A veces quisiera sólo desaparecer

Moisés Castillo · 15 de diciembre de 2012

A veces quisiera sólo desaparecer

Dice el músico Tom Waits que todos mezclamos verdad y ficción. Si estás atascado en un lugar de la historia, te inventas la parte que necesitas. Y así es el trabajo alucinante de Inés Estrada, que a sus 22 años de edad y de manera autogestiva lanzó el libro Ojitos Borrosos que reúne lo mejor de sus cómics 2008-2012 publicados en fanzines, en revistas como Vice y otras de Estados Unidos, Canadá, Portugal, Noruega, Letonia y Colombia.

Las historietas de Inés se mueven entre la realidad y la fantasía, ve el mundo con ojos distorsionados. A veces es la protagonista y en otras prefiere ser testigo de las aventuras de sus amigos y contarlas al mundo: cosas inútiles y cotidianas que al final de cuentas son la sustancia de la vida. Crea universos propios a partir de sus sueños, dibuja lo que sueña con un humor ácido y atrevido pocas veces visto en una chica. Trabaja con una premisa fundamental: si algo me hace reír quizá alguien más también comparta la misma sensación de estar vivos.

La primera parte de Ojitos Borrosos -nominado este año a “Mejor compilación” y “Mejor artista” para los premios Ignatz, que son el Cannes de los cómics- es una visión particular sobre temas y cosas que suceden. Desde la muerte de un pez llamado Godínez o las invenciones del futuro: “se inventará una máquina que miniaturizará a toda la humanidad, solucionando así el problema de los recursos y el hambre mundial. ¡Ahora con una zanahoria de pueden alimentar 100 personas!”.

También hace una crítica a las personas que buscan protagonismo en las redes sociales, dejar de ser fantasmas por un momento. Así que propone “Ciber Fama” en seis sencillos pasos como postear cosas obscenas, aquí no importan tus amigos sino tus miles de fans o subir una foto de perfil donde se vea que estás “guapo” o “buena”. Recuerda que el photoshop es el maquillaje del futuro hoy, dice la desertora de Diseño del Instituto Nacional de Bellas Artes.

Ahora que está de moda hablar de las predicciones mayas, Inés reflexiona en una especie de monólogo sobre la falsa y fanática idea del apocalipsis programado para el 21 de diciembre –para consuelo ya el Vaticano desmintió el fin del mundo-. “Malditos apáticos. Hagan algo con su vida”. Pero no todo es ironía y actitudes “Gárgamel” en el mundo de Inés, también seducen pensamientos sutiles y tristes. Suele pasar que un día despertamos nostálgicos o con la extraña sensación de no pertenecer a este mundo. “A veces quisiera sólo desaparecer”, se dice una joven mientras camina hacia ninguna parte.

En el tercer y cuarto capítulo hay historias tipo American Splendor, cómic autobiográfico de Harvey Pekar que apareció en 1976. Sin duda, el mejor es el titulado “Mi novio”: la soledad como elección-perfección. O en Hoyo de gusano hay sueños sicodélicos: cómo arruinar el día al hacer unos hot-cakes sin harina o encontrarse de repente a John Lennon en una fiesta.

-Tus historias van de lo cursi a lo grotesco. Te muestras en contra del estereotipo de la “mujer moderna”: delgada, güera, con estilo anime, ¿”Ciber fama” es una crítica a la hipocresía en las redes sociales?

Es también cómo se perciben las personas a sí mismas en Internet. Lo utilizan como un espejo de vanidad. El uso que le dan es para enaltecer su persona y sentirse queridos. Se puede generar esta idea de que eres una persona bella, a través de esta falsedad virtual y cómo las personas se prostituyen de cierta forma diciendo todo lo que hacen. Le dan esta relevancia a su vida a través de cosas mundanas como decir “fui al baño y no hay papel”. Por otro lado, en la sociedad hay mucha más exigencia hacia las mujeres de ser bellas y delgadas, es más fácil identificar estos rasgos de vanidad de las mujeres en Internet.

-“Mitocondria” se lleva todo un capítulo, vaya que es un viaje que cuestiona al ser humano, ¿cómo surgió esta idea del novio que se convierte en perro y viceversa?

Tenía como varias ideas y las junté en una sola historia. Empezó como termina: con la idea de las hormigas porque me gustan mucho los insectos. Las personas piensan el fin del mundo pero en una forma muy ególatra, en una onda de que si el ser humano muere se va a terminar el mundo. Pero no es así porque habrá plantas, insectos, cucarachas. Empecé con esa premisa y en un día dibujé la historia, luego ya la hice en limpio, es muy poco planeado. No sé si es una crítica, más bien es una reflexión cursi.

-¿Cómo es tu proceso de creación? ¿Dibujas primero o escribes la historia?

Casi no planeo mucho mis historietas, es algo espontáneo y las voy dibujando en mi cuaderno. Dibujo en feo y luego lo paso en limpio. Se me ocurren cosas y ya, no tengo un proceso de primero en lápiz y luego les doy color con acuarela o entinto. Cuando quiero que se vea sucio, dibujo en lápiz. Me gusta dibujar rápido y experimentar situaciones.

-¿Cómo defines el humor de Ojitos Borrosos?

Como vómito-arcoíris, jajaja.

-¿Por qué esta necesidad de recopilar tus mejores cómics en un libro?

Casi todas las historias fueron fanzines, hice 50 ejemplares de cada uno y muy pocas personas pudieron acercarse a mi trabajo. Y otros tantos son cómics que se han publicado en otros países. Pensé en hacer un libro que tuviera todo y en cierta forma es como tener un portafolio personal. Vendo mis fanzines, stickers y cosas así por Internet y de ahí saco dinero para lanzar proyectos como el libro.

-¿Cuáles son tus principales influencias?

Me siento muy influenciada por artistas de otros países que he conocido a través de Internet. En particular, el colectivo Woweezonk y Michael Deforge de Canadá, Lala Albert y Aidan Koch de Estados Unidos, el colectivo de Alemania de Biografiktion, los españoles de ARGH!… y de aquí, mis amigos de ¡Joc Doc! y Mou. Lo mejor es que abordan temas locales, no me gusta que ilustradores hagan cosas de otros contextos que ni siquiera conocen o los que hacen copias de aliens o anime. Me gusta la gráfica que no es obvia, es más interesante cuando las ilustraciones dan espacio a que la gente pueda dar su propia interpretación.

-¿Qué sucedió con el colectivo Café con Leche?

Ya no existe… hago ilustraciones, cómics y ya.

Para Inés no hubo un momento definitivo para empezar a dibujar mundos imaginarios-reales, siempre se la pasaba coloreando historias. Iba con su madre los fines de semana al puesto de periódicos y le pedía que le comprara historietas tipo Tom y Jerry. Estudiando en la Preparatoria 6 se percató que podía ganar dinero con sus ilustraciones y ya se lo tomó en serio. Actualmente es editora de la sección de comics de Vice México, sueña con ser catadora de licuados, viajera espacial o hacer videojuegos. Un día le dijeron sus papás “vas a crecer y ya no te gustarán”, pero sigue fascinada con el Nintendo y Mario Kart.

Si se acaba el mundo, lo reemplazamos por otro, por el que sueña Inés donde no hay nada que nos amargue la existencia.

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