Emily Kat Gómez Ramsey · 4 de octubre de 2012

Existe un concepto en ciencia llamado “baby schema” o esquema de bebé. Básicamente es la concepción científica de la palabra “cute” o “lindo”. Se trata de una serie de características comúnmente encontrados en animales jóvenes y bebés: cabeza proporcionalmente más grande que el cuerpo, frente grande y ligeramente salida, ojos grandes, etc… Nuestra respuesta al esquema de bebé es innato, acapara nuestra atención, nos hace sonreír y lo más importante, nos induce la motivación a cuidar, activando el sistema de recompensa de nuestro cerebro.
En tiempos recientes, si algo hemos aprendido de internet, es que casi todos somos presas del “baby schema” y que muy pocas personas pueden resistirse a ver y disfrutar fotos o videos de animales pequeños. Existen miles de casos. Sólo basta “stumblear” o navegar por youtube para encontrar miles de sitios y videos surgidos expresamente para compartir nuestro amor por disfrutar a pequeños animales. Un buen ejemplo de esto es la página web Thefluffingtonpost.com
Pero más allá de eso, ver videos o fotos de animales bebés ¿tiene alguna aplicación práctica? ¿algún aprendizaje?
Según un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de Hiroshima, sí. Resulta que observar imágenes lindas de animales bebés no sólo nos genera sentimientos positivos y felicidad, sino que también mejora nuestro rendimiento y nos ayuda a concentrarnos más.

Así lo constataron los científicos japoneses en su estudio “The Power of Kawaii” o “el poder de lo lindo”, publicado en la revista de libre acceso PLOS One. Buscando medir el efecto que tiene lo “lindo” sobre el ser humano, llevaron a cabo tres experimentos para examinar los efectos de dichas imágenes sobre la ejecución y rendimiento de distintas tareas humanas.
El primer experimento dividió a 48 participantes en dos grupos. Ambos grupos tuvieron que realizar un ejercicio dos veces, con un intervalo en el que los científicos les proporcionaron fotos de animales. Para el primer grupo se utilizaron fotos de animales bebés y para el segundo, animales adultos. El objetivo era ver si existían incrementos en rendimiento o tiempo y si estos variaban según los animales eran bebés o adultos.
El segundo experimento fue casi igual que el primero, contó con el mismo número de participantes pero con la diferencia de que se añadió un tercer grupo de fotos, esta vez de exquisitos platillos culinarios.
El tercer experimento, en el que participaron 36 personas, buscó medir el tiempo de reacción ante una tarea después de ver imágenes de tres grupo: animales bebés, animales adultos y objetos neutrales.

En los primeros dos experimentos, se encontró que mirar imágenes de animales bebés mejoró el cuidado de los participantes en las tareas y que esa mejora estuvo asociada con un incremento en la velocidad de realización de las tareas y en la intención con la que se hicieron. Por su parte, el tercer experimento demostró que observar dichas imágenes incrementa el enfoque de atención. Las imágenes de platillos gastronómicos no tuvo ningún efecto en mejorar el rendimiento de los participantes.
Por otra parte, en el estudio se utilizó el mismo número de hombres como mujeres para determinar si existían posibles diferencias de género. Mientras que en estudios anteriores se reportaba que las mujeres están mucho más interesadas en bebés y pequeños animales, en este estudio, no hubieron diferencias importantes entre los comportamientos de ambos géneros ante dichos estímulos.
En resumen, lo “Kawaii” no sólo nos hace más felices, sino que también afecta nuestro comportamiento, mejora nuestras habilidades motrices, el cuidado con el que nos desempeñamos y tiene efectos especiales en cognición. Para futuras aplicaciones, concluyeron los investigadores, objetos “lindos” podrían ser utilizados como un estimulante de emociones para inducir tendencias de comportamiento cuidadoso en situaciones específicas, como manejar o trabajo de oficina.