Tania L. Montalvo (@tanlmont) · 9 de febrero de 2014

Cuando Joseph Michael Kai-Tsu tomó la decisión de correr descalzo desde Montreal, Canadá, hasta Ushuaia, Argentina, supuso que el recorrido le permitiría “hacer cosas diferentes”, pero siete meses después de haber comenzado y tras llegar a la mitad del camino, cree que la experiencia le permitirá trascender como alguien que ayudó a comunidades de distintos países.
Por sus raíces, Joseph se define como un hombre de tres sitios -China, México y Canadá-, lo que también lo llevó a buscar una aventura “mundial” con la que a sus 32 años de vida pudiera “quedar marcado”.
“La meta es cruzar el continente americano por 14 países y correr afiliado a 14 fundaciones educativas de cada país para recaudar fondos para que estas fundaciones empujen nuevas formas de entender la educación, sistemas que complementen los métodos tradicionales”, dijo este corredor en entrevista en la Ciudad de México, en donde tomó unos días de descanso.
Tras pasar por Canadá y Estados Unidos y celebrar Navidad y Año Nuevo con su familia, Joseph llegó oficialmente a México en enero. Aunque en su sitio web se establece que su recorrido por el país sería básicamente por el Golfo de México, la nueva ruta contempla —en una primera etapa— pasar por Monterrey, Saltillo, San Luis Potosí, Guanajuato, Querétaro y la Ciudad de México y según sus estimaciones, en aproximadamente tres meses cruzar la frontera sur.
Ésta es la primera vez que no corre solo, pues el gobierno le proporcionó una escolta de la Policía Federal que lo acompañará para recorrer todo el territorio nacional y recaudar fondos para la organización Acortar Distancias, que fue elegida por su trabajo con comunidades rurales ubicadas en la periferia de la ciudad de Guadalajara y enseñar a jóvenes a administrar su tiempo libre.
¿Por qué descalzo?
Hay dos razones fundamentales, explica Joseph. Una, que es la mejor forma para no preocuparse por cargar tenis, tener un patrocinador de zapatos deportivos y sobre todo, de reponerlos cada tres semanas, pues en ese tiempo corre los 300 a 500 kilómetros de vida útil del calzado.
Pero lo más importante, es que correr descalzo implica para él una filosofía que lo devuelve a los orígenes del hombre. “El cuerpo está diseñado para correr descalzo y te ayuda a fortalecer los músculos que no usas cuando usas tenis”.
En estos siete meses de recorrido, Joseph recuerda dos veces en los que estuvo a punto de ser atropellado. La primera por imprudencia de una conductora, pero la segunda porque al trazar su ruta por Estados Unidos no contempló que se cruzaría con un puente en el que no había acotamiento y en donde terminó subido a una barda de contención para evitar que un tráiler le pasara por encima.
“Por eso es que mi papá sí está muy preocupado. Él está en Montreal, pero como no está metido en esto de las redes sociales no se entera de tanto. Pero su apoyo y el de mis hermanos es fundamental para lograrlo”.
En esta carrera de 19 mil kilómetros, —que inició corriendo 50 kilómetros diarios y ahora cambió por 30— Joseph cuenta también con el apoyo de sus diez hermanos, dos de ellos encargados del área de Relaciones Públicas.
Cuando inició todo, acababa de terminar la carrera de Ingeniería Industrial en la Universidad de Concordia, que fue fundamental en trazar una ruta por el continente en la que pudiera ir “huyendo del invierno”.
No tiene una fecha límite para llegar a Ushuaia, en Argentina, está convencido de que fuerzas no le faltarán para alzar los brazos en señal de triunfo cuando lo logre. Pero para cuando eso ocurra ya hay dos nuevas aventuras que tiene en mente: hacer una película sobre su recorrido y regresar en un avión a Montreal.
Puedes seguir a Joseph en su recorrido a través de www.runningtotheendoftheworld.com