Dulce Ramos · 25 de septiembre de 2013

La intervención a la escultura de Carlos IV en el Centro Histórico de la Ciudad de México, conocida comúnmente como “El Caballito”, podría haberla lastimado de forma irreversible, denunció esta semana el secretario técnico del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), César Moheno.
Dicha operación a la obra del escultor Manuel Tolsá, que adorna la entrada al Museo Nacional de Arte, y que fue encargada al Fideicomiso del Centro Histórico del Gobierno del Distrito Federal, fue iniciada sin el permiso del INAH y, según denuncia esta institución, cubre ya un 35% de la superficie de la escultura.
“El método parece estar generando reacciones en la aleación del bronce, que en ningún momento debería tener el aspecto cobrizo que se puede ver en las diferentes imágenes y se pudo constatar durante la inspección,” lamentó Moheno.
“Falta de comunicación”
En mayo pasado el Comité de Monumentos y Obras Artísticas en Espacios Públicos de la Ciudad de México realizó un diagnóstico de la situación de las esculturas públicas existentes en el Centro Histórico y otras zonas de la ciudad, entre ellas la estatua de “El Caballito”.
El deterioro detectado en dicha obra consistió en fracturas y fisuras de hasta 15 centímetros de largo en distintos puntos, así como diversas degradaciones y una densa capa de dióxido de carbono, polvo y grasa producida por la exposición del monumento durante largo tiempo al tráfico vehicular, a la acidez de la lluvia y a otros impactos de la vida urbana.
El Comité determinó desarrollar un proyecto de conservación y mantenimiento de “El Caballito”, el cual fue encargado al despacho especializado “Marina, restauración de monumentos”, equipo que ha restaurado esculturas y monumentos históricos de la capital durante el último par de décadas, entre ellas las esculturas y fuentes de la Alameda Central, el Reloj Chino de Bucareli y las estatuas de José Vasconcelos, Leona Vicario y Sor Juana Inés de la Cruz.
Tras haberse contratado a “Marina” para los trabajos, el pasado 19 de septiembre su equipo de trabajo procedió a colocar andamios y a realizar las primeras acciones de limpieza sobre la escultura. Sin embargo, el titular del despacho “no esperó a la confirmación de las autorizaciones pertinentes por parte del INAH, ni informó cabalmente a los titulares de la Autoridad y el Fideicomiso del Centro Histórico de la Ciudad de México sobre el arranque de los procedimientos”, informó la Autoridad y Fideicomiso del Centro Histórico de la Ciudad de México a través de un comunicado.
No fue hasta que surgieron señalamientos ciudadanos en redes sociales, que la Autoridad y el Fideicomiso se percataron de la situación e instruyeron la suspensión inmediata de los trabajos.
Fue un “lamentable problema de falta de coordinación” con el INAH, admitieron las instancias responsables de la gestión del Centro Histórico.
Debate
De acuerdo con especialistas del INAH, los tratamientos a la obra fueron sumamente agresivos. “Se utilizó ácido nítrico al 30%, lo que elimina la pátina que ha protegido de manera natural al metal original desde su creación”, expuso Moheno.
El Fideicomiso del Centro Histórico (FCH) niega que se hayan producido daños irreversibles en la obra. Expone que, más bien, se ha abierto un debate sobre la mejor forma de efectuar mantenimiento a la pieza, debate que “tiene lugar en todo el mundo a propósito de la rehabilitación de esculturas en Venecia, Roma o Madrid”.
“Será hasta que la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural del INAH dictamine sobre el proyecto presentado y hasta que sus técnicos realicen las valoraciones en campo necesarias, que se determinará si el procedimiento iniciado fue el correcto”, apuntan.
Con información de Reforma.