Beber me da más alegrías<br> que la literatura

Moisés Castillo y fotos de Yolanda M Guadarrama · 21 de mayo de 2011

Beber me da más alegrías<br> que la literatura

Alguna vez conversando con Francisco Toledo sobre la ebriedad, Guillermo Fadanelli le dijo al artista oaxaqueño que “beber alcohol te hace experto en los estados del alma”. Beber sublima, vuelve al hombre susceptible, más sensible al mundo que lo rodea y, al mismo tiempo, le da una tranquilidad polar.

Foto: Yolanda M Guadarrama
Foto: Yolanda M Guadarrama

A sus casi 50 años, Fadanelli dice que el alcohol se lo dio el tiempo. Es un depresivo que lo relaja y ayuda a sobrevivir a sus cambios drásticos de temperamento. Un día puede amanecer sonriente y con ganas de escribir un gran relato, pero en otras ocasiones se levanta sombrío y de mal humor, que a veces ni se soporta así mismo. Los días normales para el autor de Educar a los topos no existen. Y no es algo que lo enorgullezca, al contrario, le gustaría tener algún tipo de normalidad.

Fadanelli vive en un impecable edificio viejo de la colonia Escandón. Yolanda, su chica de siempre, luce unas gafas de pasta e irradia una serenidad envidiable, que contrasta con la inquietud desorbitada del creador de la literatura basura, según Huberto Batis. Confiesa que no tener hijos le ha provocado ser un hombre despilfarrador y desordenado.

Todos los días despierta entre 10 y 12 del día, dependiendo si la noche anterior fue a beber con sus amigos. Su única rutina es consultar su correo electrónico y leer cuatro o cinco periódicos en línea. Posteriormente, se pone a teclear un poco de acuerdo con los compromisos pactados y trata de escribir por lo menos dos horas diarias. Llega la tarde-noche y la luz se va del espejo. Comienza a sonar su celular y sale disparado a la calle a echarse unos tragos en alguna cantina de la ciudad y, una vez que bebe, termina hasta quedar agotado y tirado en cualquier lugar.

“La reconstrucción al otro día no es fácil, no es nada sencillo. Por eso cuando tengo compromisos lo que hago es apagar los teléfonos y encerrarme 3 o 4 días para escribir. Además no tolero a la gente y la ciudad me parece grotesca. Antes era mi vida y ahora es mi perdición”.

-¿Huyes del “ritual de lo habitual” o así son tu días?

Foto: Yolanda M Guadarrama
Foto: Yolanda M Guadarrama

No es nada sencillo la ausencia de rutinas, el no tener hijos, mis padres no viven. Vivo de lo que escribo, no tengo propiedades, pago renta y por fortuna me invitan a colaborar en bastantes lugares y creo que trabajo bastante a mi propio ritmo, necesito poco para vivir. Odio la idea del éxito, del triunfo económico, sobre todo en un país empobrecido como este. Creo que cualquiera que tenga éxito económico es porque se ha valido de los demás, porque ha empobrecido a otros. Todos mis días de alguna manera son distintos.

-¿Se puede decir que beber es tu pasatiempo favorito?

Beber me hace soportar lo que no soportaría siendo un hombre sobrio. Te lleva a la risa cuando has dejado de sonreír, perdonas a los amigos cosas que sería imposible en otra circunstancia. Lo único que creo y es una cuestión ética: beber no debería permitirte ofender a los demás, ni molestar a nadie. Si es un placer, tiene que ser una fiesta o una acción lúdica. Y nunca tienes que cobrarle a los demás tu felicidad, eso para mí es importantísimo. No es nada fácil porque cuando bebes mucho de pronto comienzas a dejar de ser crítico, comienzas a dejar de ser racional, crees que el mundo que percibes es el mundo. Lo demás pasan a ser actores secundarios de tu propia fiesta. Hay que saber beber, creo que todavía me mantengo. Ya lo dirán mis amigos. Me gusta más beber que la literatura. Si tuviera que elegir entre beber y escribir o leer, preferiría beber. Hoy me da más alegrías.

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Decía Nietzsche que el verdadero hombre quiere dos cosas: el peligro y el juego. Por eso quiere a la mujer: el juguete más peligroso. Y vaya que hay muchas caminando por la calle expertas en el juego de seducción. Por eso dice Fadanelli que la mujer es el misterio. El único bien y mal trascendente que puede afectar a un hombre son las mujeres.

Foto: Yolanda M Guadarrama
Foto: Yolanda M Guadarrama

Y así le pasa a Frank, el Artista Henestrosa, el protagonista de la novela Hotel DF. Frank conoce a la hermosa turista española Laura Gibellini, a las pocas semanas se acuesta con ella y cuando sale de su habitación Laura pregunta “¿Y ahora qué?” Y no obtiene respuesta. “En realidad se ha anticipado a cualquier posible respuesta actuando como si fuera su obligación tomar la iniciativa y no permitir que nadie la conquiste o seduzca”… Laura se resiste a mostrarse interesada por Frank, ¿Para qué?

-En tus cuentos, novelas y textos que se publican en varios medios impresos, el tema de la mujer siempre está presente, como una obsesión… ¿Es una dulce maldición?

Estoy seducido por el mundo femenino. Soy un observador y víctima de ese mundo. Me considero totalmente indefenso ante la pasión que me despierta una mujer, dejo de pensar, me vuelvo gris, vuelvo al útero. En todos mis ensayos y novelas aparecen las mujeres, porque creo que soy buen observador del mundo femenino, además tengo muchas amigas, lo que es importante. Sin ser gay, porque los gays se juntan con amigas y locas, siendo un hombre y teniendo muchas amigas jóvenes y viejas y de todo tipo, para un escritor eso es una mina de oro. Porque no solamente tienes ahí el objeto de seducción sino también el tema o el impulso de tu escritura.

-En la película que se llama Reprise, cuenta la historia de dos amigos que quieren publicar su primera novela, y coinciden en que para lograrlo necesitan cortar a sus respectivas novias porque les quitan tiempo, ¿Una mujer a lado te distrae para escribir?

He tenido suerte porque he vivido con una mujer desde hace mucho tiempo, una mujer que deseo y cuya amistad es invaluable. Pero creo que la monogamia es antinatural. Creo que no hay una mujer perfecta, es un conjunto de mujeres que a lo largo del tiempo y de tu vida o en un mismo momento, pueden emparentar al ideal femenino. Sin embargo, a mí me parece una burrada construir un ideal femenino. El ideal es una utopía que nunca alcanzarás, es mejor cultivar la diferencia, cada mujer es diferente y se ama a cada una de ellas por su diferencia. Creo que la poligamia sería el estado natural del hombre y más de un hombre culto. A Norman Mailer, siempre lo cito, decía que la fidelidad era importante porque al ser fiel a una mujer renunciabas a todas las demás, y esa renuncia era importante, era un voto de amor hacia la mujer con la que estás ahora. Pero el se casó seis o siete veces. Entonces, creo que es un conjunto de mujeres las que pueden hacer a un hombre feliz y no una.

-¿Te molesta esta etiqueta de que eres el “Bukowski mexicano”?

Bueno, también alguna vez me dijeron que era el representante del realismo sucio mexicano. No, yo soy lector-admirador de Bukowski pero mis relatos y mi literatura poco tienen que ver con lo que hace él. Igual con el libro de cuentos El día que la vea la voy a matar, quizá en mis inicios había una aura bukowskiana, pero al final de cuentas es saludable ser un ave rara y tratar de escapar a las definiciones y siempre estar lejos de la mira del enemigo, porque en cuanto das lo que esperan de ti te vuelves mercancía. No, no tiene nada que ver, admiro a Bukowski y es uno de mis escritores favoritos.

-De las nuevas generaciones de escritores, ¿A quiénes hay que seguirles la ruta?

Tengo una pequeña editorial que se llama Moho y tratamos de publicar a autores jóvenes que nos gustan. Tampoco me agrada la idea de añadir la palabra ‘joven’ al autor, porque hay autores que nacen viejos. Esos jóvenes que nacieron viejos y que además lo pueden llevar a la literatura son escritores que me interesan. Te puedo dar muchos nombres porque estoy cerca de escritores jóvenes y que se abrirán camino. Hay un chico de Torreón que se llama Daniel Herrera que es magnífico, está José Ángel Balmori, me gusta Rodrigo Márquez Tizano, que es un escritor que publicamos y que tiene una energía, una fuerza vital y una calidad literaria que veo en pocos escritores de 24 años.

-¿De joven te imaginabas a un México violento? ¿Cómo ve Fadanelli a su país?

Creo que lo que estamos viendo es el fracaso del sistema de seguridad pública. La ausencia de trabajo del poder legislativo que no legisla para hacer leyes que promuevan la justicia. El hecho de que dos monopolios de la comunicación estén llevando a cabo la educación de las masas, la riqueza concentrada en pocas manos, la corrupción en todos los sentidos, la impunidad, el anacronismo de los partidos, etc. Todo esto da lugar a que vía el narcotráfico y el secuestro aparezcan zonas de guerra a lo largo del país, llámese Tamaulipas, Chihuahua, Michoacán, Guerrero. Creo que es un conjunto de males lo que estamos viviendo. También hay un deterioro de la ética civil, una comunidad se construye cuando el otro es importante, el otro, el extraño. Cuando los derechos de los otros son importantes, se vuelven importantes. Eso no sucede en México. Nunca me imaginé que viviría algo así.

-¿Tú eres de esos escritores “comprometidos” que aparecen en marchas y firman desplegados?

Yo no tengo compromisos con nadie. Tengo compromisos con Yolanda, con mis amigos. El cultivo de la amistad es importante en mi vida. La amistad es un valor que todavía me parece virtuoso, encomiable, pero no tengo compromisos sociales. Digamos que soy una especie de socialista desencantado. El nihilismo no me permitiría tener un compromiso con nadie más que con la bella Yolanda y mis amigos. Con la literatura no tienes un compromiso, es una pasión y es un oficio. Tengo la suerte de desarrollar este oficio con pasión. Soy afortunado.