Feria del Libro de Oaxaca 2011: cerca de la letras, lejos de las finanzas

Dulce Ramos · 16 de noviembre de 2011

Feria del Libro de Oaxaca 2011: cerca de la letras, lejos de las finanzas

Mientras las ferias internacionales del libro son cada vez más territorios inhóspitos para los escritores y lectores, debido a su enfoque industrial y comercial, en Oaxaca, un evento ha logrado privilegiar el diálogo entre los autores y el público en torno a las letras y no a las finanzas.

Por Jano Mendoza

En su autobiografía de dos volúmenes (Dentro de mí, Un paseo por la sombra) Doris Lessing relata cómo en la segunda mitad del siglo XX el mundo literario con la moda de millonarios de comprar sellos editoriales. Aquellos hombres de letras que nada obsesionados con la rentabilidad y capaces de balancear entre la producción de los libros de calidad rentables y su obligación de publicar también aquello que era importante, pero que no vendía tanto, se extinguieron.

Fue por esos años cuando el marketing, los editores sin tiempo de leer y las ferias del libro glamurosas tomaron el escenario. Quienes han visitado la Feria del Libro de Frankfurt han sido testigos de su personalidad gargantuesca. Te recibe una obra de arte gigante, se divide en grandes secciones donde se reparten unos siete mil exhibidores de más de cien países y circulan unas 200 mil personas. Se trata de un planeta-laberinto hecho de libros con satélites invitados: vídeo juegos, herramientas de comunicación y  tecnología, despachos legales y, en los últimos años, presencia del cine. Más de tres mil eventos, toneladas de libros y, paradójicamente, mucha dificultad para encontrar literatura y diálogo. Tras visitarla alguien despistado puede tener la impresión falsa de que la literatura no tiene mucho que ver con sus autores.

Las ferias del libro son espectáculos, arena de batalla y reconciliación en las que la mezcla del ambiente de los negocios con el del espectáculo siempre resulta curiosa, pero desde hace décadas hay una tendencia a presentar a los autores como meros maquiladores del algo que ¡hay que vender! El colmo de esto se puede apreciar cuando se obliga, por contrato o por presión de los editores, a los escritores a sentarse a firmar ejemplares bajo horarios estrictos. Han sido muchos los autores que se han quejado de esta mecánica y otros tantos quienes han sabido aprovecharla. Muchas ferias del libro internacionales apuntan hacia la dirección meramente comercial o centran sus debates en torno a los negocios, por ejemplo, Frankfurt y la conversión del medio digital, pero el caso de la Feria del Libro de Oaxaca (FILO) es una admirable excepción a esta tendencia porque ha sabido mantener a la literatura, los autores y el diálogo en primer lugar.

La FILO ha logrado esta proeza, en gran parte, gracias a su medida humana. Su sala de conferencias principal está ubicada en una plaza pública (bajo los laureles del zócalo), no es necesario pagar para ingresar y cualquier ciudadano puede pedir la palabra e interactuar
Otro acierto de la FILO es que organiza comidas y cenas comunitarias entre sus invitados donde se establecen relaciones que alimentan y potencian las conferencias públicas. Existe también una afortunada selección de invitados internacionales (en años recientes las charlas con Paul Auster, Michel Houellebecq, Junot Díaz, Jon Lee Anderson, Michel Frizot) resultaron muy fructíferas, en parte gracias a la intimidad de los espacios en las que se desarrollaron.con los autores y con los libros dispuestos en los pasillos de la plaza. Uno pensaría que es imposible mantener el orden o la cordura de un evento bajo estas condiciones, pero no es así. El público participa y se mantiene ferviente, pero todo el guirigay se extingue en cuanto comienzan las pláticas.

El 2011 no es la excepción, la FILO decidió, igual que Frankfurt hace unos años, abrir su espectro para reflexionar también sobre las relaciones entre Cine y Literatura. El director de cine Rigoberto Perezcano (Norteado, 2009) fue el encargado de organizar la parte fílmica. Notables guionistas, como Guillermo Arriaga y Paula Markovitch, expresaron su noción de la figura del libretista, pero no frente al mundo de la dirección, como lo han hecho en otras ocasiones en festivales de cine, sino frente al mundo literario.

En los casi veinte días que dura la FILO todo es posible: Lila Downs toma la botella de mezcal, traza un círculo y comienza a cantar en el Teatro Macedonio Alcalá, Francisco Hinojosa provoca carcajadas entre los niños con sus cuentos, Jis y Trino debaten sobre asuntos moneros, una Totó La Momposina o un Celso Piña y su ronda Bogotá hacen que se muevan hasta las caderas más rígidas, nace la Feria del Libro Independiente de Oaxaca, los críticos cinematográficos tienen oportunidad de dialogar entre ellos, los directos de cine que han filmado en Oaxaca reflexionan sobre su experiencia, la joven Tatiana Lipkes presenta un libro de poesía, se entrega el II Premio Aura Estrada, Guillermo Arriaga defiende a la literatura y se agrupa él mismo entre los escritores literarios, J.M. Servín presenta su nueva crónica, Felipe Coria plantea su visión estructural sobre el cine, se presenta el libro Ciudad de Cine, el historiador Álvaro Vázquez presenta por primera vez en Oaxaca Cine y Revolución, Jorge Ayala Blanco bromea en torno a su nueva producción crítica, Arturo Ripstein (director homenajeado por la FILO 2011) entabla una conversación con Fadanelli y Leonardo Da Jandra, donde queda claro que Ripstein no entiende la literatura como los escritores y que los escritores no entienden el cine como el realizador.

Debates, nuevas amistades, apuestas sobre nuevos escritores, presentaciones, enfrentamientos de ideas en torno a una FILO saludable y que se renueva sin dejar de fomentar un ambiente donde los autores y su voluntad de dialogar y, a fin de cuentas, de festejar a las letras en sus múltiples expresiones, es lo más importante.