Gabriella Morales-Casas · 12 de febrero de 2012
La joyería en plata ya no tiene que ser una pieza de souvenir. Los nuevos diseñadores mexicanos han llevado el metal .925 hasta la pasarela, y muchos de ellos, con diseños de marcada mexicanidad convertidos glamour.
Una de las máximas exponentes del diseño indigenista es Dalia Pascal, quien con su original brazalete “Paloma en papel Picado”, ganó la categoría profesional en el Concurso Nacional de Joyería en Plata del Siglo XXI, en 2008, organizado por el INBA.

Aunque es uruguaya de nacimiento, llegó en su adolescencia a México, donde estudio Orfebrería, lo que definió su pasión artesanal. En 2009, cuando lanzó su colección de bolsos y carteras, incluyó sedas y huipiles del Istmo de Tehuantepec, directamente de manos de las artesanas.
Otra joyera que combina la plata con materiales originales es Martha Vargas, creadora de piezas grandilocuentes, caracterizadas por el uso de la madera de Cuéramo, árbol de la Tierra Caliente de Michoacán, su lugar de origen.
La porosidad de esta madera permite a cada trozo “ser único”, dice la diseñadora, y por lo tanto, ninguna joya será igual a otra.
Vargas, además, ofrece talleres personalizados en las comunidades michoacanas, “para ayudarlos a comercializar productos más allá de la artesanía”, mientras que Pascal participan en programas de capacitación gubernamental con los indígenas de Guerrero y Chiapas.

Piñatas de plata
Otras propuestas son las que no utilizan materiales autóctonos, sino diseños muy típicos “pero con una visión fashionista”, dice Martha Benítez, Gerente de Tendencias y Mercadotecnia de la minera Industrias Peñoles, una de las proveedoras más fuertes de la plata en el país.
Entre ellos está el taxqueño Oscar Figueroa, ganador de la Sexta Bienal Nacional de Diseño 2011, con su colección “Mosaicos del Tiempo”, elaborada con artesanos guerrerenses. También creó la colección permanente llamada “Identidades”, inspirada en nopales.

En Guadalajara, el joyero Francisco Sánchez y sus hijas han posicionado tres líneas propias: Flora María, especializada en ámbar con plata; Citlali, de diseños prehispánicos, y Gabriela Sánchez, famosa por sus figuras de piñatas, baleros y agaves de plata con pedrería semi-preciosa.

Otra artista atraída a las joyas indigenistas es la oaxaqueña Cristina Palacios, distinguida por utilizar la técnica de la filigrana en plata con evocaciones a la flora y fauna de su tierra a través de sus piezas.
Dice la crítica Anna Fusoni, autoridad en la moda nacional, que el trabajo realizado por estos autores le ha dado un valor agregado a la joyería típica mexicana “han entendido muy bien que no debe ser siempre folklórica”.
Un mundo aparte es el del artista plástico Sergio Bustamante, reconocido escultor con 35 años de trayectoria, que ha transportado su obra a la joyería en plata y también a los accesorios, como los bolsos.
Gracias a su obra, cuya insignia son los rostros en lunas y soles con un guiño a lo Remedios Varo –las presentó a gran escala en la clausura de los pasados los Juegos Panamericanos de Guadalajara-, la artesanía mexicana traducida en joya tiene una fuerte presencia internacional.

Tiempos modernos
Ante toda esta oferta, es importante mencionar que el gran boom de la moda en plata se gestó a fines de los años 90 con el impulso logrado por Daniel Espinosa -originario de Taxco, que hoy tiene boutiques hasta en Rusia-, Tanya Moss y más tarde, Mauricio Serrano.
Si bien las grandes casas de plata como el Taller de los Ballesteros, TANE o Los Castillo han sido los principales promotores de la plata .925 como pieza de lujo, fueron los diseños de vanguardia de Espinosa y Moss los pioneros en la joyería fashionista, y los que abrieron la puerta a nuevas marcas independientes.
Quedan lejanos aquellos viejos años 30 cuando el estadounidense William Spratling innovó la joyería de plata en Taxco…La moda mexicana del Siglo XXI le ha dado otra cara al tradicionalismo de la plata mexicana.