Redacción Animal Político · 28 de agosto de 2024
Desde que comenzó a operar el programa Cátedras Conacyt, después nombrado Investigadores por México, las y los académicos que fueron contratados en distintas instituciones educativas señalaron diversas problemáticas en sus adscripciones, sin que estas hayan sido atendidas, y en 73 casos estos reclamos derivaron en despidos injustificados.
“En mi caso, todo empezó cuando el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), donde me encontraba adscrita, terminó su convenio con el Consejo Nacional de Humanidades, Ciencia y Tecnología (Conahcyt). Nos mandaron un correo electrónico en mayo de 2023 para avisarnos que teníamos que empacar nuestras cosas, respaldar nuestros correos electrónicos y proponer una nueva institución receptora”, recuerda S., una de las académicas afectadas.
Esto, implicó la dificultad “de encontrar una institución afín con mi trabajo, y que hubiera apoyo o aceptación por parte de los centros, donde en algunos casos ya no quieren saber del Conahcyt por la relación tensa que hubo en esta administración con la comunidad científica”.
S propuso como nueva institución la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), y mientras recibía una respuesta por parte del Conahcyt buscó una estancia de investigación en Inglaterra, donde se encontraba cuando le notificaron que había sido aceptada”… pero al volver a México, en esta institución le avisaron que no tenían convenio con Conahcyt.
“Fue en este contexto que me rescindieron”, reclama S., quien acusa que existe una “estrategia” del Conahcyt para disminuir el número de académicos adscritos al programa Investigadores por México, una política pública “que originalmente se creó como un parche, porque en la academia no hay plazas”.

El programa comenzó en 2014, bajo el nombre de Cátedras Conacyt, con la promesa de que los investigadores seleccionados serían “nombrados como servidores públicos, en la categoría de personal académico”, con “salario y prestaciones laborales competitivas de acuerdo con lo aprobado por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público”.
Sin embargo, en algunos casos, desde el inicio de la implementación del programa comenzaron los problemas, como le ocurrió a Adriana G.
“Entré hace 10 años, fui de la primera generación del programa dirigido a personas con doctorado y experiencia para integrarse a universidades estatales, federales, tecnológicos y otros institutos, donde se nos asignaría como catedráticos y teníamos que presentar un proyecto de investigación”, recuerda.
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A través de este programa, Adriana fue adscrita al Colegio de Michoacán: “ellos conocían mi currículum, mi perfil y mis publicaciones, pero desde la primera semana que llegué me dijeron que no querían recibirme, y que únicamente buscaban quedarse con la plaza que me habían asignado, para dársela a un antropólogo del extranjero”.

Esta situación le generó problemas en el Colegio de Michoacán y con el Conahcyt, que terminaron en su despido justificado, aunque no tuvo responsabilidad en las decisiones de la institución receptora, misma que no tuvo consecuencias por haber perdido la plaza del programa Investigadores por México.
“Un despido injustificado siempre es grave, pero en estos casos en el país se pierde la posibilidad de generar conocimiento, porque somos muchos compañeros con grandes trayectorias que, en algunos casos hemos podido retomar en otros espacios, pero en otros no han conseguido incorporarse a otras instituciones”, lamenta Adriana.
Animal Político consultó al Conahcyt acerca de las denuncias de despidos injustificados a integrantes de Investigadores por México, sin que al momento de la publicación haya recibido respuesta.
“Nosotros defendemos el programa porque es el único espacio que actualmente hay para investigadores, aunque desde el inicio se han dado varios atropellos, hay acoso laboral, violencia de género y despidos injustificados”, señala Sandra P., Investigadora por México.
La académica reclama que, de las mil 500 plazas con las que inició el programa, actualmente sólo hay unas mil 220 activas, mientras que las otras “están en demandas laborales o las tienen congeladas”.
Ante las problemáticas que enfrentaron en las instituciones donde fueron adscritos, integrantes de Investigadores por México crearon el Sindicato Independiente de Trabajadoras y Trabajadores de Investigación de Cátedras Conacyt (SIINTRACATEDRAS), sin embargo, Sandra lamenta que esta organización no ha impedido que persistan los atropellos.
“Lamentablemente los malos tratos están muy normalizados, y los compañeros se cansan de estar haciendo llamadas y mandando correos electrónicos para denunciarlos, pero no hay respuestas favorables, ni por parte de las instituciones receptoras, ni del Conahcyt“, apunta la académica.
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Además, reconoció que existe temor por parte de la mayoría de las y los investigadores que han sido afectados: “nos sentimos vulnerables, porque nuestros nombres son fácilmente reconocibles, y se dice que hay listas negras donde tienen a los que protestan, es por eso que casi nadie quiere hablar al respecto”.

Las académicas S. y Adriana coinciden en que, frente al cambio de Conahcyt a la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihiti) y a la posible reforma del Poder Judicial, el panorama para quienes demandaron su reinstalación o liquidación de Investigadores por México es de incertidumbre.
“Los juicios laborales llevan años y el resultado es incierto, sobre todo con la reforma judicial que viene, no sabemos qué va a pasar. En mi caso, el problema es que no es fácil incorporarme en otra institución, porque me piden cédula profesional y no la tengo, porque todos mis títulos son del extranjero, y para revalidarlos debo emprender un proceso largo y caro”, señala S., quien espera la resolución de su caso para poder retomar su trabajo de investigación.
En el caso de Adriana, espera que el cambio a la Secihiti sea “una oportunidad de trascender las problemáticas que ha arrastrado el programa, desde que era Cátedras Conacyt, lo que no solo sería un acto de justicia, sino que demostraría que México está a la altura para hacer ciencia de la mejor calidad”.

“Habría la posibilidad de hacer una ciencia distinta, que contribuya a resolver los grandes retos que enfrenta el país, pero para eso se necesita partir de condiciones muy básicas como la estabilidad laboral, con pleno respeto a los derechos de los científicos y científicas, en espacios libres de violencia y con presupuesto”, apunta Adriana, quien aún espera que se resuelva el juicio laboral que inició tras su despido de Investigadores por México.
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Por su parte, Sandra dice sentirse esperanzada que, con el cambio de titular del Conahcyt, que pasará de Elena Álvarez-Buylla a Rosaura Ruíz, “ocurran los cambios que se requieren en el programa”.
“No nos queda más que confiar y seguir presionando por los derechos que tenemos como trabajadores y haciéndonos escuchar por las vías legales, porque, hasta ahora, ni siquiera hay certeza de que el programa vaya a ser retomado en la nueva estructura de la Secretaría”.