El plato viajero, idea para concientizar sobre uso de desechables

Dulce Ramos · 7 de enero de 2012

El plato viajero, idea para concientizar sobre uso de desechables

Raquel Saavedra insiste tanto sobre la contaminación que generan platos y vasos desechables, que un día del pasado noviembre, alguien se lo tomó a burla.

—A lo mejor si trajeras un plato en la bolsa resuelves el problema ­—le dijo una amiga con sorna.

—Pues no es mala idea, ¡eh! Lo voy a hacer —respondió con una sonrisa la chica de 29 años, dedicada al diseño de vestuario teatral.

Acto seguido, comentó la idea con su hermana Inés, administradora de restaurantes de 31 años y actualmente editora de la revista electrónica Indie Food (@IndieFood).

—No tiene sentido si lo haces y no lo documentas—sugirió la mayor de las Saavedra.

Y así nació el Proyecto plato. La idea original: cargar por un mes con un plato irrompible para que los alimentos de todos los días se sirvan en él. Además, si con el plato se evita que los alimentos se sirvan en un desechable, se debe llevar la cantidad de lo ahorrado.

Al comentarlo con sus amigos, el proyecto se nutrió de ideas: Escribir sobre la comida que se sirve en el plato. Documentar la elaboración de los platillos. Crear un logotipo e imprimirlo en el utensilio. Sumarle un vaso y una cuchara. Llevarlo a otros países.

En menos de un mes tenían una decena de voluntarios para cargar con el plato alrededor del mundo. Raquel lo ha usado desde el 1 de enero y así lo hará por el resto del mes en la Ciudad de México. En febrero, el plato viajará a Londres con un joven actor que cambia de residencia. Él a su vez, lo entregará a un amigo que visitará Fiji en marzo y así hasta pasar por 12 países tan distintos como Canadá, India, Hong Kong, Cuba, Emiratos Árabes Unidos, entre otros.
Todas las ‘aventuras’ del plato y los desechables que ahorre se podrán conocer a través del blog de la revista Indie Food, o a través de la cuenta de Twitter @indiefood. También, por el mes de enero, Raquel actualizará la información a través de su cuenta personal (@raquelsaavedra) y ambas cuentas utilizarán el hashtag #plateproject.

Además del trabajo en las redes sociales, un grupo de colaboradores de la revista electrónica complementará la historia del plato viajero con recetas de los alimentos que se sirvan en él, ofrecerá datos sobre la industria de los desechables, hablará de cómo varían las porciones entre países y abordará otros aspectos de las culturas culinarias con que se tope el utensilio. Las entradas del blog serán traducidas al inglés, pues entre los ‘embajadores’ hay personas que no hablan español.

Raquel Saavedra.

Las hermanas Saavedra aseguran que, tal como sucede con la revista electrónica, todo el proyecto será sin fines de lucro y se sostendrá con trabajo voluntario. Hasta el momento sólo han gastado unos mil 200 pesos que salieron del bolsillo de Inés para comprar tres juegos de plato, pocillo y cuchara de peltre, y la impresión del logotipo en ellos. Los participantes decidieron tener dos ‘sets’ de repuesto para enfrentar cualquier eventualidad.  

Seis desechables y contando

Ocho millones 500 mil toneladas de unicel se producen en México y la mayoría se destina a la fabricación de platos y vasos, según cifras de la Procuraduría Federal del Consumidor. De las más de 12 mil 500 toneladas de basura diarias que se generan en la Ciudad de México, unas 130 son de ese material blanco, acorde con datos de la Comisión para la Gestión Integral de los Residuos Sólidos del DF. Además, la naturaleza tarda hasta 500 años en degradarlo según la Agencia Estadounidense de Protección Ambiental.

Hasta el 5 de enero, el Proyecto Plato había ahorrado tres platos y un vaso de unicel, un vaso de plástico, y uno de cartón. ¿Cuántos se ahorrarán en un año? Las hermanas creen que pueden ser pocos para todos los que se usan en el mundo; sin embargo consideran que el principal objetivo es ‘hacer ruido’ cada vez que alguien carga el plato consigo.

“Lo llevas a una fiesta y hablas del proyecto con la gente. Lo llevas a un restaurante y preguntan de qué trata. Esas personas hablarán con otras y ellas con otras más…”, dice Raquel mientras toma un americano en una pastelería de la colonia Condesa; naturalmente, la bebida fue servida en el pocillo de peltre que carga consigo.

“Por otro lado –agrega Inés—el proyecto es también un ‘performance’ divertido en el que exhortas a no generar tanta basura y el pretexto perfecto para contar qué comiste aquí y qué comiste allá”.

Hasta ahora, Raquel ha comido en sus utensilios la cena de año nuevo, pescado, calamares, calabazas al curry, rosca de reyes (monito incluido) y otros platillos. Los sitios han sido tan distintos como una taquería, un mercado, restaurantes elegantes, casas de amigos y una playa que visitó de ‘pisa y corre’. Sin el hábito de cargar con plato cuchara y pocillo en su bolso, reconoce que al cuarto día lo olvidó en un restaurante.

“Regresé y me dijeron que ahí no estaba. Un momento después llamé y me confirmaron que ellos lo tenían”, cuenta aliviada.

Hasta ahora, a dondequiera que ha ido, el plato ha causado buenas reacciones. En la playa, una vendedora de pescado celebró la idea y aprovechó para servir una ración comprada por un amigo de Raquel ahí mismo. Hace un par de días, en una fonda, la señora a cargo se rio a carcajadas, pero reconoció que era un proyecto interesante. En los restaurantes, los meseros casi no hacen preguntas, pero Raquel siempre les explica de qué trata la idea. Hay algunos que incluso se ofrecen a entregarle los utensilios limpios después de comer.

—¿Promueven entonces que la gente vaya cargando un plato por la vida? —se les cuestiona.

—¡No! –se apura Inés a responder —pero sí se puede ir con un termo por el café o tener una taza en la oficina.

Las personas que son menos entusiastas con el proyecto han cuestionado la decisión de usar utensilios de peltre, la incomodidad de cargar un plato que puede terminar sucio, o el agua que se gasta en lavarlo. Las hermanas creen sobre todos esos argumentos está la intención de cuidar el ambiente y echar a andar un experimento que respalda una causa noble.

Siguiente meta: ayudar a combatir el hambre

El Proyecto Plato se cocinó más rápido que frijoles en una olla express. En noviembre nació la idea, en diciembre se ‘redondeó’ y en enero se echó andar. Todos los colaboradores saben que es un experimento sujeto a pruebas y a errores y se han comprometido a documentar tanto los aciertos como las fallas que enfrenten. Una de las ideas que hasta ahora no se ha podido concretar es que el proyecto tenga impacto en uno de los temas que preocupa al equipo Indie Food: el hambre en el mundo.

Hace tiempo, las hermanas Saavedra escucharon de una idea llamada ‘The Uniform Project’.  A través de él, una chica estadounidense de origen indio se comprometió a usar sólo un vestido negro por 12 meses, como forma de promover una ‘moda responsable’. La chica sólo podía combinar la prenda con accesorios de segunda mano, reciclados o donados. Nada comprado por ella. Además, se impuso el reto de lucir distinta todos los días.

La chica, de nombre Sheena Matheiken, documentó los ‘looks’ en un blog que se volvió un éxito; así que promovió que los visitantes hicieran donaciones. Con lo recaudado –que al final sumó 103 mil 378 dólares—logró que 287 niños de la India pudiesen ir a la escuela por un año.

Las creadores del Proyecto Plato desean dar un giro similar, pero que las donaciones que hagan quienes visiten su blog se destinen a alguna organización no gubernamental que combata el hambre en el mundo, o a un banco de alimentos. Hasta ahora ninguna de las que han contactado ha dado una respuesta positiva, pero reconocen que la rapidez con la que se gestó y se echó a andar la idea ha dejado poco margen para pactar una alianza que aún esperan lograr.
Si el proyecto tiene fallas o no, por ahora no es asunto de preocupación para sus creadoras. Todos Los colaboradores creen en una idea que Inés reduce a una frase.

“No importa si se ensució la bolsa en que se guarda, si el plato se pierde, si al final sólo se ahorraron cinco vasos. Lo importante es tomar acciones y no dejar las ideas en un cajón”.