Dulce Ramos · 4 de octubre de 2012
Violeta Parra, nacida en la provincia chilena un 4 de octubre de 1917, fue una de las mejores cantautoras y conservacionistas de música folclórica de América Latina, quien llegó a un trágico final, al suicidarse en Santiago el 5 de febrero de 1967. Violeta fue además pintora, escultora, bordadora y ceramista chilena, considerada por algunos la folclorista más importante de Chile y fundadora de la música popular chilena. Era miembro de la prolífica familia Parra, una familia de comunistas y opositores al régimen chileno de su momento, entre los cuales destacan sus hermanos Nicanor, poeta ganador del Principe de Asturias, y Ángel, gran músico que participó en muchas de sus grabaciones.
El aporte de Violeta Parra a la música, el arte y la cultura popular chilena se considera de gran valor y trascendencia. Su trabajo sirvió de inspiración a muchos artistas posteriores, que continuaron con su ardua tarea de rescate de la música del campo latinoamericano y las manifestaciones constituyentes del folclor de su país y de Latinoamérica. Sus composiciones han sido elogiadas en todo el mundo por su complejidad musical y sus letras poéticas, ingeniosas y social y políticamente comprometidas.
Violeta es una de las más artistas más importantes de la historia de América Latina, ella y sus hermanos mostraron desde muy niños su inclinación al espectáculo: imitaban a artistas, se disfrazaban con atuendos de papel, cantaban y montaban representaciones por las que cobraban entradas a los niños. Empezó a tocar la guitarra a los 9 años, mientras que a los 12 compuso sus primeras canciones, realizó su educación básica y estuvo un año en la escuela normal, la cual abandonó para trabajar en el campo y ayudar a su familia, ya que su padre enfermó gravemente. Los hijos de la familia lucharon por sobrevivir saliendo a cantar en restaurantes, posadas, circos, trenes, campos, pueblos, calles e incluso en burdeles.
Posteriormente, Violeta se fue a vivir a Santiago y retomó los estudios en la Escuela Normal de Niñas, donde no se sintió a gusto y desertó, empezando a cantar profesionalmente con su hermana Hilda, en un dúo de música folclórica llamado Las Hermanas Parra, con lo que tenía una fuente de ingresos. En 1938 se casó con el empleado ferroviario Luis Cereceda, con el que tuvo sus dos primeros hijos: Ángel e Isabel. Ambos se convirtirían en importantes músicos y adoptarían el apellido materno al ingresar en el ambiente artístico.
El matrimonio no tardó en presentar inconvenientes, dado el carácter inquieto y lleno de distracciones de Violeta —cantaba en botes del puerto, se presentaba en radios y se había unido a un grupo de teatro—, que no se acomodaban al ideal convencional de una esposa en aquel momento. Se separaron en 1948, pero antes, Cereceda, que milita en el Partido Comunista, iniciaba a Violeta en la actividad política y ambos participan ayudando en la campaña presidencial de Gabriel González Videla (1946).
En 1949 nace su hija Carmen Luisa Arce Parra y ese ese mismo año contrae matrimonio con el padre de la niña, Luis Arce. En 1952 nace su hija Rosita Clara. En la misma época, editó sus primeros discos junto con su hermana Hilda, para el sello RCA Victor. Se trataba de discos sencillos de canciones populares chilenas, como El Caleuche, La cueca del payaso y La viudita.
Para los años 50, comenzó su extensa labor de recopilación de tradiciones musicales en diversos barrios de Santiago y por todo el país. En estas andanzas, conoció a diversos poetas, incluyendo a Pablo Neruda y Pablo de Rokha. Su hermano Nicanor la estimuló a asumir con personalidad propia la defensa de la auténtica música chilena, en contra de los estereotipos que hasta ese momento se manejaban. Es así como su repertorio, hasta entonces basado en valses peruanos, corridos mexicanos, boleros y cantos españoles, pasa a las canciones más tradicionales del campo chileno, lo que le permite descubrir la verdadera identidad nacional cultural chilena como ningún otro artista lo había hecho antes.
La recopilación hecha por Violeta Parra está plasmada en más de tres mil canciones, reunidas en un libro (Cantos folclóricos chilenos) y sus primeros discos en solitario, editados por EMI Odeon. En 1953 grabó los exitosos sencillos Casamiento de negros y Qué pena siente el alma, que se convirtieron en dos de sus canciones más conocidas. En 1954 mantuvo en la Radio Chilena el programa Canta Violeta Parra, y ganó el Premio Caupolicán a la folclorista del año, lo que le valió una invitación para presentarse en un festival juvenil en Varsovia, Polonia. Aprovechó este viaje para recorrer la Unión Soviética y partes de Europa. En París grabó sus primeros LP que incluían exclusivamente canciones recopiladas del folclore chileno. El éxito obtenido en Europa era inédito para cualquier artista chileno, y Violeta se llenó de inspiración y creatividad, aunque fue en París que se enteró de la muerte de su hija Rosita Clara.
En 1957 regresa a Chile y en noviembre se va con sus hijos Carmen Luisa y Ángel a Concepción, contratada por la universidad penquista. Allí funda, al año siguiente, el Museo Nacional del Arte Folklórico y posteriormente regresa a Santiago. Cuatro discos suyos aparecieron en ese período (Canto y guitarra, 1957; Acompañada de guitarra, La tonada y La cueca, todos de 1958), en la etiqueta de EMI Odeon, con varias de sus primeras composiciones. La cantante preocupada de temas sociales exhibió sus intereses (Yo canto a la diferencia), como brillante constructora de décimas y composiciones poéticas (Verso por desengaño) y la musicalizadora de poemas (Cueca larga de los Meneses, de su hermano Nicanor), así como su álbum editado en Argentina (donde se censuró su polémica canción social Por qué los pobres no tienen”) y el álbum Toda Violeta Parra, lanzado en 1960.
Las últimas composiciones, disco lanzado ese mismo año y grabado junto a sus hijos y al músico Alberto Zapicán, incluye sus himnos humanitarios “Gracias a la vida” y Volver a los 17, además de otras canciones importantes y conocidas, como El rin del angelito, Pupila de águila, Cantores que reflexionan y El Albertío.Gracias a la vida ha sido interpretada por grandes artistas como Mercedes Sosa y Pedro Vargas (en 1977 las autoridades de TVN prohibieron su triunfo en el programa La canción de todos los tiempos, en el que la interpretó Gloria Simonetti) y Volver a los 17 por Joan Manuel Serrat, Milton Nascimento, Franco Simone y muchos otros.
El 5 de febrero de 1967, a los 49 años de vida, y tras varios intentos fallidos, Violeta Parra se suicidó en la carpa de La Reina, dejando un legado de esfuerzo y sacrificio a Chile y el mundo.
Para festejar a Violeta Parra, nada mejor que su voz y su guitarra: