Anti-Princesas de Neza-Bordo: teatro, resistencia y abandono en una prisión del Edomex

Marcela Nochebuena · 13 de octubre de 2026

Anti-Princesas de Neza-Bordo: teatro, resistencia y abandono en una prisión del Edomex

Gheisel Juvenky es una princesa rebelde que no quiso seguir los patrones, que alza la voz en conjunto con sus compañeras, no se queda callada, grita, pelea, lucha por ella y por las demás, y sale adelante. Así lo hizo tras estar interna en el Centro Penitenciario y de Readaptación Social Nezahualcóyotl “Bordo de Xochiaca”, conocido como Neza-Bordo, en Ecatepec, Estado de México, donde gracias a un taller de teatro pudo encarnar a ese personaje, nada alejado de su vida real y que representó para ella un resquicio de libertad detrás de los muros. 

No sabía nada de teatro, pero se aventuró y terminó siendo una experiencia “muy padre, muy bonita, ya que cuando eran las clases, al menos yo me olvidaba de todo lo que estaba pasando”. Más tarde, ese proceso se convirtió en un documental que llegará a la edición 24 del Festival Internacional de Cine de Morelia.

En aquel espacio Gheisel Juvenky aprendió a expresarse, a bailar, a cantar y a aliviar un poco la grisura de la prisión, al menos dos veces por semana. Antes de ser privada de su libertad vivió violencia familiar, física y psicológica, y el teatro le permitió aprender a alzar la voz por ella y por otras, para no dejarse. “Somos fuertes, somos valiosas”, remarca convencida a dos años y medio de su liberación.

Anti-Princesas de Neza-Bordo: teatro, resistencia y abandono en una prisión del Edomex
El teatro, una posibilidad para aprender lo importante que es alzar la voz, romper con barreras estructurales y hacer las cosas de una manera distinta. Foto: Cortesía

“Nos dieron la idea y ya nosotras íbamos escribiendo los diálogos, y también el lado de alzar la voz como mujeres, porque participamos puras mujeres, se fue construyendo. Es algo muy hermoso, muy bonito, y tocamos ciertos temas muy importantes”, describe. Ese fue el principio de la obra Anti-Princesas que, al tiempo, fue documentada por el realizador Alejandro de Icaza.

Había un paralelismo en la obra de teatro, a la que ellas contribuyeron, y lo que le contaban acerca de sus vidas, dice en entrevista el director del ahora documental Anti-Princesas. La obra relata la historia de unas princesas, como Gheisel, que se rebelan a la autoridad de un rey machista y patriarcal, se convierten en antiprincesas y destruyen al rey, que es una piñata.

“Es muy impresionante cómo son personas que necesitan ser visibilizadas, que nunca nadie les ha dado la oportunidad de hablar, de expresarse, de contar, y muy rápidamente, aunque la cámara les daba cosa y era raro que el único hombre en el área femenil era yo, empezamos a tener una relación de confianza y me contaban un poco de sus vidas y cómo habían llegado ahí”, relata.

“Salimos más guerreras, más fuertes”

Gheisel, por ejemplo, llegó a Neza-Bordo por un robo menor, y como tantas mujeres privadas de su libertad, lo hizo a instancias de un hombre. Ahí vivió el abandono que para ellas es mucho más marcado en prisión, y que a ella le parece injusto. Según un informe de EQUIS Justicia para las Mujeres, 3 de cada 10 hombres reciben visitas de sus parejas, mientras que entre las mujeres, esa cifra apenas si llega al 10 %.

“De las mujeres se olvidan mucho, eso es algo injusto, porque no voltean a ver a las chicas, a las mujeres en reclusión… Es muy duro, porque por parte de los hombres va la mamá, la hermana, la esposa, y de las mujeres no. Muchas somos madres, y es ver a tus hijos o ir a verte a ti, y cierta parte de la población está olvidada”, subraya Gheisel.

“No somos monstruos, no somos malas, la mayoría de la población de mujeres está ahí por los hombres”. A ella le gustaría que las demás personas se dieran cuenta de que privadas de la libertad también cuentan, y que las apoyaran. Que no pensaran que por estar en la cárcel, ya no valen nada. “Al contrario, creo que salimos más guerreras, más fuertes”, subraya.

El taller de teatro que dio origen a Anti-Princesas nació hace poco más de cinco años como parte de las actividades que La Cana ha impulsado en el penal Neza-Bordo. Comenzó como un ejercicio, apunta Mercedes Becker, cofundadora de la agrupación, y se convirtió en una obra con un mensaje potente sobre temas de género y prevención de la violencia. “Para nosotras era importante que no solamente fuera una obra de teatro, sino que hubiera un aprendizaje y un proceso atrás para las mujeres, y creo que Lu (Lucía Ferreyra) y Ara (Arantxa Oliver), que son las directoras del taller de teatro, lo lograron muy bien. Ya llevamos cinco años haciendo teatro penitenciario”, relata Becker. 

Anti-Princesas de Neza-Bordo: teatro, resistencia y abandono en una prisión del Edomex
El 86 % de las personas que entran a prisión lo hacen sin sentencia; la proporción de mujeres en esa circunstancia es mayor que en los hombres. Foto: Cortesía

Ella la define como una obra muy poderosa que habla sobre temas fuertes, como el feminicidio, el patriarcado y la violencia de género, pero desde un lugar distinto que igualmente conmueve, y generó mucha sororidad entre las mujeres: “te puedes dar cuenta de lo importante que es alzar la voz, romper con barreras estructurales que existen y poder hacer las cosas de una manera distinta”, agrega.  

“La historia de sus vidas”

Al comenzar a documentar el taller de teatro, De Icaza pronto se dio cuenta de que aquello que las mujeres privadas de la libertad representaban en el escenario era, en gran medida, la historia de sus vidas.

“Era un largo historial de todo tipo de abusos, y desde muy temprana edad. Muy acostumbradas ellas a ser abusadas en todos los sentidos: emocional, físico, psicológico, económico, sexual, violencia de género, violencia intrafamiliar, en general mucha violencia, y entonces vi que había este paralelismo”, señala.

Una vez que terminaron los ensayos y las funciones, le propuso a La Cana abordarlo de manera más seria, con filmaciones de su vida diaria dentro de la prisión, entrevistas formales y con la perspectiva no de criticar a una institución en particular, sino poner de relieve que persiste una falla sistémica en la sociedad y en el sistema judicial.

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“Llegan a un punto de sus vidas en el que son tan vulnerables que el sistema abusa y las acaba encerrando muchas veces sin una justificación contundente. La mayor parte de ellas lleva años sin sentencia —dos llevaban 18 años, la mayor parte había pasado más de dos años, lo cual está prohibido por la ley—, y te das cuenta de la ceguera de la sociedad y del abuso del sistema”, describe el director del documental. 

EQUIS Justicia ha advertido que el 86 % de las personas que entran a prisión lo hacen sin sentencia, es decir, bajo alguna de las modalidades de prisión preventiva; la proporción de mujeres (90 %) que ingresan en esa circunstancia es aún mayor que en hombres (86 %).

Becker recuerda que se trata de un contexto muy complicado para las mujeres. La mayoría de los penales subsisten con sobrepoblación, casi no hay espacios pensados ni adecuados para ellas, ni perspectiva de género. Además, los programas de reinserción social están hechos por hombres y para hombres. A eso se suma el hecho de que la mayoría son madres.

Anti-Princesas de Neza-Bordo: teatro, resistencia y abandono en una prisión del Edomex
Uno de los propósitos, abordar la falla del sistema al aplicar la perspectiva de género. Foto: Cortesía

“La vida de las mujeres en la cárcel es muy compleja, la vida en la cárcel es muy compleja, pero de las mujeres 8 de cada 10 están en abandono, más del 85 % son mamás, por el mismo delito reciben una sentencia frecuentemente mucho más grande que los hombres, porque tienen esta doble sentencia: la del delito que cometieron, pero también la de ser mujer y no haber cumplido este rol de abnegación”, explica. 

Destaca, además, la importancia del arte y de crear esos espacios en las cárceles. La Cana se dedica principalmente a la capacitación, pero el arte y trabajar con las emociones desarrollan aspectos más profundos, por lo que debería ser más frecuente en las prisiones, opina Becker. Desea que cuando las personas vean el documental puedan escuchar historias sin juicio y entender mejor los contextos.

“Están las historias ahí, y creo que cuando volteas a ver, si todos volteáramos a verlas con más profundidad, entendiendo los contextos, la manera en la que pensaríamos de las personas en la cárcel y lo que haríamos sería distinto. Es muy poderoso lo que ellas cuentan y te toca muy profundo, tengas relación con el sistema penitenciario o no”, apunta.

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De Icaza cuenta que, en el desarrollo de las historias y del documental fue dándose cuenta de que todas estaban en prisión en relación con la detención de un hombre de su entorno. Para él, ese es el punto de partida para abordar un tema delicado —y el más importante—: la falla del sistema al aplicar la perspectiva de género que sí existe en la legislación mexicana. Si eso se hiciera, la mayoría no habría llegado a prisión o habría recibido sentencias más cortas.

“En el documental ellas nos cuentan un poco sus vidas, cómo eran antes de entrar a prisión y cómo llegan ahí. Y creo que todo el chiste es levantar puntos de interrogación, cuestionamientos, con respecto de si el sistema está aplicando la ley de la forma que debería, o si hay fallas sistémicas que están haciendo que miles de mujeres, su derecho a la perspectiva de género, no se vea aplicado, y su derecho a estar en libertad totalmente destrozado”, sostiene el director.

El documental se presenta el 20 de octubre a las 19:00 horas en Cinépolis Centro de Morelia, y el lunes 26 de octubre, como parte de DocsMX, a las 20:00 horas en la Cineteca de las Artes, al igual que el martes 27 a las 15:00 horas también en el Cenart. El director reitera que su trabajo no busca una crítica directa a un reclusorio, sino a todo el sistema de impartición de justicia y a la sociedad en general.

Anti-Princesas de Neza-Bordo: teatro, resistencia y abandono en una prisión del Edomex
En el documental ellas cuentan cómo eran antes de entrar a prisión. Foto: Cortesía

De la libertad del teatro al regreso a la libertad 

A De Icaza las diez Anti-Princesas le enseñaron a soltar sus prejuicios y estar completamente abierto a cuestionarse todo. Su culpabilidad pasa a un segundo plano, dice ahora, ante las fallas de un sistema que no es capaz siquiera de demostrarla: “si el sistema no puede demostrar esa culpabilidad, no debería recaer en la sociedad la labor de demostrar tu inocencia. Para mí ese es el fondo más complejo de este trabajo”. 

Gracias al taller de teatro, Gheisel perdió el miedo, también a reencontrarse con la sociedad. Cuando llegaba el día en que gritaban “clases de teatro” para ella era emocionante, la felicidad de exclamar un “¡ya!” de libertad, y el momento de convivir y olvidarse de dónde estaba. Hace dos años y medio, cuando finalmente dejó la prisión, “no me la creía”, recuerda. 

Su objetivo siempre fue salir por su hijo. A eso respondió todo lo que hizo, así como tener un buen comportamiento. No fue fácil porque lo dejó cuando tenía 1 año 9 meses, y cuando salió ya tenía 5. Los talleres de psicología de La Cana también la ayudaron. Ha sido un cambio para bien, dice. 

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“Siento emoción, me da mucho orgullo. No porque pasamos por esa situación quiere decir que ya no valemos para la sociedad o que ya no seamos parte de ella. Al contrario, es decir ‘ella pasó por esta situación, pero ahora es grande’. Me siento muy orgullosa, de mis compañeras también”, añade respecto al próximo estreno del documental. 

Para Gheisel, el mayor aprendizaje fue creérsela, valorarse y amarse, porque antes no lo hacía. Hoy pide apoyo sobre todo para sus compañeras, y mantener siempre la sororidad: “que se vuelvan a abrir casos, porque hay mucha negligencia, se podría decir, y que revisen y que ayuden a mis compañeras a poder salir, y a sus hijos; la mayoría somos madres”.