Manu Ureste (@ManuVPC) · 12 de mayo de 2012

“Al principio nos recibieron con los brazos abiertos, teníamos cierta esperanza. Pero, ¿cuánto puede durar esto? Llevamos aquí meses. La gente soporta una enorme tensión. Han perdido a sus familias, han perdido sus pertenencias, sus papeles. Se están volviendo locos y quieren salir de este campamento cuanto antes…”.
Historias como la de Emmanuel, un congoleño de 40 años refugiado en el campo de Shousha (Túnez), abundan entre las improvisadas paredes de lona y barrotes de hierro que forman este campamento que acoge a cientos de personas que un día se vieron en la necesidad de huir –perdiendo en un abrir y cerrar de ojos sus casas, pertenencias, la comida, su intimidad, su seguridad, y en los casos más trágicos incluso a sus propias familias- por el estallido de una crisis armada o el azote de la propia Naturaleza.
Sin embargo, a pesar de las cientos de miradas –mezcla de miedo y esperanza- que nos estudian desde fotografías plasmadas en blanco y negro, y el fuerte olor a cloro y a desinfectante que fluye por estos pabellones equipados con quirófanos de campaña, refrigeradores que conservan vacunas contra el sarampión, la malaria o el cólera, y camillas especiales para tratar a personas con problemas severos de desnutrición y deshidratación, no nos encontramos, aunque lo parezca, en Dadaab, Kenia, ni tampoco en algunos de los campos de refugiados de Afganistán, Túnez o Somalia.
En realidad, este campamento al que se llega tras recorrer un estrecho sendero de tierra arcillosa, se encuentra instalado en medio de un bosque repleto de árboles por los que trepan decenas de ardillas, a unos metros del Museo Nacional de Antropología, y a pocos pasos de una inmensa fila de coches y camiones que vomitan carburante quemado y estridencias en su lento peregrinar hacia Santa Fe.
Estamos en México Distrito Federal, en el campo de refugiados que Médicos Sin Fronteras ha instalado en el corazón de la ciudad.
“Es una exposición muy interactiva; van a conocer las experiencias de nuestro personal en diferentes misiones por el mundo atendiendo a personas refugiadas”
“La gente que venga a la exposición se va a encontrar con personal médico-humanitario que ofrecen un tour guiado, donde se explicarán los elementos cruciales que un refugiado o desplazado debe superar para sobrevivir“, explica en entrevista para Animal Político José Luis Michelena, director de comunicación de Médicos sin Fronteras en la delegación de México.

“Es decir -puntualiza-, aparte de que puedan ver las instalaciones que forman un campamento de refugiados, la gente va a conocer las experiencias del personal que ha estado en diferentes misiones atendiendo a personas refugiadas. Se trata de una exposición muy interactiva, de compartir experiencias, de hacer preguntas a los médicos y conversar”.
Tras las primeras respuestas, José Luis Michelena comienza el tour guiado por los pabellones que recrean diferentes locaciones en el mundo. “La exposición se basa principalmente en contextos africanos -explica-, pero también le quisimos dar un perfil más mundial y latinoamericano”, señala mientras en el Pabellón de Psiquiatría, un par de dibujos realizados por niños que han padecido los estragos de la guerrilla en Colombia -en ellos aparecen portando armas- se mueven ligeramente con el paso del viento que anuncia el ocaso de la tarde.
“Uno de nuestros principales pabellones es el de la salud mental -continúa Michelena la exposición-. Para Médicos Sin Fronteras la salud mental se está convirtiendo en una parte esencial, ya que prevenir el estrés postraumático requiere de una intervención inmediata en poblaciones que han sufrido un shock por situaciones de catástrofes naturales o por situaciones de refugio por conflictos armados”, apunta.

Y es que, como el propio Michelena incide al respecto, Médicos Sin Fronteras es una organización humanitaria que va más allá de doctores con bata blanca y estetoscopios rodeándoles el cuello. “La mayoría de la gente piensa que aquí sólo hay médicos, y no. Para montar un campamento así –abre los brazos abarcando la superficie donde están instaladas las carpas- se requiere de gente de muchas profesiones: desde gente que se encarga de proveer agua y electricidad; a personas que se ocupan de que los quirófanos funcionen y de que los refrigeradores mantengan en buen estado las vacunas. Por eso, en campamentos como éste vas a encontrar muchos ingenieros, arquitectos, administradores, reclutadores locales, psicólogos…”.
“En Médicos Sin Fronteras estamos allá donde hay sufrimiento”
En cuanto a la respuesta y el interés que la ciudadanía ha mostrado en esta exposición interactiva, el responsable de comunicación de esta ONG, la cual estuvo presente en las principales catástrofes que han azotado al país –el terremoto del año 85, los huracanes Pauline, Mitch, Isidoro (1998, 1999 , 2002), las inundaciones en Tabasco (2007)- y que en la actualidad está llevando a cabo proyectos de atención sanitaria a la población transmigrante en Chiapas y Oaxaca, se dice muy satisfecho.
“La respuesta ha sido muy buena; la gente sale muy sorprendida del tour guiado -afirma sonriente-. Porque, además, en México este tipo de temas internacionales, donde lo mismo se habla de refugiados en Líbano, Somalia o Afganistán, es algo que no está en el lenguaje cotidiano del país. Pero hemos visto que salen muy conmovidos, muy emocionados. Por eso creemos que estamos consiguiendo poner en la agenda de los medios y de los ciudadanos este tipo de temas que no son tan conocidos”.
“Es importante que en México entendamos que el sufrimiento no tiene fronteras y que la atención tampoco debe tenerlas”
Quizá por ello, para que estos temas dejen de verse como algo muy lejano, como desgracias que afectan a miles de personas pero en países de nombre exótico que muy poco o nada nos suena, el principal llamado que hace esta organización médico-sanitaria internacional es a despertar las conciencias en un mundo globalizado pero cada vez más individualista.
“Es importante de que todos nos sensibilicemos con lo que pasa en el mundo-expone Michelena mientras muestra cómo es el interior de un pabellón donde se atienden a personas afectadas por el cólera-. A veces nos centramos mucho en nuestro propio país y por eso llevamos a cabo este tipo de iniciativas: para que la gente abra a los ojos y se percate de que hay gente sufriendo en todo el mundo”, refiere al tiempo que coloca en su sitio una manta térmica de color dorado.
“Debemos sensibilizarnos de la realidad que se vive afuera; hay que abrir las fronteras de nuestra mente”
“Porque para Médicos Sin Fronteras -añade- no es relevante el estatus legal de una persona; es decir, nos da igual que sea alguien refugiado o desplazado. Nosotros estamos donde hay sufrimiento. Y es importante que la población en México entienda que el sufrimiento no tiene fronteras y que la atención tampoco debe tenerlas. Debemos sensibilizarnos de la realidad que se vive afuera. Y hay que abrir las fronteras de nuestra mente y ser conscientes de que el sufrimiento no se compara; no se puede decir si sufre más el que está en un campamento en Somalia o el que está en Chiapas, son situaciones distintas. Lo que debemos hacer -concluye Michelena al tiempo que el sol ha dejado prácticamente su lugar a la oscuridad de la noche- es actuar ante cualquier tipo de sufrimiento sin importar de dónde sean las personas. Esa es nuestra filosofía”.

“No es chovinismo, pero los médicos mexicanos de MSF están muy bien reputados”
Sobre la situación de los doctores que forman parte de Médicos Sin Fronteras, José Luis Michelena asegura que en la delegación “están muy orgullosos”, ya que tres médicos nacionales forman parte del grupo de emergencias, “algo así como el equipo médico de élite”. “Son doctores con mucha experiencia -explica-, los cuales siempre están en la reserva y que mañana mismo pueden partir a cualquier parte del mundo para cubrir una emergencia sanitaria”.
“Los médicos mexicanos están muy bien reputados -añade-. Se trata de médicos muy especializados, pero además tienen mucha experiencia en trabajar en el medio rural con pocos recursos y en la toma rápida de decisiones. No es chovinismo, pero donde hay un médico mexicano en países como Sudán o Mozambique, hay muy buena recepción y muy buenos comentarios de lo que pueden aportar”.
Video: José Michelena explica cómo se atiende en Médicos Sin Fronteras una situación de crisis por la enfermedad del cólera.
Video: Miles de somalíes sufren la crisis humanitaria que se vive en el cuerno de África.