Alfredo Maza · 19 de octubre de 2024
En medio del horror que le representó haber estado interna por tres años en un penal de máxima seguridad, la defensora de mujeres, pueblos indígenas y territorios Kenia Hernández encontró una esperanza, pero no solo para ella, sino para todas las mujeres indígenas reclusas dentro Cefereso 16 de Morelos, al conseguir que las autoridades les permitieran volver a cultivar, cosechar y cocinar juntas los alimentos que sus madres, abuelas y bisabuelas les enseñaron.
“Una de las gratificaciones más grandes que tengo y que es justamente ese logro que tuvimos”, dice Kenia Hernández, a cuatro años de haber sido privada de su libertad, en entrevista telefónica con Animal Político.
Ahora, desde el penal de Neza Sur, Kenia asegura que busca replicar la misma iniciativa ahí, donde también hay mujeres indígenas pozotecas, zapotecas y tzotziles, injustamente encarceladas. Aquí la historia.
El 18 de octubre de 2020, luego de haber sido víctima de una campaña de desprestigio en su contra por su fuerte activismo social y protestas en diversas carreteras federales del país, Kenia Hernández fue detenida y trasladada al penal de Almoloya de Juárez, en Toluca, acusada por el supuesto delito de robo con violencia.
Al considerar que a Kenia “se le considera una persona que pone en riesgo a la comunidad” porque “se manifestaba mucho”, el 25 de octubre de 2020, la Fiscalía General de la República (FGR) y la representación legal de Caminos y Puentes Federales (Capufe), de la Secretaría de Infraestructura, Comunicaciones y Transportes (SICT) solicitaron que fuera trasladada al Centro Federal de Readaptación Social (Cefereso) número 16 de Morelos, el único penal de máxima seguridad construido exclusivamente para mujeres.
Ahí, de acuerdo con su defensa legal, Kenia fue víctima de tortura psicológica, pues las autoridades del lugar hicieron desalojar un pabellón completo de 29 celdas para recluirla sola y mantenerla en total aislamiento, sin contacto con ninguna otra persona, y prácticamente incomunicada al exterior, pues ni sus defensores ni su familia tenían una comunicación más allá de 10 minutos mensuales con ella.

“Ahí pasó prácticamente el mayor tiempo de lo que lleva en prisión, tres años y meses, en donde te imaginarás que estuvo en una situación verdaderamente deplorable. Al principio en aislamiento prácticamente total y después sí tuvo convivencia con personas, con mujeres de un alto perfil criminal. Kenia estuvo amenazada, en su momento, por personas involucradas con los verdaderos grupos criminales de este país”, relata el abogado Antonio Lara, integrante del Centro de Derechos Humanos Zeferino Ladrillero, quien lleva la defensa legal de Kenia.
Por ese motivo, Kenia Hernández realizó dos huelgas de hambre dentro del penal: la primera el 17 de mayo de 2021 y la segunda el 17 de octubre de 2021, donde exigió respeto al debido proceso, justicia reparativa, respeto a la libre manifestación y la protesta y al “derecho de defender derechos”.
En octubre de 2023, Animal Político -en alianza con CEA Justicia Social– publicó el reportaje El cementerio de las vivas: el turbio negocio del Cefereso 16 de Morelos en el que se documentó cómo una intoxicación masiva de 404 mujeres privadas de la libertad en este penal exhibió graves violaciones a los derechos humanos de las internas.
“Creí que iba a haber muertes”. Así describió Salvador Leyva, exsecretario técnico de Combate a la Tortura, Tratos Crueles e Inhumanos del Instituto Federal de Defensoría Pública (IFDP), aquel jueves 29 de septiembre de 2022, en el que las autoridades estaban en el penal precisamente revisando casos como el de Kenia Hernández.
“Sin embargo, después de tres años de estar en el (penal) federal, en junio de 2023, llegó una nueva directora, la maestra Borbón Ochoa, con una perspectiva mucho más amplia. Era muy estricta en cuestión de disciplina y de reglamento, pero también muy apegada a lo que marca la ley como derecho”, relata.
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Además, Kenia recuerda que al mismo tiempo que llegó la nueva directora llegaron también más de 300 cartas de Francia, de compañeros integrantes de una asociación civil que pedían su liberación, por lo que asegura que las autoridades “sintieron cierta presión como internacional”.
“Entonces me mandó a llamar, ella tenía 15 días que había llegado al penal -a consecuencia de “cambios y rotaciones” que las autoridades ordenaron luego del supuesto suicidio de diversas mujeres dentro del penal-, para decirme ‘¿qué necesitas para que tus condiciones de internamiento mejoren? Porque me están haciendo presión para que tú estés mejor acá’.
Entonces yo le dije sobre la comunidad indígena, ‘por favor voltéenos a ver, somos aproximadamente 16 compañeras indígenas, que no se nos ha respetado nuestros usos y costumbres, aunque estemos privadas de la libertad de tránsito, eso no quiere decir que estemos despojadas de nuestros derechos que garantizan la Constitución. Entonces, por favor, voltéenos a ver y déjenos hacer lo que dice nuestra cosmovisión’”, recuerda.
Desde el punto de vista de Kenia conseguir esto ayudaría a las mujeres a tener un contacto con la tierra, con el agua, pero también las ayudaría a tener una verdadera reinserción social.
“‘Hay compañeras que quieren cocinar, que quieren retomar la cocina ancestral que le enseñaron sus abuelas, sus bisabuelas, entonces, por favor, déjanos hacerlo”, recuerda haberle pedido a la directiva.

“Y me dijo ‘va, está bien, solo te pido por favor que no hagas nada en contra de la ley, que no me las organices en contra del Centro’. Y yo le dije ‘mientras usted respete los derechos humanos, en mí no va a tener una enemiga, va tener una aliada’”.
Y así fue, a propuesta de la propia directora del penal, que las autoridades reunieron a todas las mujeres indígenas esparcidas dentro del inmenso penal para que estuvieran juntas en un solo pabellón, donde también le autorizó el proyecto de siembra.
“Primero sembramos calabaza, cosechamos la flor de calabaza, en la cocina las preparábamos, después cosechamos pepino, rábanos, todavía comimos rábanos antes de que me bajaran al estatal (penal de Ecatepec), todavía comimos rabanitos con sal y limón con las compañeras muy contentas, porque teníamos nuestra cosecha, y la milpa pues ya iba, ya me llegaba a la cintura cuando me dijeron que ya me iba al estatal, me quedé ahí con las ganas de probar los elotes que nosotras mismas habíamos producido”, recuerda la activista con felicidad.
Fue así como Kenia logró obtener ese pequeño fragmento de esperanza dentro del horror: “con la disponibilidad de las compañeras, con el esfuerzo, había compañeras zapotecas, tzotziles de Chiapas, mixtecas de Oaxaca, las compañeras nahuas tanto de Veracruz como de Guerrero y de Puebla. También estaba yo como amezcua y también compañeras otomíes de Hidalgo”.
“Esta me parece que es una forma de trascender, y justamente esa es como mi perspectiva, el trascender más que confrontar. El tratar de hacer cosas que se necesitan porque la comunidad carcelaria, la comunidad de personas privadas de la libertad necesitan principios como esos. Entonces lo pudimos lograr en el federal”, recuerda con orgullo.
Luego de haber estado más de tres años en el Cefereso 16 de Morelos, la defensa legal de Kenia logró sacarla del penal de máxima seguridad para trasladarla al penal de Ecatepec, del fuero común, pero la tuvieron que trasladar de lugar luego de que fuera agredida físicamente.
Por ese motivo hoy en día está en el penal de Neza Sur, donde afronta dos sentencias condenatorias por más de 20 años de prisión, pero también espera volver a conseguir un espacio para que las mujeres indígenas puedan volver a cosechar e incluso volver a realizar artesanías.
“Justamente donde estoy, con la anterior directora también platicamos del proyecto, incluso el 9 de agosto de este año, en el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, lo conmemoramos haciendo una remembranza de nuestros usos y costumbres indígenas, y entre ello se nos permitió también cocinar el pozolli (pozole) y tamales de elote con carne”, dice.

No obstante, debido a que recientemente llegó una nueva directora, es que Kenia no ha podido lograr interlocución con ella, para poder darle empuje a este proyecto: “Proyecto que me parece que debería voltear a ver porque es algo sumamente reconfortante para las personas privadas de la libertad, el tener contacto con la tierra, el tener contacto con nuestros usos y costumbres, el poder sentirnos en comunidad, que eso es indispensable para una sociedad, el poder crecer en comunidad”, señala.
Animal Político, en alianza con la organización Intersecta, publicó en octubre de 2021 la investigación “Prisión preventiva: el arma que encarcela pobres e inocentes” donde se dio cuenta que en efecto el 70 % de las personas a las que se les aplica la medida de prisión preventiva oficiosa son personas de escasos recursos.
Más aún, la investigación reveló que las mujeres son las personas que han sido más perjudicadas por esta medida: el encarcelamiento de mujeres ha crecido al doble del ritmo de lo que ocurre con los hombres, lo que ha provocado que la cifra de mujeres presas sin sentencia sea mayor que la de aquellas que se probó que eran culpables y cuentan con una condena.
Por ese motivo, Kenia Hernández aprovecha la oportunidad para pedirle a la presidenta Claudia Sheinbaum que voltee a ver no solo su caso, sino el de todas las mujeres que están injustamente en prisión, sobre todo los casos de las mujeres indígenas y pedirles a los medios de comunicación que volteen también a ver sus casos.
“Yo creo en lo que dijo Jesucristo de que la verdad nos hará libres, y yo creo que el trabajo de ustedes como reporteros es muy importante y yo te pido por favor que no se cansen de decir la verdad porque es la verdad la que necesitamos en un país como México para poder salir adelante”.