último trimestre de 2012. A la fecha, sitios como Cancún y la Riviera Maya, en Quintana Roo han reportado cifras superiores al 30 por ciento en las reservaciones de las cerca de 70 mil habitaciones de hotel con que cuenta esa zona, solamente para el mes de diciembre.
La propuesta de los legisladores de Yucatán fue aprobada por unanimidad el 10 de marzo pasado y tiene el objetivo de “es brindar reconocimiento a los ancestros que tanto legado dejaron a la humanidad; así como posicionar a Yucatán y México, como eje central de la civilización Maya”.
La exposición de motivos señala que “al hablar de la Cultura Maya no solamente se hace referencia a una de las culturas más importantes, sino que implícitamente se reconoce a hombres y mujeres que con esfuerzo y tenacidad legaron a la humanidad grandes aportaciones”.
“El interés que demostraron los mayas en el año 2012 genera que dicho año sea considerado como de gran relevancia para todo el mundo, en este sentido y con la finalidad de que sea precisamente Yucatán quien transmita y promueva su importancia a nivel local, nacional e internacional, es necesario que se establezca ‘2012 Año de la Cultura Maya’”, indica el proyecto.
También establece la creación de un Comité para la Planeación, Desarrollo y Difusión del 2012, Año de la Cultura Maya y la delimitación de sus funciones y objetivos, la propuesta legislativa no establece ningún programa relacionado directamente con la mejoría de las condiciones y trato a los pobladores de las comunidades mayas de Yucatán.
El Comité se hará cargo de “elaborar programas que contengan actividades, eventos, acciones, expresiones, conmemoraciones y demás proyectos que tengan como propósito enaltecer y celebrar a la Cultura Maya”, los cuales no se detallan.
La perspectiva académica
De acuerdo con investigadores del INAH, el CIESAS y la UNAM, la expectativa popular ya existente a nivel internacional está revestida de un exotismo que entrelaza sin fundamento creencias con conocimiento científico. En un mismo contexto mezclan astrología y esoterismo con disciplinas como la historia, la astronomía, la arqueología e incluso las matemáticas, entre otras.
Descalifican los programas turísticos porque carecen de una exposición correcta del tema y distorsionan los conocimientos ya establecidos sobre la cultura maya, poniéndolos en riesgo y forzando lo que podría ser el inicio de un largo recorrido académico para tratar de corregir y aclarar todas las interpretaciones equívocas que a partir del próximo año surgirán, amén de las ya conocidas.
Al respecto se refirieron los investigadores del Centro de Estudios Mayas del Instituto de Investigaciones Filológicas (IIF) de la UNAM, Guillermo Bernal Romero; del Centro INAH-Yucatán, Alfredo Barrera Rubio, y el director de la Unidad Peninsular del CIESAS, Pedro Bracamonte y Sosa.
De acuerdo con Bernal Romero, es importante conocer que el sistema cíclico del calendario maya tiene su origen en la cultura Olmeca tardía, en la zona de la costa del Golfo de México, posteriormente adoptado y perfeccionado por los mayas, quienes fijan un punto determinado en el tiempo y establecen una cuenta larga y ciclos rotativos.
Lo señalado hoy día como “un final”, explicó, es solamente el cierre de un ciclo después del cual iniciará otro. “Hay datos confiables en los registros y estudios que permiten ver la continuidad del calendario, el cual está construido incluso matemáticamente”.
Es cierto, agregó, que los textos del Chilám Balám refieren cambios en la creación, en el orden del cosmos y lo relacionan con hechos de su presente, en el que pueden encontrarse elementos de fatalidad, cuya adopción o arraigo en la actualidad puede ser normal, pero que ha estado cubierta de lecturas incorrectas.
“No hay nada serio en todas esas interpretaciones. El pensamiento maya prehispánico no consideraba las condiciones que establece el pensamiento actual porque incluso sus conocimientos de la naturaleza, matemáticos y astronómicos no tenían los alcances de ahora”, reiteró.
“Son meras ocurrencias, pero son atractivas porque tienen un ropaje exótico. Hoy lo maya es totalmente exótico; le hemos puesto más de lo que es y no hemos terminado de entender su mundo. Lo que necesitamos es difundir información legítima de su cultura, no inventarles atribuciones sobrehumanas ni usarlos como un filón del momento porque, luego que pase 2012, sin ocurrir nada sorprendente, quizá muchos se preguntarán: ¿y entonces a qué vamos a Yucatán?”, aseveró.
A su vez, Barrera Rubio destacó que todo el fenómeno y la expectativa de un final catastrófico o nuevo comienzo no es reciente, al referirse al libro publicado en 1995 por el novelista Adrian Gilbert, que inició una corriente con diversos títulos escritos por autores que no eran ni mayistas ni arqueólogos y cuya difusión mercantil ha terminado por generar una creencia.
“Ya lo ha señalado el epigrafista David Stewart –uno de los más destacados a nivel mundial-: no hay sustento académico ni científico; son propuestas sin validez en el medio de los estudios sobre lo maya. Por eso es importante, en lugar de usarlo como propaganda, ubicarlo en su sentido adecuado, no confundir, ni distorsionar la realidad”, reiteró.
Quienes han expuesto estas pseudoprofecías, abundó, mezclan los textos de la cuenta larga, con la cuenta corta del calendario de esta cultura y además los interpretan bajo la concepción de nuestro tiempo actual, no del maya. Citó como ejemplo que el punto de partida de la llamada cuenta larga se establecería en agosto de 3114 antes de Cristo, pero que refiere una fecha mítica para el inicio de su existencia y no puede pensarse en los términos exactos como insisten en exponerla.
También usan textos del Popol Vuh, hablan de las cuatro creaciones, mezclan términos, pese a que ninguno establece la fecha de un final. Son textos asociados arbitrariamente y relacionados con cuentas astronómicas, con movimientos esotéricos y astrológicos, pero no existe ningún elemento válido que refiera ese final o reinicio, según explicó.
“Llegan incluso a asociarlos con acontecimientos astronómicos previstos ahora, pero que los mayas antiguos no conocían ni tenían forma o capacidad para preverlos en su momento”, citó también como ejemplo del riesgo de la promoción de estas ideas que “venden mucho y no dicen nada; son ruido sin contenido, sin sustento real y que sólo perjudican al distorsionar la cosmovisión de los mayas y su cultura, que está presente, viva, no es sólo códices y vestigios.”
Para Bracamonte y Sosa la principal preocupación está en cómo se soslaya a las comunidades mayas actuales que viven en condiciones de pobreza y marginación, discriminadas por ideas de etnicidad que acentúan la diferenciación en el trato, y que ahora serán vistos, si se da el caso, como objetos de admiración exótica y turístico, sin que ello abone a su derecho a desarrollarse como personas e integrantes de la sociedad con igualdad de oportunidades.
De acuerdo con la sociología del conocimiento, expuso, lo que llamamos la realidad, su percepción, se construye en relación con un entorno determinado. Lo maya es una forma de pensamiento específico que se contrapone al occidental actual y que se asienta en dos líneas específicas: el uso del tiempo cíclico y la construcción de vaticinios, que no es lo mismo que profecías: los mayas no tienen ni tenían profetas en la concepción de su realidad.
Expuso que los mayas alcanzaron un nivel de protociencia que integró el pensamiento en un solo espacio interrelacionado. Sus vaticinios se basan en la superposición de cada periodo del calendario, compuestos por una serie de variables resultantes en hechos varios; la lectura de éstos, de forma cíclica permitía esperar que si las variables se repetían, ocurrieran situaciones similares.
Destacó que incluso al mezclarse con el judeocristianismo durante la colonización, la forma de pensamiento se mantuvo e incluso hoy día puede constatarse en la conversación con mayas yucatecos que al hablar del tema del final de una era, hacen referencia al Dios judeocristiano y a señales o conocimientos transmitidos vía oral, pero siempre sobre la estructura cíclica y además, aclarando que no existe una fecha determinada para lo que pueda ocurrir.
“Todo este exotismo actual no son más que cuentos y superchería. Entiendo que los empresarios quieran tomar ganancias de lo que queda de los mayas, prometiéndoles trabajo, pero sin un salario digno, o simplemente subempleos, pero los mayas y los vaticinios auténticos no deberían ser sujetos de comercialización basados en una mala interpretación de lo que realmente es su forma de pensamiento y cultura.
“Si bien es un pensamiento ingente, dañado o destruido porque no ha tenido las motivaciones sociales que lo reproduzcan y reconozcan como válido más allá de su entorno familiar y comunitario, en el fondo están en su derecho, como seres humanos, de construir su realidad y su forma de existir”, aseveró Bracamonte y Sosa.
El Calendario Maya
El calendario usual entre los mayas a la llegada de los españoles tenía como unidad el día o sol (kin), la luna o mes (u, ik), el mes de la piedra (uinal), la cuenta de los 260 días (tzolkín), el año o piedra de 360 días (tun), el año (haab), el ciclo o pila de piedras de 20 tunes (katún), la rueda del calendario de 52 años (hunab), el ciclo de 13 katunes (may) y un ciclo de 20 katunes (baktún).
Para la astronomía y otros cómputos mayores se usaban múltiplos superiores al baktún, como el pictún, formado por 20 baktunes; el calabtún igual a 20 pictunes; el kinichiltún, equivalente a 20 calabactunes y el alautún, similar a 20 kinichiltunes.
Como en los kinichiltunes el final del ciclo de trece baktunes corresponde al solsticio de invierno de 2012 d. C., se dice que ésta será la fecha del final de una era maya. Pero la colonización tendió a desajustar los calendarios nativos, especialmente por la influencia de los calendarios gregoriano y juliano. Asimismo, el año bisiesto, la semana de siete días, el año de 12 meses y las fiestas móviles de la Iglesia influyeron en el uso calendárico de los mayas.