Dulce Ramos · 31 de octubre de 2012

El alcoholímetro de la Ciudad de México está abriendo paso a la seguridad en un país que libra una peligrosa batalla contra la muerte en sus avenidas y carreteras, pues a pesar de que mecanismos como el implementado por el Gobierno del DF, mueren más personas al volante que por la guerra contra el narco, según resaltó la bloguera de The Guardian, Deborah Bonello.
Las noches de jueves, viernes y sábado en las avenidas principales de la Ciudad de México, se genera tráfico, mientras la gente regresa después de una semana difícil y mientras la policía trabaja aún, pues en el camino es muy posible que, si vas manejando, te pidan orillarte a pesar de ir en una vía rápida. Mientras los autos se detienen, algunos conductores bajan del auto si se les encuentra algún síntoma de intoxicación alcohólica en una primera revisión. Finalmente la policía del alcoholímetro los somete al dispositivo.
“Tristemente, la gente no sabe ser responsable como conductor”, afirmó la oficial de policía del DF, Diana González. “Ellos saben que han consumido alcohol, pero a pesar de que hemos estado haciendo esto por nueve años aquí en la Ciudad de México, la gente aún no está acostumbrada a dejar que alguien que no haya tomado maneje su auto.”
A pesar que raramente salen llega a las primeras planas, más mexicanos mueren en el volante que en la violenta guerra contra las drogas. Desde 2006, en promedio cada año mueren 16 mil 700 personas en accidentes de tráfico. Esta estadística pone al país en el Top 10 de los países con los caminos más peligrosos y es la segunda mayor tasa de mortalidad por esta razón después de Argentina.
La bloguera Deborah Bonello, plantea la pregunta sobre ¿Cómo es posible que en un país que relativamente ha desarrollado un sistema de caminos y unas medidas de seguridad respaldadas por una legislación aceptable, haya tantas personas muriendo? La respuesta en gran medida pasa por conductores ebrios, afirmó Roy Rojas, coordinador nacional de seguridad de caminos para la Organización Mundial de la Salud en México. Rojas afirmó que no hay una vegüenza social en ser detenido con un consumo excesivo de alcohol. De acuerdo con policías trabajando en el alcoholímetro, las acusaciones por manejar en estado de ebriedad son poco frecuentes, así que hay una impunidad generalizada.
Un riesgo más grande en los caminos es que sólo la mitad de las entidades del país tienen un examen de manejo al entregar las licencias. Las licencias se dan sin ningún tipo de pruebas de que la gente sepa manejar (esto sin contar a los choferes y trabajadores del volante).
México no puede caer en la excusa de que carece de recursos, pues “la ciudad de Méxicp tiene la mayor cantidad de puentes peatonales en el mundo”, afirmó Rojas. “Sin embargo, también son los menos usados. Alrededor de la mitad de las muertes en las calles, son peatones.”
El país tampoco carece de legislación para dar seguridad a las calles. Hay amplias leyes de seguridad en práctica a nivel federal, estatal y municipal, que prohíben, por ejemplo, el uso de celulares al volante o no ponerse el cinturón de seguridad. La gente simplemente ignora las leyes, las cuales raramente sin aplicadas por la policía.
Todo esto en conjunto con la migración de gente de las zonas rurales a las ciudades, quienes no están acostumbradas a manejar en ciudades más densamente pobladas donde el movimiento del tráfico es más rápido. De acuerdo con Rojas, no hay un nexo entre los estudios y las habilidades al volante; “y si algo tiende a ser la gente más educada, es mucho más agresiva”, afirmó Rojas.
Pero no todo son malas noticias, pues México ha experimentado una mejora en la seguridad en los caminos en los pasados dos años. “Hay una tendencia hacia una mejor vigilancia. Esto no será más una epidemia silenciosa –ahora es más conocido el problema”, dijo Rojas.
A pesar que hay un registro muy malo en la seguridad de los caminos, las muertes se han estabilizado en lugar de seguir creciendo, en parte debido a que las autoridades federales y estatales trabajan en conjunto para bajar el problema.
Estrategias como el alcoholímetro de la Ciudad de México también juegan su parte, este programa es visto como un pionero en muchas otras ciudades, pues lentamente va sembrando la idea de que manejar en estado de ebriedad es un crimen y que hay repercusionespara aquellos que lo hagan.
De acuerdo con cifras oficiales de la SSP-DF, la presencia del alcoholímetro ha reducido los accidentes de tránsito en 30%, desde que se lanzó en 2003.