Contenido Animal Político · 19 de junio de 2018
La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) presentó los protocolos básicos de seguridad eclesial, personal y de recintos religiosos ante las agresiones contra integrantes de la Iglesia.
De 2012 a la fecha han sido asesinados 24 sacerdotes. Estos últimos seis años son el periodo más violento en la historia reciente de la Iglesia en México, de acuerdo con el Centro Católico Multimedial (CCM).
El país es considerado como el más peligroso para ser un sacerdote, de acuerdo la agencia de noticias católicas Crux Now, en una entrevista que se tuvo con el sacerdote Hugo Valdemar Romero, quien hasta principio de este año estaba a cargo de la Dirección de Comunicación Social de la Arquidiócesis de México.
El material del protocolo surgió de un previo análisis de la realidad que detecta los riesgos que enfrenta la comunidad eclesial. Está dirigido particularmente a quienes por su labor pastoral están expuestos, como: obispos, sacerdotes, religiosos, agentes de pastoral, directores de institutos, de colegios, de conventos o cualquier otro espacio religioso; parroquias, capillas, oficinas diocesanas, seminarios, y laicos en general.
El secretario general de la CEM, Alfonso Miranda Guardiola, señaló que el primer aspecto a resolver es, evitar a todas luces la negación, es decir, poner en duda el hecho de que hay una latente posibilidad de ser víctimas de una situación de peligro.
“La violencia es un mal que afecta a nuestra sociedad. La Iglesia y sus representantes constituían hasta hace unos cuantos años un pequeño sector de la sociedad que podría ser considerado “exento” de ser víctima de estos ataques, sin embargo, hoy es urgente abordar el tema con seriedad”, señala el documento.
Guardiola destacó la importancia de estar preparados para afrontar responsablemente, los posibles riesgos de inseguridad, que “tanto personas como instituciones (escuelas, parroquias, albergues, capillas, congregaciones, fundaciones, casas de migrantes, centro de atención, etc.), pueden recibir, sólo por ser administradoras de espacios públicos que abren sus puertas a todos sin discriminación alguna”.
Para la prevención de eventos públicos recomienda hacer un diagnóstico de los diferentes accesos al evento, ya que estos pueden funcionar como salidas de emergencia en caso de contingencia. Estas salidas deben de permanecer sin cerradura durante los eventos. Se deben de tener anuncios en los avisos del templo, indicando las salidas de emergencia y se debe indicar las zonas de seguridad.
El documento está dividido en dos capítulos: seguridad personal y seguridad en recintos religiosos.
El plan de seguridad señala que como representantes de la Iglesia, es un deber el elaborar un Plan de seguridad que contemple: la seguridad y el cuidado, tanto el propio como el de las personas de su comunidad. Y es imprescindible que cada diócesis adecué protocolos específicos que respondan a sus necesidades particulares.
Dentro de sus medidas de prevención destacan:
Comportamiento de seguridad:
En escenarios en peligrosos
En el transporte:
En el hogar:
En agresiones internas o externas: