Paris Martínez (@Paris_Martínez) · 8 de agosto de 2011
Para explicar “estos actos besucones, que tanto nos han criticado“, dice Javier Sicilia en referencia al abrazo que dio a Calderón, al beso en la mejilla con que se despidió de Beltrones o los que depositó en las manos de Vázquez Mota y de la procuradora Marisela Morales, vienen a cuento las palabras de otro como él, poeta también, peruano éste, ido hace ya 73 años, César Vallejo.
“Me viene –declama Sicilia–, hay días, una gana ubérrima, política / de querer, de besar al cariño en sus dos rostros, / y me viene de lejos un querer / demostrativo, y otro querer amar, de grado o fuerza, / al que me odia…”
El dirigente del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, que aglutina a víctimas de la violencia en México, habla “ante las puertas del poder”, en el Zócalo capitalino, durante el arranque de la campaña de recaudación Un Peso por la Paz, y ahí responde a sus detractores y a quienes vieron en sus estrategias, en sus besos y abrazos, señales de ambigüedad: “Cada beso intercambiado –aclara–, cada abrazo entregado, cada conversación sostenida, cada discurso dado, son un signo de paz, y a través de ellos no dejamos de decirles a los poderosos de esta nación, y a los señores de la muerte, que nada, ni su crueldad, ni sus armas, ni su desprecio por la vida, nos arrancará la dignidad, ni la alegría del amor y de la paz que nace de nuestro dolor…”
–A Javier Sicilia hay que entenderlo no sólo en su dimensión pacifista –abunda Emilio Álvarez Icaza, del grupo dirigente del Movimiento por la Paz, al respecto de lo que él denomina ‘mensajes de encuentro’–, no hay que entenderlo sólo en su dimensión cristiana, gandhiana, no violenta… hay que verlo también como alguien que intenta recuperar valores humanos.”
El exombudsman de la Ciudad de México pone un ejemplo: “El abrazo a Felipe Calderón representa, simbólicamente, un acercamiento entre víctimas y Estado, pero también representa al ciudadano que se conduele con aquel que ha tomado decisiones por las que será sometido al juicio de la historia.”
–Pero, ¿esto no fue leído de otra forma por distintos sectores del espectro político y social mexicano? –se le pregunta.
–Manifestaciones como los besos han desconcertado profundamente a quienes creen que los procesos de diálogo son para explicitar enemistades, odios y mentarse la madre –explica–, se trata de gente que cree que estas expresiones restan seriedad, fondo o sustancia al proceso político articulado y es muy interesante ver que esas reacciones vinieron lo mismo de izquierdas que de derechas.
“Sin embargo –añade–, el mensaje que con estas expresiones manda el Movimiento por la Paz es más profundo, es el de mostrar confianza en aquellos en quienes nadie confía, le estamos tomando la palabra a los que nadie les toma la palabra, que son los políticos… ellos no son un enemigo a destruir, los vemos como integrantes de la sociedad que deben recuperarse, ganarse, que deben ser convencidos de que el rumbo que han dado al país es incorrecto.
Pero no todo el discurso simbolista del Movimiento debe ser extraído de los gestos, las palabras, los abrazos, reflexionaba días antes Pietro Ameglio, académico especializado en procesos sociales de paz y también colaborador de Sicilia.
–Las acciones tienen un significado aún mayor –decía Ameglio, acalorado, aún frente a la Cámara de Diputados, justo después que el poeta diera por suspendido el diálogo con los poderes Legislativo y Ejecutivo, el pasado viernes–; los gestos simbólicos, como el abrazo que Sicilia dio a Calderón (y que no fue un abrazo de cariño, sino de lucha), no son menores, pero pasan a segundo plano ante acciones como la negativa del Movimiento a participar en un diálogo simulado con la clase política; o ante la convocatoria a una jornada de protesta nacional, el próximo 14 de agosto, contra la guerra del presidente; o ante la Caravana al Sur, anunciada para septiembre, para unir aún más a las víctimas del Estado y del crimen organizado…
Es así, pues, que de lo que se trata todo esto, ya sea a nivel simbólico o práctico, ya sea con besos o con marchas, es de “ponerle un pajarillo al malvado en plena nuca”, tal como decía el gran César Vallejo.
Reanudación del diálogo
Ayer mismo, mientras boteaba en el Zócalo, Javier Sicilia aprovechó para dar por “buena señal” del Poder Legislativo el llamado para reanudar el diálogo, que formularon el pasado viernes la Junta de Coordinación Política del Senado y la Comisión de Gobernación de la Cámara de Diputados.
Sicilia anunció que este lunes se reunirá la coordinación general del Movimiento por la Paz, para analizar la ruta a seguir para reanudar las conversaciones tanto con los legisladores, así como las mesas de trabajo con la Secretaría de Gobernación, también suspendidas a finales de la semana pasada, tras la aprobación en comisiones del predictamen sobre la Ley de Seguridad Nacional, documento que las víctimas rechazan.
“Esperemos que en la semana que inicia haya un mensaje contundente, para reiniciar el diálogo”, confió.