Moisés Castillo · 22 de enero de 2011
Mario Bellatin camina en un tiempo sin horas y se deja llevar por las palabras que atrapa en sus sueños. A sus 50 años este escritor mexicano es el más innovador y experimental de todos. No sólo por los temas y la estructura narrativa de sus novelas, sino porque va más allá de la literatura. Se nutre de otras expresiones artísticas para crear y moverse hacia el infinito.
La escritora Margo Glantz lo define perfectamente: ¿Por qué Mario Bellatin termina siempre sus textos de manera tan abrupta? ¿Por qué casi siempre se conjugan en ellos la absoluta inmovilidad y el movimiento incesante? ¿Será porque las historias quedan siempre abiertas, a la espera de nuevos libros para que la imparable proliferación de relatos que se le ocurren a Mario encuentre cabida?
Precisamente, es la ruta que tomó Mario Bellatin en su proyecto “Los libros de Bellatin”, es decir, reescribir y contar su vida a partir de libros y no de años. La autopublicación de sus libros obedece más a la necesidad de llenar vacíos de las grandes editoriales, que estar contra la industria. Su plan consiste en reeditar toda su obra y seguir hasta llegar a cien títulos, tirar mil ejemplares de cada uno, con un formato homogéneo, el mismo diseño y el mismo número de páginas. Todas las palabras se abren para “Los cien mil libros de Bellatin”.
Su casa de la colonia Juárez también tendrá transformaciones para que los cien mil libros tengan otro significado personal. Una pared que tiene 100 años será demolida para colocar unos contenedores especiales diseñados por Ernesto Azcárate. El autor de “Flores” abre caminos insospechados para apropiarse de sus libros y respirarlos en un aire de primavera.
“Quiero estar rodeado de mi obra y al momento de retomarla la vuelvo a reescribir, la atomizo y le doy otra distribución. Siempre piensan que reescribir un libro es como la novela corregida y aumentada, no, para nada. La idea es retomar mis textos y adecuarlos a circunstancias materiales y literarias. Me adapto a las necesidades técnicas del papel. Tengo un límite de 60 mil caracteres para no utilizar dos pliegos, entonces me veo forzado por razones externas de diseño a crear una obra armónica”.
Quizá el proyecto del Premio Villaurrutia 2001 se puede emparentar al de Raúl Ruiz, quien es considerado el mejor cineasta chileno de la historia: pretende filmar mil películas para contar los años que le quedan de vida. Hasta el momento lleva más de 200 largometrajes.
Al escuchar hablar a Mario Bellatin salen de su boca palabras verdaderas, sus ojos verdosos miran hacia todos lados y vigilan inocentes a sus envidiables perros. Mientras carga a Abelardo u Oreja de Perro, una cría del xoloizcuintle que le regaló el artista Francisco Toledo, dice que lleva 35 libros publicados y que le faltarían 65 para inventar otro universo.
“No sé si lo logre. Puede ser que un día me atropelle una moto o que el perro me muerda y me quede en el camino. Entonces dirán se murió a los 78 libros, es como un juego de revisión total de mi obra. La estoy atomizando para que entren a los libros de Bellatin. Por otro lado, los estoy juntando para hacer de todos, uno. Es como si todas mis novelas sólo fueran borradores para una gran obra, una obra extensa y más ambiciosa”.
-¿Por qué esta necesidad de autopublicarte?

Es un proyecto que cumple los intereses que tengo respecto a lo que puede suceder con un libro, cómo se puede mover un libro. Me desespera que una vez que uno entrega su libro a una editorial, uno ya no tiene presencia sobre el texto, no entiende cuáles son los mecanismos por los que atraviesa ese libro. Entonces “Los libros de Bellatin” busca retomar el control. Voy a seguir publicando mis libros en las editoriales tradicionales, pero no quiero condenar mis libros a las manos de un editor que hará que tu obra siga los cánones burocráticos y que los libros se conviertan en una suerte de ataúdes ordenados en ese gran cementerio que pueden ser las librerías.
-¿Está fallando la industria editorial?
Creo que respeta demasiado las leyes del mercado y el libro se ha convertido en un artículo más. Muchos editores no tienen la sensibilidad para tratar a los libros de una manera diferente. No solamente los editores, sino todos los que forman parte del núcleo editorial. Fui a la Feria de Guadalajara y realmente fue un espectáculo. Está muy bien organizada pero creo que es una Feria que se hizo avalada por autores que muchos de ellos no están vivos o ya no están escribiendo. En este sentido, lo poco que puedo hacer es crear mis propios libros, volver hacer mí obra como si fueran libros autónomos. Es lo que hago para poder estar en paz conmigo mismo.
-¿Crees que con la llegada del PAN a Los Pinos existe un desprecio hacia la cultura?
Me da miedo decir eso. Llegó el PAN al poder y entonces, ¿quiere decir que el PRI sí tenía un interés? Tal vez sí hay un retroceso en la política cultural, sin embargo no pueden deformarlo todo. La política exterior enfocada a la cultura era impecable y se le reconocía a México por su fomento cultural. Era una diplomacia inteligente pero pareciera que actualmente se quiere destruir la política cultural de Relaciones Exteriores.
-En 1992 hubo un debate fuerte entre los Grupo Nexos y Vuelta, a raíz de la celebración del Coloquio de Invierno, y decía Fernando Benítez, entonces embajador en República Dominicana, que eso demostraba la vitalidad de la cultura y letras mexicanas… ¿Cómo encuentras ahora a la literatura nacional?
Con una libertad que nunca antes ha tenido, precisamente porque se hizo a un lado el arreglo ridículo que pueden ser las peleas entre grupos, el cacicazgo cultural le ha hecho mucho daño al país en el campo literario. Muchos de los contendientes de esa época han quedado desfasados y se demostró porque su único valor era ser unos luchadores vacíos y repitiendo consignas que les eran impuestas. Los escritores vigentes son los que quedaron al margen del griterío. Me parece una idiotez eso de que si hay luchas quiere decir que exista la cultura. La influencia de esos grupos o ideas fueron alejando cada vez más a la literatura del arte.
-¿Qué te parece esta literatura sobre el narcotráfico que en los últimos años aparece con frecuencia?
Hay géneros y subgéneros como siempre. Por ejemplo, la literatura del cemento, como llamo a la literatura sobre la ciudad de México, tiene uno o dos exponentes mayores y detrás de ellos hay una caudal de imitadores; como pasó en el boom latinoamericano, García Márquez lo inició y luego llegaron imitadores. En el tema del narco es lo mismo. Hay dos o tres personas que realmente tomaron el tema como Élmer Mendoza, cuando no estaba tan candente como ahora y después surgieron imitadores de segunda. Cuando comenzaba a escribir, había caminos que no eran válidos, había que escribir de determinada manera, era una época cuando muy marcada por el boom y por el análisis marxista de la literatura. Si uno no entraba en esa línea, tu proyecto personal estaba destinado a fracasar.
Socialmente apartado del mundo
El primer rechazo a un libro de Mario Bellatin no fue de una editorial sino de su familia. Cuando tenía 10 años, el pequeño Mario encontró entre los escombros de su casa una máquina de escribir vieja y polvorienta, que de inmediato fue parte de su cuerpo. Mario con mil dificultades logró teclear y ponerle hojas para escuchar los sonidos y oler la tinta de aquel artefacto raro y fascinante. Nunca se rindió a pesar de nacer sin el brazo derecho y sufrir un asma infame. Así escribió un libro sobre perros. De inmediato tuvo la negativa familiar, se burlaron de él y le advirtieron que se iba a morir de hambre o terminaría en la bohemia o en un hospital siquiátrico. Sin embargo, encontró en su abuela a su única aliada y consejera.
Al igual que ahora, se sentía apartado del mundo, aunque a sus 50 años Mario Bellatin dice que es más sociable y le gusta charlar con sus amigos y pasear a sus perros por los parques de la colonia Roma. Su libro sobre perros fue fundamental para desafiar a las reglas familiares y descubrir en la escritura una forma de vida. En 2003, salió a la luz “Perros héroes”, como una forma de saldar cuentas de la infancia. Con el tiempo, Mario Bellatin es considerado un escritor de culto, quizá por su modelo para armar y desarmar el lenguaje. Sus palabras abren sus alas y comienzan a volar…
“No sé si elegiría ser escritor y estar encerrado leyendo 80 mil libros. Ahora veo que publican libros míos, lo veo a posteriori, no lo sabía antes. Ser escritor es una puesta bastante extraña que no tiene lógica. Tengo unas ganas por escribir en las mañanas, me despierto y tengo el impulso de construir y desarmar, no sé de donde proviene ese fin. No tengo nada especial que decir, como sí lo tienen algunos autores de descifrar el comunismo, denunciar lo que sucedió en tal lugar o explicar el amor. No tengo nada que decir salvo ejercitar mi escritura y lograr que tenga un sentido en mi vida. No me siento nunca por encima de un lector”.
Mario Bellatin tuvo una familia tradicional que poco entendía el mundo fantástico de los libros. Su madre se dedicaba al hogar y a ver telenovelas; su padre llegaba agotado todos los días de su jornada laboral. Por asuntos familiares, Mario Bellatin abandonó México a los cuatro años para vivir en Perú, tierra de sus padres.
Su primera novela “Las mujeres de sal”, se publicó en 1986 en el país sudamericano y casi una década despúes regresó a reconstruir su “mexicanidad truncada”. Mario Bellatin escribe sus libros de forma fragmentaria y hace todo lo posible para que los lectores no le crean. Para el admirador de Tarkovski, fue fundamental estudiar cine cuando vivió en Cuba porque le permitió aproximarse a un lenguaje que le ayudó a estructurar sus novelas, historias tan reales que se pueden confundir con la realidad misma.
-¿En un momento te preocupó ganar premios, ser reconocido en el mundo de las letras?
Nunca, jamás. Me han nominado pero no los he buscado. Lamentablemente vemos la decadencia de la industria y el show de escritores. Vemos al Premio Nobel dando la patada de honor en un partido del Barcelona, y que al final se le dobló el tobillo y tuvo una gripe terrible. La Premio Cervantes, Ana María Matute, deseando ganar el galardón para dar de saltos. Son el símbolo de la lengua castellana de esta situación. Lo que me interesa en estos momentos es que se vendan 50 libros de Bellatin y que se financien solos. Me interesa que mis libros se muevan y circulen. Si a nadie le gusta mis libros que sea por una cuestión de gusto y no porque estén enclaustrados en una bodega.