Buscadoras comprometen su salud física y mental tras desaparición de sus familiares

Tamara Mares · 28 de agosto de 2025

Buscadoras comprometen su salud física y mental tras desaparición de sus familiares

A Martha Leticia García —o Marlety, como le gusta que se refieran a ella— nadie le preparó para todos los obstáculos y acciones que tendría que tomar una vez que desapareció su hijo, César Ulises Quintero, a inicios de agosto de 2017 en Jalisco.

“Cuando ocurre una desaparición, uno se enfrenta a un hecho que no sabemos ni a dónde voltear”, señaló durante el ciclo de foros “Escucharnos ante la ausencia”, organizado por la asociación Fundar y la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

Ella inició por cuenta propia las indagaciones sobre el paradero de su hijo, tarea que correspondía a la Fiscalía estatal. Posteriormente, fundó el colectivo Entre Cielo y Tierra, con el objetivo de brindar a otros familiares de personas desaparecidas una red de apoyo durante la búsqueda de sus seres queridos.

Buscadoras comprometen su salud física y mental tras desaparición de sus familiares
Foto: Cuartoscuro

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A ocho años de la desaparición de César Ulises, su madre ha enfrentado las consecuencias de la negligencia institucional y de la ausencia de acciones estatales efectivas para la búsqueda y atención de las víctimas. “Empezamos con el desgaste físico, con el desgaste económico y con el desgaste de salud”, expuso. “Es tanto el miedo, la impotencia y el coraje que tenemos, que nos empiezan a afectar diferentes órganos, diferentes enfermedades que se nos van viniendo”.

Perder la vista

Los dolores que Marlety y sus compañeras de búsqueda han vivido se han manifestado también a nivel físico, en sus cuerpos, aunque la medicina no siempre detecta estos impactos.

“El dolor del alma no sale en un estudio (médico)”, dijo.

Sin embargo, hace unos años sí hubo manifestaciones tangibles del impacto que la búsqueda de su hijo estaba teniendo, pues empezó a tener problemas de vista.

“Yo me estaba quedando ciega, pero no me hallaban que tenía”, comentó. El doctor solo sabía que Marlety era ama de casa, pero no que también dedicaba sus días a investigar el paradero de su hijo y que, en esas jornadas, su mente procesaba decenas de imágenes y fotografías de cuerpos desmembrados y restos óseos.

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“A mí me dijo el doctor, ‘no sé qué esté haciendo, no sé qué usted esté viendo, pero si no deja de hacer lo que está haciendo, va a perder totalmente la vista, porque a través de lo que usted mira, sus emociones —toda su angustia, su miedo, su coraje, toda una serie de emociones que se relacionan con esto que usted ve—, está afectando su corazón, su hígado y su páncreas’”, recordó la buscadora.

El análisis del doctor fue determinante: su cerebro le estaba diciendo a sus ojos que dejaran de ver, para proteger el resto de sus órganos. Marlety no ha parado la búsqueda, pero ahora toma medidas para cuidarse, como evitar ir a los hallazgos de fosas clandestinas.

Tener alas

En su participación, Mary Coronado, quien busca a su esposo Mauricio Aguilar desde 2011, añadió que ha encontrado consuelo entre sus compañeros de lucha, así como las personas que han sido empáticas con su dolor.

Ha constatado la inacción de las instituciones federales y de Veracruz, entidad donde desapareció su esposo, y ha encontrado apoyo en la sociedad civil y en otras víctimas.

Buscadoras comprometen su salud física y mental tras desaparición de sus familiares
Foto: Cuartoscuro

“He conocido a más personas que han vivido lo mismo, y he convivido con ellas y sus familias. También he conocido otros colectivos y he caminado con ellos en marchas”, añadió.

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Pese a todo, Marlety aseguró que, como en la canción de Vivir Quintana, “les sembraron miedo, pero les crecieron alas”.

“Alas para buscarlos, alas para exigir, alas para no rendirnos. Alas para seguir en la búsqueda, en la lucha, porque los desaparecidos son de todos y lo que hacemos no lo hacemos solamente por los que nos faltan”, compartió.