Marcela Nochebuena · 6 de octubre de 2024
Javier Delgado buscó su propio diagnóstico en un servicio privado de salud luego de que médicos del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) minimizaran un dolor de quijada que resultó ser cáncer. Después de diversas dificultades, solo mediante un amparo pudo obligar a los servicios públicos a proporcionarle sus radioterapias. Más tarde tuvo que volver a presionar para obtener un diagnóstico de la evolución del cáncer, que se le ha negado. Ahora, además, con el reciente paro de labores del Poder Judicial, enfrenta un nuevo obstáculo.
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Javier sufrió un infarto el 11 de enero de 2024. Lo recibieron en la clínica 17 del IMSS en Cancún, Quintana Roo. En un principio, le dieron una atención adecuada e inmediata con los procedimientos y estudios indicados.
Sin embargo, quedó en espera de un cateterismo por cuatro días con una arteria tapada, dado que la clínica no contaba con ese servicio. Esos días se convirtieron, poco a poco, en una “tortura”, califica él, por el poco control del área de urgencias, la falta de tacto y los malos tratos del personal de salud.
Luego de ese periodo, determinaron trasladarlo a Mérida, Yucatán, pero la espera continuó por falta de espacio. Gracias a la presión de su esposa y su hija, se logró la transferencia. Ya en esa entidad, pasaron otros dos o tres días en urgencias antes de que hubiera una cama disponible. Incluso intentaron darlo de alta con el argumento de que todo estaba bien.
“No se te puede hacer un cateterismo, porque no estás sufriendo nada”, le aseguraron. Hasta que otro doctor lo revisó y se convenció, le hicieron un electrocardiograma y se dieron cuenta de que su condición de salud era delicada y urgía destapar la arteria. Desde esa vez, unos días antes Javier había empezado a padecer lo que parecía un dolor en la muela.
Esa sería la antesala que lo llevaría al diagnóstico de un cáncer de quijada, que poco después lo obligaría a batallar con el sistema de salud pública para lograr obtener sus radioterapias. Durante la atención a su padecimiento cardiaco, le comentó a los médicos aquel dolor, pero ante la urgencia de la primera condición, lo descartaron como algo menor.
Luego de su alta, el dolor de la quijada comenzó a empeorar y regresó a la clínica de Cancún. Otra vez los médicos lo minimizaron: según ellos, era una especie de afta y se le quitaría con un medicamento. Javier decidió entonces consultar a un médico particular, que le advirtió que su boca no se veía normal y necesitaba más estudios. Con ese argumento, regresó a la clínica para solicitarle directamente una biopsia a su médico familiar, que no lo consideró necesario.
Todas las veces, los doctores del IMSS negaron la biopsia, y así pasaron cinco meses. Por su cuenta, Javier juntó 8 mil pesos, con los que no contaba –gana cinco al mes–, para pagar la biopsia en un médico particular. Solo así supo, mediante un diagnóstico privado, que se trataba de cáncer en la quijada.
“Se perdió mucho tiempo. Como yo le mencioné a los médicos: nosotros quisimos ganarle al tiempo y de qué sirvió; pagamos y sacrificamos algunas cosas, para qué”, reclama. Ya con el diagnóstico, volvió al IMSS y finalmente le programaron una cita con el oncólogo. Para ese momento, ya tenía un daño visible en la lengua, con una ámpula de tres centímetros en la parte baja. Antes, cuando solicitó la biopsia por primera vez, era solo una “manchita” debajo de la lengua.
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El médico que lo atendió en el IMSS se desentendió con el argumento de que él hacía cirugías, pero no de esa gravedad, pues ya era necesario cortar más de la mitad de la lengua y no había certidumbre de si existía, o qué tanto, daño en los ganglios. Le hicieron nuevos estudios: una tomografía y una resonancia magnética.
Incluso con un tono de burla, según recuerda Javier, el doctor le aseguró que le iban a partir la mandíbula. Le pintó un escenario catastrófico en el que, supuestamente, ni siquiera podría volver a comer en condiciones normales. De nuevo, lo canalizaron con otro cirujano a Mérida, que ni siquiera revisó los resultados de los estudios que él llevaba. Con lo poco que sabía, descartó la cirugía y le ofreció solamente quimioterapias y radioterapias.

Javier recibió una cita, pretendidamente para iniciar las radioterapias en la Unidad Médica de Alta Especialidad del Centro Médico “Ignacio García Téllez” del IMSS, en la capital de Yucatán. Cada uno de esos días tenía que viajar por su cuenta de Cancún a Mérida a las 3 de la madrugada. Le indicaron 30 radioterapias, una vez al día, y cuatro quimioterapias, una a la semana. “Los médicos eran algo groseros, incluyendo al cirujano”, comenta.
Las citas seguían programándose y aplazándose. Javier esperaba que la fecha llegara, pero no sucedió. Un día incluso le llamaron para informarle que iban a practicar una simulación porque el procedimiento requería el uso de una careta y había que probarla. Seis semanas pasaron después de esa llamada, y sin atención, decidió regresar a quejarse en la clínica de Cancún.
El 10 de julio estaba programado que, por fin, iniciaran las radioterapias para el cáncer de mandíbula de Javier. Había pasado tanto tiempo que para ese momento ya no aguantaba los dolores, se desmayaba y constantemente estaba débil porque no podía comer mucho. Le pidieron ir el 15, pero entonces sucedió que no había luz y se suspendió el servicio. Luego resultó que no había cita ni estaba en la lista contemplada. Recibir las radioterapias implicaba además conseguir cómo quedarse varios días en Mérida, pero cada ocasión para planear se convertía en un revés más.
Un día comenzó a compartir su historia en TikTok: “Mi experiencia en el IMSS con cáncer de mandíbula”. Ahí comentó todas las situaciones que había atravesado, y de alguna manera, el personal del Instituto comenzó a identificarlo. Una trabajadora administrativa incluso amenazó con no darle el servicio si seguía difundiendo ese tipo de contenidos.
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Pero entre todas las personas a las que se acercó su esposa después de que sus videos empezaran a compartirse, pudo tener contacto con una que los vinculó a la asociación Justicia vs Cáncer, que le ayudó a promover el 29 de julio de 2024 el juicio de amparo indirecto 1379/2024 ante el Juzgado Primero de Distrito en Yucatán, para que este obligara al IMSS a prestar el servicio, como tuvieron que hacerlo al menos 2 mil 381 personas durante 2022 y 2023, según datos del colectivo Cero Desabasto.
Siete meses después de confirmado su diagnóstico, el amparo facilitó la atención en aproximadamente 15 días, y por fin recibió su primera radioterapia. “Por fortuna, me trataron medianamente bien”, dice.
A partir de la primera radioterapia, el trato del personal fue mejorando poco a poco. Él lo atribuye a que continuaba subiendo contenido a TikTok, pero esta vez en un sentido positivo. Las quimioterapias también empezaron a ocurrir una vez por semana, y el trato mejoró en esa instalación hospitalaria, que era diferente a la de las radioterapias.
El tumor de la lengua empezó a ceder. Hoy, Javier hace por sí mismo el relato de lo ocurrido. Sin embargo, de regreso con el cirujano, que debe hacer un nuevo diagnóstico para conocer el estado de evolución del cáncer y los siguientes pasos, la atención volvió a obstaculizarse. Las citas que tenía programadas para el 19 y 23 de septiembre resultaron no registradas por el Instituto.
“Los malos tratos nunca faltaron, fuimos para la cita del día 23, para que el médico valorara los estudios, y no estaba en la lista electrónicamente para abordar el camión”, relata. Aunque él insistió en que el trámite estaba realizado, y era solo un malentendido, lo dejaron esperando.
“Otra de las dificultades que hemos tenido, porque hemos estado presentando promoción tras promoción en cada uno de los incidentes que se suscitan en el Instituto con el señor Javier y su esposa Adriana, es que el paro de labores del Poder Judicial federal nos tiene atoradísimos en el trámite del amparo”, explica María Fernanda Rizo, abogada de Justicia vs Cáncer.

Esto se debe a que en este momento se está dando prioridad a los nuevos amparos urgentes, mientras que aquellos que venían con un número de amparo previo se están tramitando de manera muy lenta ante la falta de personal, lo que ha afectado casos muy específicos, como el de Javier. El Juzgado Primero de Distrito, con sede en Yucatán, no ha enviado el requerimiento necesario al IMSS para hacer efectiva la petición del paciente.
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“Es de los pocos que tenemos que se han afectado severamente con el tema del paro laboral del Poder Judicial federal, y evidentemente como nuevos acuerdos lo han prolongado de manera indefinida, nos está afectando muchísimo con las autoridades responsables, una de ellas es el Instituto Mexicano del Seguro Social para el tema del cumplimiento de las suspensiones; el tema de la reforma ha influido en que las autoridades desacaten órdenes que ya existen.
“Lamentablemente, esta situación (la negación de la atención) ha sido muy recurrente, especialmente en Cancún. En Mérida, Yucatán han dado cumplimiento, pero como ahorita estamos obstaculizados con el tema del paro del Poder Judicial federal, cada día que pasa es un día más que todavía no tiene diagnóstico y no sabemos cuál es el estado actual del cáncer”, subraya la abogada.