Christian Castañeda: entre el cielo y el infierno

Moisés Castillo · 12 de septiembre de 2011

Christian Castañeda: entre el cielo y el infierno

Quizá cuando era niña, el catecismo enseñó a Christian Castañeda a portarse bien por conveniencia y no hacer el mal por miedo. Dios le ofrecía castigos y recompensas, le prometía el cielo o la amenazaba con el infierno; y la pequeña Christian temía y creía.

Han pasado muchos años y ella ya ni teme ni cree en nada, sólo en sus sueños. No va a misa los domingos y el 24 de diciembre sabe que es la noche de cenar un jugoso pavo que recordar el nacimiento de Jesús. Christian prefiere crear sus propios dioses y demonios a través de sus cuadros y fotografías.

En sus dibujos hace un mix provocador de odio y amor que tienen los dioses. Dice que el ser humano es una mezcla de bondad y maldad: nadie es perfecto.

Hieros Gamos, Petra Genetrix; Sol Invictus, Sol Niger; Hominum Salvator, Serpenteer, a simple vista pueden tener un carácter malvado pero mediante símbolos, imágenes de brujería, demonología, religión y magia, Christian trabaja la idea de la lucha eterna del bien contra el mal.

Son dibujos que muestran la simbología de distintas religiones, donde la serpiente puede significar malicia pero también sabiduría o el toro puede relacionarse con el demonio y es sol y vida.

Christian toma como referencia la biblia y otros escritos religiosos para sostener y argumentar su discurso visual lleno de blancos y negros, trazos precisos como el vuelo del colibrí. La luz no es del sol ni de la luna. ¿De qué lado del espejo te encuentras tú?

“Cada pieza tiene como resultado formas distintas de reconocimiento de dioses y demonios -propios y ajenos- que demuestran la parte más humana de cada persona: la naturalidad de sentir y tener odio y amor al mismo tiempo”.

Por muchos años, Christian tuvo unos vecinos santeros y se preguntaba una y otra vez cuando platicaba con ellos, ¿Cómo alguien del mas allá los elige para transmitir un mensaje divino? Al final se dio cuenta que no era más que pura charlatanería pero fue algo que la marcó para creer que existen universos paralelos.

“En el momento en que tomo el pincel y me pongo a dibujar, es como si estuviera entrando en otro trance. También cada vez que estoy dibujando es una forma de sanar mi alma”.

A sus 28 años, esta artista visual llega a todos los caminos sin elegir ninguno: espacios sin límite, consagra el sol en la pupila. En una tarde de fuga a sí misma se contempla. Dice que su trabajo es muy vivencial y cualquier cosa que la emocione puede ser un artefacto para hacerlo explotar. Siempre termina con infinidad de bitácoras y anotaciones. Hace un boceto general que no sabe cómo terminará, pero cada pincelada le dicta el camino definitivo.

“En Massa Confusa quería hacer un experimento, alguna imagen sicodélica sin meterle color y a veces he tenido resultados favorecedores. Varias personas me han dicho que cuando ven el cuadro se sienten hipnotizadas. Me fascina que la gente se pregunte, se meta en el cuadro y cuestione los símbolos y la técnica”.

Bautizo y chicas sensuales

En febrero de 2010, Christian obtuvo una residencia en Maravatío, Michoacán, un lugar precioso donde es la entrada natural para visitar los santuarios de la mariposa monarca. El proyecto tenía que ver con el medio ambiente pero hubo un problema inesperado y tuvo que adaptarse a los cambios. Christian aprovechó el momento y comenzó a imaginar unas fotos sobre brujería. Se puso en un papel de “bruja gitana”, una especie de gemela malvada e hizo sus propios rituales. Así surgió Bautizo, de la serie Doppelgänger.

Mientras sus muelas trituran un caramelo, Christian confiesa que siempre quiso ser una bruja con poderes mágicos y conocimientos secretos. La bruja como esta figura femenina que es incomprendida por ser sabia y misteriosa. Christian tal vez no haga magia o no sabe de brujería, pero su obra advierte que la vida es un largo camino hacia la luz: el ángel se transforma, la figura purísima se vuelve obscena e insidiosa.

El recuerdo más viejo que tiene es dibujando a los 4 años de edad. Su padre que quiso ser arquitecto pero se dedicó al periodismo, se ponía a dibujar con su pequeña. Cuando estudió fotografía en el Centro de la Imagen quiso imitar las inexpresivas imágenes del estadounidense Stephen Shore. En el dibujo encontró influencias de los cómics de Daniel Clowes, de las historias perturbadoras de Charles Burnes y del trabajo audiovisual de Kenneth Anger, principalmente el tema del ocultismo: en uno de sus videos sale Anton Lavey, fundador de la Iglesia de Satán. También le emocionan los textos del místico inglés Aleister Crowley.

Christian luce unos lentes sofisticados de pasta casi redondos y un piercing en la nariz. Viste una camisa de franela a cuadros, unos shorts de mezclilla, fiel recuerdo de la onda grunge con las inconfundibles botas Dr. Martens. Christian muestra con la paciencia de un ángel todos los rincones de Neter, sede de una decena de artistas reunidos en una casona vieja de San Pedro de los Pinos.

Cuenta que la serie fotográfica Ensayo de la seducción y Being Mother es un reflejo directo de sus experiencias personales. De esta última ocurrió justo en un periodo crítico con su madre. Fue un momento tan fuerte que se dejaron de hablar un año y tuvieron que soportarse en el mismo techo. La única forma de comunicarse con su mamá fue por medio de su ropa. Sacó a escondidas prendas del ropero ajeno y se las puso con una actitud sensual y rebelde.

“Sí quiero ser como tú como decía de niña y quiero estar junto a tí, pero lo voy hacer a mi manera. Cuando tomé esa serie las fotos, las hice a las cuatro de la mañana encerrada en mi cuarto. Ponía el autodisparador y posé”.

A Christian siempre le ha gustado dibujar, nunca pensó dedicarse a otra cosa. En la secundaria le pagaban sus compañeros para que les hiciera la tarea de las clases de dibujo y decía “¡Esto es increíble! Me dan dinero por lo que me gusta hacer”. A los 13 años se dio cuenta que podía vivir de sus trazos. Sin embargo, en la preparatoria el dibujo se le hizo aburrido y cursó foto en el Centro de la Imagen. Ahora combina estas dos disciplinas si no se “volvería loca”.

En el 2003 cuando hizo el examen para ingresar a la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”, pensó que se dedicaría a la pintura pero se desplazó a la fotografía y al dibujo, sus dos pasiones.

A pesar de que actualmente es becaria de la Fundación/Colección Jumex por el proyecto Doppelgänger, Christian es crítica sobre este polémico tema entre artistas y escritores. Dice que el problema es que la gente piensa que ser artista visual es nada más un hobby y no valora el trabajo que hay detrás de una pieza, un cuadro o dibujo.

“Esa parte de las becas es también jugártela, que tal si no te la dan y qué vas hacer… Afortunadamente a mí me dieron una beca pero no puedo vivir de ella, es para hacer dos residencias, lo cual está genial. Pero ser un artista vividor de las becas también tiene que ver mucho con el amiguismo y ya es meternos en cuestiones de nepotismo”.

Ella está contenta con el proyecto de Neter, porque a parte de tener su espacio de trabajo, existe un diálogo entre artistas que al final enriquece las obras de cada uno.

“Hay artistas que con algún chispazo o de alguna ocurrencia sacan una pieza, yo no creo en eso. Sí tiene que haber un proceso de investigación, lo miras, lo respiras, lo masticas, lo vomitas y te das cuenta si hubo un proceso de entrega hacia la pieza o no”.

Este no es un momento para pasar el rato dice Christian, es parte de la vida cotidiana donde los tiempos se hacen uno solo. Los “ratos libres” para ella son parte de su trabajo, no hay diferencias entre las horas de lectura y creación. Le fascina leer cómics o conocer el trabajo de artistas nuevos, así como ver documentales, películas y una que otra serie de TV.

Las películas de terror son sus favoritas. Dice que un film que influyó en su trabajo fue La Montaña sagrada, de Alejandro Jodorowsky, porque está cargada de simbología religiosa. O Gentlemen Broncos le gustó por sus colores brillantes y su aire de nostalgia.

El sueño más grande de Christian es ser vil “pata de perro”, ver muchas exposiciones y hacer un montón de residencias. Para Christian la felicidad crece a cada trazo: heridas abiertas. Sabe que Dios es sólo una palabra, no busca fe porque todo está oculto.