Redacción Animal Político · 29 de agosto de 2024
En su más reciente informe de gestión al frente del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), José Antonio Romero Tallaeche señaló que, desde su designación como director interino, en 2021, recibió una institución “en una situación financiera y administrativa alarmante”, y que “grupos de interés” de esta comunidad educativa, así como de otras universidades públicas “se pusieron en su contra” lo que generó “una serie de problemas críticos que comprometían su viabilidad y estabilidad”.
El director, cuya designación ocurrió entre polémicas con la comunidad del CIDE, también reconoció que la suspensión de estímulos del Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (CONAHCYT), dejó a esta institución sin dinero para pagar los servicios del comedor, el gas y el arrendamiento de equipos de cómputo, además de que tiene una deuda de más de 250 millones de pesos ante el SAT, otra de 22 millones por pago de predial y debe otros 21.11 millones de pesos a profesores por proyectos y estímulos.
El director apuntó que esta situación tuvo su origen en que, desde su fundación, la institución “había sido funcional al gobierno en turno y a condiciones particulares, sin embargo, en el caso del presidente Andrés Manuel López Obrador y su movimiento de transformación, la antipatía de la mayoría de los profesores, articulistas y personas relacionadas con el CIDE era evidente”.
“Esta comunidad académica, con inclinaciones neoliberales, se enfrentaba a un gobierno que privilegiaba la rectoría del Estado sobre la economía. El presidente López Obrador promovía una visión de fortalecer la intervención estatal para corregir desigualdades y promover el desarrollo social, enfoque que contrastaba con las perspectivas neoliberales dominantes en el CIDE“, señaló.
Por ello, expuso que, a finales de 2023, envió un oficio a la directora del Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (Conahcyt), “para explicarle la gravedad de nuestra situación financiera y nuestra firme oposición a perder la sede de Aguascalientes”, lo que resultó en la autorización para el pago de profesores internos y un diálogo con el que “comenzamos a lograr avances significativos en la institución y logramos conservar la sede”.
Lee | Académicos y alumnos del CIDE denuncian desaparición de programas y adeudos

De acuerdo con Tellaeche, la deuda con las que recibió al CIDE “no solo reflejaba una mala gestión financiera, sino que también generaba un profundo descontento dentro de la comunidad académica. Los profesores, esenciales para el funcionamiento y prestigio del centro, se encontraban desmotivados y frustrados por la falta de pagos. Ello, junto a diferencias ideológicas con el gobierno federal, o por pérdida de privilegios generó la denuncia de algunos investigadores”.
Y es que, según el director, el movimiento en su contra “contó con muchos apoyos de gente vinculada con el CIDE y otras interesadas en golpear al gobierno federal. Entre estos apoyos se encontraban algunos profesores de la UNAM (donde se exiliaron varios miembros de la División de Estudios Jurídicos del CIDE), el INE (miembro del órgano de Gobierno), la organización Mexicanos Unidos Contra la Corrupción e Impunidad (que financiaba la carrera de periodismo)”, así como de los medios El Universal y Reforma.
Aunado este descontento y a la la falta de recursos para cubrir “necesidades básicas”, como el comedor, el gas y el equipo de cómputo, también señaló que las condiciones de la cocina, los baños y centros de cómputo contaban con condiciones “inaceptables”, que “no solo afectaban la calidad de vida del campus, sino también el rendimiento académico y la moral del personal y los estudiantes”.
Aunque el director reconoció que los problemas presupuestarios comenzaron en 2012, cuando se publicó en el Diario Oficial de la Federación la pérdida del estatus de donataria autorizada del CIDE, y que en 2020 se publicó una reforma fiscal cuyas consecuencias obigaron a la institución a ser sujeto de pago de impuestos, afirmó que no se consiguió una estabilidad financiera porque fue hasta su administración, en 2021, cuando la institución implementó acciones para su recuperación.

En el documento sobre su gestión, el director del CIDE afirmó que la búsqueda de apoyo para el pago de profesores internos y la recuperación de la sede de Aguascalientes “generaron tensiones entre la dirección del CONAHCYT y yo”, sin embargo, comentó que tras aclarar los puntos de desacuerdo consiguió la autorización de recursos.
“Este cambio de rumbo permitió al CIDE iniciar un proceso de recuperación y fortalecimiento. Se implementaron medidas para mejorar la gestión financiera“, ya que presumió que se consiguieron saldar las deudas con académicos y el predial, se aprobaron lineamientos para estímulos y desarrollo de proyectos con recursos de terceros y se implementó una estrategia de adecuaciones presupuestarias y se reestructuró la estrategia para que el centro recupere su condición de Persona Moral con fines No Lucrativos ante el SAT.
Asimismo, aseguró que en 2022 se llegó a un acuerdo con todas las divisiones del CIDE, en el cual se estableció “que la Dirección General no intervendría en la orientación de sus programas ni en los métodos de selección de profesores. Este acuerdo también implicaba que el Consejo Académico apoyaría la creación de nuevas divisiones”.
“Estas transformaciones y expansiones representan un esfuerzo concertado por parte del CIDE para adaptarse a las necesidades cambiantes del contexto académico y socioeconómico, promoviendo así un entorno de investigación robusto y diversificado”.
“La historia del CIDE en estos años recientes es un testimonio de la resiliencia y determinación de su comunidad que, frente a enormes desafíos, logró dar un giro crucial hacia la recuperación y el éxito”, dijo.
