"Hay que creerle a las infancias": ¿por qué y cómo hablarles de violencia sexual?

Marcela Nochebuena · 9 de septiembre de 2025

"Hay que creerle a las infancias": ¿por qué y cómo hablarles de violencia sexual?

Ante la tendencia a la alza de la violencia sexual infantil, facilitada por la falta de políticas preventivas y la impunidad, uno de los grandes obstáculos para visibilizarla es seguir considerando el tema como un tabú del que no se habla en los ámbitos escolares y familiares.

Así lo señalan especialistas en el contexto de la primera jornada de concientización sobre la violencia sexual infantil oficializada por la Secretaría de Educación Pública para este ciclo escolar en cumplimiento a una orden judicial por el caso de abuso sexual organizado en el kínder Marcelino de Champagnat, que también obligó a la dependencia a ofrecer una disculpa pública el pasado 28 de agosto.

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Hay que creerle a las niñas y a los niños. Muchas veces hemos detectado que cuando se menciona algo, pasa desapercibido, no se les cree y no se inicia esa curiosidad. Esa es la primera gran recomendación (hacia padres, educadores y cuidadores)”, indica José Pablo Balandra, de la organización Reinserta.

¿Por qué y cómo hablarles de violencia sexual a las infancias?
Foto: Cuartoscuro

La segunda que menciona es estar muy pendientes de las actitudes y de cómo se desenvuelven las infancias, porque pueden ocurrir cambios repentinos en la conducta, lo que representa un foco rojo. Cuando se detecta, lo siguiente es tratar de descubrir qué pasa de una forma empática, cercana y cálida, abierta a la escucha.

El especialista explica que, en numerosas ocasiones, cuando los agresores sexuales cometen este tipo de delitos, tienden a estar en contacto con los niños diciéndoles que ese será “su secreto”, o que es algo “tan preciado” que solo deben experimentarlo y saberlo entre ellos.

“Se genera una dinámica de enganche, en la que el niño o niña siente que va a traicionar al agresor, y muchas veces también es difícil que puedan nombrar la violencia. Entonces, estar muy atentos a que si hay una primera reacción, pueda nombrarse, creerla y atenderla”, señala.

La cultura del silencio en torno a la violencia sexual infantil

Especialistas que se dedican a la atención clínica de casos de violencia sexual infantil detallan que hay ocasiones en las que se detecta incluso un historial familiar en el que otras personas fueron víctimas de abuso sexual infantil desde generaciones pasadas, porque en la familia prevaleció una cultura del silencio.

La sociedad va transmitiendo este mensaje de tolerancia, de normalización a la conducta violenta, del impacto que tiene en la salud física y mental, y luego a nivel social; eso se minimiza, se normaliza y se sigue reproduciendo la violencia”, apunta María del Carmen Beltrán Rodríguez, paidopsiquiatra en el Hospital Psiquiátrico Infantil Juan N. Navarro y tallerista con análisis de casos clínicos de violencia sexual en infancias y adolescencias en el 13 Congreso de Salud Sexual de la Asociación Mexicana para la Salud Sexual (AMSSAC).

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Datos de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición en México (2018-2019) revelaron que el 2.5 por ciento de los adolescentes han experimentado abuso sexual infantil —3.8 por ciento en mujeres y 1.2 por ciento en hombres—, cifra que creció en los resultados más recientes del instrumento (2022) a un 5.53 por ciento en general —8.9 por ciento cuando se trata de mujeres y 2.1 en el caso de hombres.

A propósito de la primera jornada de sensibilización sobre abuso sexual infantil oficializada por primera vez en su historia por la SEP para la educación básica, Animal Político publicó este lunes que un tercio de este tipo de violencia ocurre en las escuelas, ante la falta de políticas de prevención, respuestas tardías por parte de las autoridades, dificultad para implementar protocolos, impunidad y un subregistro importante en la denuncia de casos.

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Foto: Cuartoscuro

Las estadísticas de distintos instrumentos y organizaciones coinciden en que el delito va en incremento. Con base en el registro de lesiones de la Secretaría de Salud, la Red por los Derechos de la Infancia indica que el aumento es de 1,139.2 % entre 2010 y 2023. Sin embargo, cálculos de diversas fuentes señalan que el subregistro de casos no reportados podría ubicarse entre el 80 y el 96 % de los ocurridos.

Ante ello, el seno familiar es el primer lugar donde debe perderse el tabú y la dificultad para hablar de sexualidad y de abuso sexual. A veces resulta relativamente fácil comunicar emociones o violencias físicas, pero cuando se trata de la violencia sexual de una persona adulta hacia una menor de edad, hay un cambio por la carga emocional y estigmatizante que conlleva, explica Elia Guillermo, educadora en sexualidad por la AMSSAC.

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Una de las cosas que tenemos que entender como educación es hablar del abuso sexual infantil en menores. En mi caso, por ejemplo, como facilitadora de talleres, yo hablo desde preescolar. Manejamos talleres desde el segundo de preescolar, y abordamos el tema del abuso sexual infantil. Ojo, no significa que lo abordemos desde el punto de vista adultocéntrico. Esa es la gran diferencia”, añade.

Luego, con el ingreso a la escuela llega otra situación en la que también es complicado abordarlo, porque independientemente de que al personal docente le falte capacitación o no, muchas veces no cuenta con el suficiente trabajo personal para lograr una auténtica empatía o evitar la revictimización de niñas y niños. Por otro lado, está el estigma social respecto a lo que vivieron las víctimas.

violencia sexual infantil facilitada por la falta de políticas preventivas y la impunidad
La violencia sexual infantil es facilitada por la falta de políticas preventivas y la impunidad. Foto: Cuartoscuro

Sumado a todo ello, es necesario comprender que hay todo un abanico de conductas de abuso, aunque no todas constituyan una violación sexual. Hay diversas actitudes que suelen desestimarse al decir que “solo le enseñó porno” o “realmente no abusó de ella”. Es frecuente que la violencia sexual se crea limitada a un contacto con penetración, pero hay otras conductas también descritas en la ley, como tomar fotografías de desnudos, mostrar genitales.

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“Hay una asimetría de conocimiento, hay una asimetría de poder, hay una asimetría de gratificación. Yo estoy buscando gratificarme, estoy buscando sentir placer; en cambio, el pensamiento de la niña o el niño no está buscando eso, al contrario, se pregunta por qué, aunque le digan que es bonito, o los agresores utilicen el chantaje o el soborno. Hay que identificar cuáles son las conductas de abuso y las formas que los agresores tienen hacia las infancias para ponerlas en una posición de vulnerabilidad, ese poder”, indica Guillermo.

Además de los tabúes o estigmas que puedan permear en sus propias familias o escuelas, las niñas y niños tienen que enfrentarse a la falta de capacitación de los proveedores de justicia. “Es una cadenita: si la educación se da en casa, penetra en la escuela, en la sociedad, y las leyes están aplicadas por una estructura que no sea violenta, tendríamos un tratamiento diferente, tomando en cuenta cómo ahora se viven las violencias sexuales”, subraya la especialista.

“Abordemos nuestras propias violencias”

“Primero, lo que les diría a papá y mamá es ‘abordemos nuestras propias violencias, trabajemos nuestras propias violencias’. Si fuimos víctimas de algún tipo de violencia, no importa los castigos, si fue verbal, si fue física; lo que importa es que reconozcamos primero que tuvimos una situación de violencia para poder entender y tener empatía con mi hijo o mi hija, que también está en una posición vulnerable”, recomienda Guillermo.

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Para comprenderles, es importante tener presente que todas las personas fuimos infancias en algún momento, recuerda. Una vez que se reconoce una situación de violencia sexual, es necesario pedir ayuda porque nadie está solo. Aunque sea difícil aceptar y abrirse a esa problemática, y específicamente a que haya sido un familiar o una persona cercana, es una experiencia transitable cuando hay acompañamiento.

Desde ahí, poder levantar la voz, continúa la especialista, porque quienes somos responsables de la protección de las infancias somos las personas adultas. Eso empieza desde no obligarlas a besar o a abrazar a determinadas personas. Esto no se debe a que tengamos que pensar que todas son abusadoras, sino porque el mensaje que se transmite es que las infancias tienen que hacer lo que las figuras de autoridad dicen aunque no quieran, por la razón que sea.

Acoso en preparatoria.
Hay que levantar la voz, porque los responsables de la protección de las infancias somos las personas adultas. Foto: Cuartoscuro

“Me parece importante hacer esta conciencia de decir: ‘¿Qué es eso? ¿Por qué lo estamos viviendo? ¿Cómo lo puedo prevenir? ¿Qué puedo hacer para que mi hijo o mi hija no tenga estas situaciones de abuso?’ Y entonces podríamos empezar a tener una sociedad un poquito más empática, más informada. Recordemos que la información es poder”, remarca Guillermo.

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Beltrán Rodríguez recuerda que como en el caso de las y los niños del Marcelino de Champagnat, que eran todos de preescolar, suele haber una tendencia a desacreditar sus dichos por sentir que aún no son sujetos de derechos, pese a que la ley dice lo contrario. La solución a la atención de la violencia sexual, agrega, está en todos los niveles de la sociedad, no solamente el gubernamental.

Los especialistas coinciden en que al interior del propio sistema educativo y cultural de México no se aborda la educación sexual, por lo que este es un buen momento para sensibilizar sobre su importancia, así como acerca de lo que implica para las personas que sufren estas violencias y replantear temas normalizados.

En un repaso por las muy diversas consecuencias que puede desencadenar a la larga el abuso sexual infantil, Beltrán Rodríguez menciona la depresión, ansiedad, transtornos de estrés postráumatico —dependiendo otras violencias asociadas a las que se pueda estar expuesto—, alteraciones en el desarrollo de la personalidad o en la forma de vincularse emocionalmente con las personas y distorsiones de la conducta sexual, entre otras.

Marcelino de Champagnat
Las y los niños del Marcelino de Champagnat todos eran de preescolar. Foto: Cuartoscuro

Además, el abuso sexual, sostiene, es el antecedente más asociado a la conducta suicida en adolescentes, la tercera causa de muerte a nivel mundial en personas de 15 a 19 años de edad, tanto a nivel de ideación como de intentos. AMSSAC tiene personal que trabaja en la atención de la violencia cuando ya ocurrió, un grupo de organizaciones desarrollaron este catálogo de herramientas y la Oficina de Defensoría de los Derechos de la Infancia (ODI) cuenta con este dispensario.

Ante el regreso a clases, la ODI recomienda revisar los espacios en escuelas: que las entradas a todo lugar sean visibles desde varias perspectivas, que su diseño brinde visibilidad hacia el interior, no generar puntos ciegos, ventanas amplias en salones, baños separados para personas adultas y que permitan visualizar los pies en los cubículos, bodegas vigiladas y sin acceso a estudiantes, estacionamientos visibles, patios sin escondites, que no haya cuartos tipo habitación dentro de los planteles —intendencia o vigilancia— y que exista un sistema de alarma.