Chavitas escritoras: <br> fantasía y ciencia-ficción

Dulce Ramos · 22 de abril de 2012

Chavitas escritoras: <br> fantasía y ciencia-ficción

Este domingo el Sol baja del cielo, los robots limpian a fondo los hogares y los vampiros ponen nueva decoración en los muros, todo con un solo fin: celebrar a la infancia mexicana.

Esta es la tercera entrega del homenaje literario que Animal Político rinde a los niños y las niñas mexicanas, y estos son los mundos de Mitzi, Karen y Sheila *

“El día que se murió el Sol”
Mitzi Cárdenas Martínez
8 años
Iztapalapa

Un día una niña estaba con su mamá, pero su mamá se fue a trabajar y la niña se salió a jugar con sus amigos y, cuando regresó, vio que en las calles no había luz, entonces se acostó a dormir.

Al otro día se despertó y vio que no había Sol, su mamá también se despertó para ir a trabajar, pero como no había Sol, se acostó a dormir otro rato.

Toda la gente estaba acostada, pero después se levantaron y, como no había Sol, se asustaron.

En eso llegó un señor muy raro, era gordo y tenía como picos que le salían de todas partes, llegó pidiendo ayuda y la niña le preguntó si sabía por qué no había Sol.

Él contestó que sí y la niña le preguntó si sabía cómo regresar el Sol, porque le daba miedo la oscuridad.

Él volvió a contestar que sí. Luego le preguntaron que si era de este planeta, a lo que él contestó que era de muy lejos, que era vecino del planeta y se llamaba Sol.

La gente no le creyó y el señor Sol les preguntó si lo iban a ayudar, y ellos contestaron “¿cómo?”.

Les contó que él era en realidad el Sol y que, como se le había acabado el oxígeno, se cayó y llegó hasta aquí.

La gente se quedó impactada y le volvieron a preguntar “¿cómo le ayudamos?” Él les dijo que, por favor, le echarán oxígeno, y la gente le dio mucho.

Él les dio las gracias y se fue.

Al otro día ya había Sol y la gente estaba muy contenta.

“Robots”
Karen Montserrat Cabello Martínez
8 años
Cuajimalpa

Ricky vivía en una preciosa casa del futuro, con todo lo que quería, aunque no ayudaba mucho en casa, así que se puso contentísimo cuando sus papás compraron un robot mayordomo último modelo.

Desde ese momento, iba a encargarse de hacerlo todo: cocinar, limpiar, planchar y, sobre todo, recoger la ropa y su cuarto, que era lo que menos le gustaba a Ricky.

Así que el primer día Ricky dejó su habitación hecha un desastre, sólo para levantarse al día siguiente y comprobar que todo estaba perfectamente limpio; de hecho estaba “demasiado” limpio, ¿por qué no era capaz de encontrar su camiseta favorita, ni su mejor juguete?

Por mucho que los buscó, no volvieron a aparecer y lo mismo fue ocurriendo con muchas otras cosas.

Empezó a sospechar de su brillante robot mayordomo y preparó todo un plan de espionaje, siguió al robot a todas partes, hasta que le pilló con las manos en la masa, cogiendo uno de sus juguetes del suelo y guardándoselo.

Ricky fue corriendo a contarle a sus padres que el robot estaba roto o mal programado, les pidió que lo cambiaran, pero le dijeron que de ninguna manera, que eso era imposible y que estaban encantados con el mayordomo, que además cocinaba divinamente.

Ricky tuvo que empezar a conseguir pruebas y tomar fotos a escondidas. Continuamente insistía a sus padres sobre el “chorizo” que se escondía bajo aquel amable y simpático robot, por mucho que cocinara mejor que la abuela.

Un día el robot escuchó sus protestas y se acercó para devolverle uno de sus juguetes y algo de ropa.

-Toma, niño. No sabía que esto te molestaba- dijo con su metálica voz.

-¡Como no va a molestarme, chorizo, llevas semanas robándote mis cosas! -respondió Ricky, furioso.

-Sólo creí que no te gustaban y que, por eso, los tratabas tan mal y lo tenías por el suelo. Yo estoy programado para recoger todo lo que pueda servir y por las noches lo envió a lugares donde otra gente pueda darles buen uso. Soy un robot de eficiencia máxima, ¿no lo sabías? -dijo, con cierto aire orgulloso.

Ricky se sintió avergonzado, llevaba toda la vida toda la vida tratando las cosas como si no sirvieran para nada, sin cuidado alguno, cuando era verdad que mucha gente estaría encantada de tratarlas con todo el cuidado del mundo, comprendió que su robot no estaba roto, ni desprogramado, sino que estaba verdaderamente programado.

Decidió desde ese día convertirse en un “niño de eficiencia máxima” y puso verdadero cuidado en tratar bien sus cosas, tenerlas ordenadas, no tener más de las necesarias y, a menudo, compraba cosas nuevas para acompañar a su buen amigo el robot a visitar y ayudar a otras personas.

“Desaparecidos”
Sheila Rubí Rosales Muñoz
10 años
Cuajimalpa

Hace mucho tiempo, en un bosque había una casa en la que vivía una familia, pero no era cualquier familia, era una familia de vampiros.

Los vampiros eran muy felices en su casa, pero un día pasó algo raro: los árboles se caían, las hojas se estaban secando, y a los vampiros no les gustó, se pusieron muy tristes y se marcharon. Nunca se volvió a saber de ellos.

Pasados muchos años, ya que los árboles se recuperaron, había una familia pobre que no encontraba una casa y siguieron buscando hasta que en la noche el papá dijo: “¡Ya encontré dónde vamos a vivir!”

La familia se alegró mucho, la mamá dijo: “Qué alegría, ¿dónde iremos a vivir?”, a lo que el papá respondió “¡vengan, los llevaré!”

Al llegar a la casa, los niños gritaron de alegría, pero también gritaron de miedo, porque ya era de noche y veían sombras.

-Aquí nos quedaremos por el resto de nuestras vidas -dijeron los niños, y los papás respondieron que si.

Entraron a la casa y empezaron a limpiarla, se llevaron como cuatro horas limpiando y acomodando sus cosas, y luego se acostaron a dormir.

Al niño más chico, como no estaba bautizado, se lo quería llevar uno de los vampiros.

Su hermano, que dormía con él, vio al vampiro y gritó tan fuerte que despertó a sus papás, quienes se levantaron y vieron al vampiro. El papá salió a buscar ayuda y encontró a un señor, pero también era un vampiro.

Todos los vampiros querían matar a la familia, por estar en su antigua casa.

El papá les dijo que ya no los iba a molestar y que se iban a marchar, pero les pidió que los dejaran quedarse hasta que amaneciera, y le dijeron que sí.

El papá le contó todo a su familia y se espantaron y, al día siguiente, la familia se fue y buscaron otra casa y la encontraron y ahí vivieron tranquilamente por muchos tiempo.

Pero llegó un momento en que, cada vez que un familiar salía de la casa, desaparecía, ya no regresaba, y eran los vampiros que los mataban.

Y así continuaron, hasta que todos los integrantes de la familia desaparecieron.

Los vampiros se quedaron a vivir en la nueva casa, pero en vez de enterrar a la familia, los tenían colgados como adornos, en clavos, y así los vampiros siguieron matando gente y la colgaban.