Dulce Ramos (@Wikiramos) · 28 de agosto de 2011
Siete víctimas del Casino Royale aún siguen sin nombre. Tres días después del horror causado por el peor ataque del crimen organizado en el país, sólo 45 de las 52 familias que perdieron a un ser querido ya han podido rezar junto a un féretro; sin embargo, todavía hay quienes no han podido decir: ‘ella era mi hermana. Mi hija. Mi madre’.

Desde el viernes 26, cuando la ProcuraduríaGeneralde Justicia del Estado (PGJE) hizo públicos los nombres de los fallecidos, una leyenda ha aparecido al final de la lista sin cambio alguno. “Siete cuerpos calcinados no son valorables para su identificación”.
Para que esos restos tengan nombre y apellido, las familias deben librar batallas ante la burocracia. Un peregrinar en el que deben enfrentarse al Ministerio Público, al Servicio Médico Forense (Semefo), a la Oficina de servicios Periciales. Es un vía crucis en el que se topan con la indolencia de la burocracia que no parece humanizarse ante tragedia alguna.
El Servicio Médico Forense se encuentra en el Hospital Universitario. En el cruce de las avenidas Gonzalitos y Francisco I. Madero.
Unas puertas de cristal impiden la vista y esconden un poco el olor penetrante a carne en descomposición. Tras ellas se encuentra una oficina sucia con una sola ventanilla de atención al público. La pared amarillenta de la izquierda está tapizada con retratos de hombres y mujeres. “Ayúdanos a encontrarlo”, se lee en una fotografía. “Se busca”, dice otra. Y como esas, decenas.

Tras el vidrio, cuatro jóvenes médicos revisan papeles sin apenas levantar la vista y —al parecer—ya están bastante acostumbrados a ese olor putrefacto que se incrusta en la nariz y pica en la garganta.
—¿Quién es el encargado?
—Ella —responde un joven veinteañero y señala a una doctora con mayor edad y jerarquía.
La doctora, alta, morena, con el cabello recogido hacia atrás, dice llamarse Daniela. Al cuestionarla sobre los cuerpos que aún no se identifican, repite casi lo mismo que la lista de la Procuraduría.
—Son siete y como están calcinados, no es tan sencillo identificarlos.
—¿Y que procede si busco a alguien?
—Ir aquí arriba al Ministerio Público.
‘Cruce Gonzalitos’
La delegada del Ministerio Público, Teresa Chávez ve desde su oficina parturientas listas para ingresar, pacientes de urgencia y familiares que esperan noticias de su enfermo. Su escritorio es tan grande como la lejanía con que se dirige a quien pregunta qué pasos debe seguir para saber si uno de esos siete cuerpos sin identificar, es de algún familiar.
—Tiene que ir aquí abajo al Semefo.
—Pero en el Semefo me dijeron que viniera aquí arriba.
—Entonces tiene que ir a la agencia 3, de homicidios.
—¿Y esa donde queda?
—Aquí, cruzando Gonzalitos.
Esa es toda la instrucción. Ni un croquis. Ni una dirección exacta. La delegada, que nunca se levanta de su silla, ofrece la información a cuentagotas a pesar de que por su oficina han pasado personas foráneas que apenas conocen Monterrey y no tienen obligación alguna de saber dónde queda Gonzalitos.

En la oficina de al lado, la Trabajadora SocialMaría Idalia Liceaga, tampoco separa la vista de las formas rosas que revisa y firma.
—¿Aún queda alguna persona que busque a un familiar entre los cuerpos sin identificar?
—Sí. Hace rato vinieron unos de Tamaulipas, pero ya se fueron a hacerse la prueba de ADN
—¿A dónde?
—No sabría decirle.
En el segundo nivel del estacionamiento del Hospital Universitario, los gobiernos municipal y estatal colocaron la Mesa Única de Atención a Víctimas para atender a quienes perdieron a algún familiar en el Casino Royal. La información circula en la prensa local, pero ni en el Forense, ni en el Ministerio Público ni en Trabajo Social mencionan que existe.
Desde el día de la tragedia, los familiares han tenido que juntar una fortaleza extraordinaria para buscar los restos de su ser querido.
Jorge, cuñado de Flor María González —fallecida en el Casino— saca de su cartera un trozo de papel con el número uno escrito con marcador azul, y un sello estampado. Es el turno de atención en el Semefo.
Si existe ese comprobante hechizo, es por iniciativa suya. Para evitar que reinara el desorden, Jorge comenzó a numerar a los dolientes conforme llegaban a pedir informes. Toda la organización, fue iniciativa de personas que, encima del dolor, deben toparse con la burocracia.

De vuelta en el Ministerio Público se le pide a la delegada que aclare los pasos a seguir para reclamar uno de los siete cuerpos aún no identificados.
–En la agencia 3 le tienen que hacer el estudio de ADN. Después ellos tienen que mandar el oficio a Servicios Periciales.
–¿Y cuánto pueden tardar los resultados?
–Pues depende… unos 15 días. O hasta un mes.
Al lado de ella, un hombre sin identificar que permanece sentado, sólo asiente y asiente con la cabeza.
‘Vaya al Universitario’
En el edificio que alberga la agencia 3, especializada en “delitos contra la vida”, unos trabajadores levantaron recientemente una enorme barda. Es un escudo de concreto para resguardar a los trabajadores ante un eventual ataque.
En el mostrador de información, una empleada le pregunta a otra y ésta a uno más.
–¿Las personas que todavía buscan familiares del casino…?
Un treintañero se acerca y responde.
–Vaya al Servicio Médico Forense.
–Pero si de allá vengo.
–Allá es donde les están haciendo la prueba de ADN.
–Pero allá me dijeron que viniera aquí.
Y hasta ese momento recuerda la existencia dela Mesa Única de Atención a Víctimas.
–En el Universitario hay un módulo. Yo le recomiendo que se acerque ahí.
–¿Dónde está?
–Ahí cerquita del Semefo.
Una vez más, la información es inexacta. Mientras, el tiempo corre. A los días de espera angustiosa se suman minutos y minutos de un peregrinar ante autoridades que desconocen sus propias decisiones.