Redacción Animal Político · 18 de diciembre de 2025
Lilia Alejandra García Andrade desapareció el 14 de febrero de 2001, tras salir de su trabajo en una maquiladora de Ciudad Juárez, Chihuahua. Tenía 17 años cuando su familia no supo más de ella.
Cuando su madre, Norma Andrade, fue ante las autoridades a denunciar su desaparición, le dijeron que debía esperar 72 horas para reportarla como desaparecida porque “seguro estaba con el novio”.
Tras intentar por segunda vez realizar la denuncia, el agente no solo preguntó si ya había intentado localizarla con el padre de sus hijos, también le dijo que la joven de 17 años se habría ido de casa porque “ya no la aguantaba” y mencionó que solo había dos agentes para atender la gran cantidad de reportes de mujeres desaparecidas que tenían.
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Una semana después, el 21 de febrero, su cuerpo fue encontrado enredado en una cobija en un terreno baldío, entre dos de las avenidas más transitadas de Ciudad Juárez: la Tecnológico y la Ejército Nacional.

Su cuerpo tenía visibles huellas de tortura. Lilia Alejandra había sido abusada sexualmente. Fue víctima de un grupo de hombres que la secuestró y la mantuvo en cautiverio, para violarla y torturarla una semana entera. Luego la asesinaron.
En el cuerpo de la joven se identificaron tres muestras genéticas. Uno de los registros que se logró identificar del semen encontrado en el cuerpo de Lilia, coincidió con el que se halló en los cuerpos de otras cuatro menores de edad: Rocío Cordero, de 10 años, asesinada en 1994; Rosa Isela Tena, de 14, asesinada en 1995; Sonia Ivette Sánchez, de 13, asesinada en 1996; y Coral Arrieta, de 17 años, asesinada en 2005.
El 8 de junio de 2010, la entonces Procuraduría General de Justicia del Estado de Chihuahua apuntó que el agresor de los casos sería un familiar de un agente del Ministerio Público llamado Enrique Castañeda Ogaz.
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Pese a ese avance, Norma Andrade ha sido víctima de la ineficiencia del Estado para resolver el caso, por lo que la indiferencia de las autoridades en la investigación del feminicidio de su hija la orilló a llevar el caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CoIDH).
En 2018, el exgobernador de Chihuahua, Javier Corral, informó que el feminicidio de Lilia Alejandra “ya está resuelto”, pues, aseguró, se encuentra detenido el “asesino serial” responsable, y contra él se tiene “prueba científica”.
No obstante, la mamá de la joven víctima, desmintió al gobernador Corral, y reveló que el detenido del que habló el funcionario público fue capturado por su supuesta vinculación con dos casos distintos a los de su hija.
Cuando la CoIDH llamó al testigo del Estado mexicano, Fernando Romero Pérez, agente del Ministerio Público de Ciudad Juárez, quien respondió con tropiezos a los cuestionamientos sobre el caso, entre sus argumentos mencionó que en el 2001 el estado de Chihuahua no tenía la tecnología suficiente para recoger las evidencias necesarias y tuvieron que aliarse con otros laboratorios.
Esta es la segunda vez que México llega a la CoIDH por un feminicidio. En ambas ocasiones, las autoridades han tenido que rendir cuentas ante el máximo tribunal de la región por asesinatos de mujeres ocurridos en Ciudad Juárez: en 2009 emitió la sentencia por el caso conocido como “Campo algodonero”, y ahora por el de Lilia Alejandra.

Ante la falta de justicia, Norma Andrade ha enfrentado a cuatro presidentes (Vicente Fox, Felipe Calderón, Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador); a cuatro gobernadores de Chihuahua (Patricio Martínez, José Reyes Baeza, César Duarte y Javier Corral); y a siete presidentes municipales en nueve administraciones distintas (Gustavo Elizondo, Jesús Alfredo Delgado, Enrique Serrano, Javier González Mocken, Armando Cabada, y a Héctor Murguía y José Reyes Ferriz en dos ocasiones a cada uno).
Además, a Norma la han intentado asesinar en dos ocasiones. En diciembre de 2011 recibió cinco disparos en Ciudad Juárez. Después, en febrero de 2012, en la Ciudad de México, un hombre tocó a su puerta y la apuñaló en el cuello.
Después de 24 años buscando justicia para su hija, el caso no ha avanzado para castigar a los perpetradores. En el camino se ha encontrado con líneas de investigación cerradas, irregularidades, amenazas contra ella y los abogados y equipo que la acompañan.
Lilia Alejandra tuvo dos hijos: Jade y Caleb, quienes todavía no saben por qué asesinaron a su mamá ni quién o quiénes son responsables.
En la búsqueda de justicia, Norma, madre de Lilia, se ha convertido en activista que acompaña a otras madres de víctimas de feminicidio.