Eréndira Aquino · 17 de marzo de 2026
En el corazón de Ecatepec un grupo de mujeres está sembrando una revolución. A través del programa “Semilleros de Cuidados”, Celeste, Carmen y Karina aprendieron que criar sin violencia es un acto que puede sanar a toda una comunidad, y sus testimonios son el reflejo de una transformación que empieza en el ámbito doméstico y familiar.
Celeste tiene 32 años y es madre por cuenta propia de dos hijos. Esa circunstancia le provoca un sentimiento de soledad, debido a la sobrecarga de labores y responsabilidades que debe asumir. Al sumarse a “Semilleros” se encontró con otras mujeres que se encuentran en situaciones similares a la suya lo que la hizo sentir “comprendida y apoyada”.

“Muchas compañeras que entraron estaban muy sobrecargadas e igual que yo, veían mal el autocuidado y ponerse como prioridad. Algunas lloraban cuando descargaban lo que no pudieron hablar en muchos años porque no había quien las escuchara o no se sentían comprendidas”, cuenta Celeste. A pesar de la presión, procura siempre aplicar una “crianza respetuosa” con sus hijos y a partir de esta formación ha logrado también mejorar su comunicación con ellos.
En el programa aprendió a ver las cosas “de otra manera”. Entendió que “la violencia se genera dentro de la familia, en casa y que la crianza positiva influye también en (la disminución) de la violencia fuera del hogar”. Por ello, considera importante que iniciativas como esta se repliquen en otros espacios.
Mayra Rojas, directora de la asociación civil Paz Cívica, es quien se encargó de implementar este “piloto”. Explica que la decisión de trabajar el tema de cuidados en Ecatepec responde a que se trata de “uno de los municipios más grandes y más complejos en el Estado de México y en el país, por su gran extensión, la heterogeneidad y el número de población que está atravesada por una serie de violencias estructurales”.
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El Estado de México tuvo 47 mil casos de violencia familiar en 2025. En el mismo año, Ecatepec registró 681 desapariciones y 13 feminicidios.
“Nos preocupan las condiciones en que niñas, niños y adolescentes están siendo cuidados y cuáles son las condiciones de aquellas mujeres que se dedican al cuidado. Con una encuesta que realizamos a las participantes pudimos conocer su perfil y encontramos que sólo el 17 % tiene un trabajo formal; 17 % vive con una pareja, mientras el resto son madres autónomas que realizan labores de cuidados en su hogar durante más de 112 horas a la semana”, detalla Rojas.

En un cuestionario aplicado a las 36 personas, en su mayoría mujeres, que se integraron a la primera generación del programa, se les preguntó qué es lo que más necesitan para mejorar su calidad de vida. El 70 % respondió que se requieren apoyos económicos, 12 % que hacen falta servicios de cuidado para niñas, niños y adolescentes, y el 18 % dijo que necesitan seguridad ciudadana.
Un panorama que, de acuerdo con Paz Cívica, repercute en la salud física y mental de las personas cuidadoras, pues 74 % de las encuestadas señaló vivir con estrés y el 87 % mencionó sentirse fatigada por las responsabilidades familiares, lo que “atravesado con las condiciones de violencia estructural da un carácter de urgencia a intervenir el territorio”, apunta Mayra Rojas.
Tras concluir con la formación del primer grupo, la organización informó que se generaron transformaciones a nivel individual, familiar, comunitario, institucional y público.
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A nivel individual, con el programa “ocurrió la ruptura de ciclos de violencia intergeneracional para dar paso a una crianza reflexiva, empática y centrada en el vínculo. En el nivel comunitario, se fortaleció la construcción de redes de cuidado entre las participantes, que operan como mecanismos de protección frente al aislamiento, la sobrecarga y la precariedad institucional del territorio”, detalló Paz Cívica.
Estos cambios pudieron observarse en la postura de las participantes en cuanto a las prácticas punitivas, pues al inicio del proyecto el 85.7 % reconoció recurrir al castigo físico, y después del programa el 89.5 % dijo que nunca usaría el castigo físico y prefería un estilo de crianza reflexivo, empático y con enfoque de derechos de niñas, niños y adolescentes.
Karina, de 27 años, refiere que compartir esta experiencia de aprendizaje con otras cuidadoras fue “algo maravilloso, porque nos pasaron libros, canciones, cuentos y métodos para canalizar emociones”, sobre todo para quienes, como ella, ejercen la crianza de manera autónoma.
Como madre y cuidadora de un niño de 8 años, la joven plantea que además de la necesidad de que este tipo de programas se amplíen a otros lugares del país, se requiere que existan lugares “donde los niños se puedan desarrollar libres de violencia y de inseguridad”.

A sus 57 años, Carmen cuenta que decidió pasar su tiempo libre como jubilada para realizar voluntariado en hospitales, brindar contención psicológica en un plantel escolar y seguirse preparando como tanatóloga, y ahora también en cuidados y crianza con enfoque de derechos y construcción de paz.
“Si yo estoy bien, mi entorno va a estar bien y al estar bien mi entorno va a tener un impacto en la sociedad; si yo disminuyo la agresión desde mi ámbito familiar, estoy enseñando a mi familia otras formas de convivir”, resume Carmen los aprendizajes que tuvo en los cuatro módulos del taller que se impartió en las instalaciones del Sistema DIF de Ecatepec.
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Pese a que no es cuidadora de ninguna persona, subraya que ha recibido cuidados, “y en un acto de reciprocidad quiero hacer lo que en algún momento hicieron por mí. En esa búsqueda de ayudar comencé con el clown hospitalario y ahora con este programa”.
Tomando como ejemplo del impacto de este programa en los casos de Celeste, Karina y Carmen, Paz Cívica adelantó que buscará llevar a nuevos territorios el modelo de intervención, ya que “la idea es seguir sembrando cuidados para cosechar paz”.
Recomendó a las instituciones públicas avanzar en el reconocimiento del cuidado como un derecho humano, invertir en modelos comunitarios de cuidado y promover la corresponsabilidad de distintos sectores sociales en estas labores.