Paris Martínez (@paris_martinez) · 22 de marzo de 2012

A una semana que se cumpla el primer aniversario luctuoso de Juan Francisco Sicilia y los seis acompañantes con los que fue asesinado el pasado 28 de marzo de 2011, en Jiutepec, Morelos, no hay ninguna señal de arrepentimiento por parte de los presuntos perpetradores.
Julio Hernández Barros, abogado del escritor Javier Sicilia, padre de Juan Francisco, lo descarta tajantemente.
“No. No hay arrepentimiento. Incluso –narra–, Javier me pidió ver la posibilidad de entrevistarse con Julio “El Negro” Radilla (autor intelectual y material del multihomicidio, por el cual están procesados también otros 20 implicados)… Javier quería verlo, pero no con una intención jurídica, sino más bien cristiana, él quería acudir con estas personas y decirles que, por lo que él hacía, no tenía nada personal en su contra, que Dios juzgaría.”
Sin embargo, continúa, “cuando yo hice la petición a la procuradora General de la República, Marisela Morales, ella aceptó, me dijo que si queríamos podíamos ir a verlo, pero nos pidió tener en cuenta que cuando estuviéramos frente a él, este cuate se iba a reír de nosotros, porque no tiene ningún arrepentimiento, para él ese acto fue parte de su chamba (como líder de la célula del Cártel de Pacífico Sur en Morelos), y se siente triste por haber sido detenido, pero no por sus crímenes”.
El abogado pone un ejemplo de la sangre fría y el orgullo de “El Negro” Radilla por su actividad criminal: “Cuando fue detenido, en su celular se hallaron videos de un interrogatorio que él dirigía contra un integrante de la banda rival (Raúl García Martínez, alias “El Comino”); en él, aparece dándole cachetadas; luego, fueron halladas en el mismo teléfono fotografías de “El Negro” con la cabeza de ese sujeto”.
Por ello, afirma, “le dije a Javier que no tenía caso visitarlo, ya que esta gente no se lo está pidiendo… esta gente no está arrepentida”.
Villas del Descanso
Luego que en días pasados, Javier Sicilia visitara por primera vez el juzgado de Matamoros, donde está radicada la causa penal contra los 21 procesados por el homicidio de Juan Francisco y sus amigos María del Socorro Estrada, Jaime Gabriel Alejo, Jesús Chavez, Álvaro Jaimes y los hermanos Luis y Julio Romero, el abogado que representa a los deudos informó que, según el juez encargado, la sentencia podría tardar un año más.
“Los acusados podrían recibir una condena de varios cientos de años de prisión –explica–, debido a la acumulación de delitos (siete homicidios, secuestro, crimen organizado, portación de arma prohibida, contra la salud y robo, entre otros), pero el proceso va para largo, ya que apenas se está en la fase de desahogo de pruebas y, de hecho, algunos apelaron el auto de formal prisión, algo que aún no se resuelve.”
Sin embargo, aún cuando el proceso sea lento, el abogado confió en que todos los implicados sean hallados culpables, debido a que “existió una profunda investigación por parte de la PGR, basada en procedimientos científicos que, la verdad, fueron como de CSI”, lo que permitió determinar con precisión los motivos del asesinato múltiple, la forma en que fue llevado a cabo, así como la identidad de los involucrados.
“Gracias a los sistemas de geolocalización –explicó Hernández Barros–, pudieron determinarse los movimientos de las víctimas hacia el bar donde fueron sometidas; a partir del mismo sistema, pudo confirmarse que ellos, y los presuntos atacantes, se trasladaron a la colonia Villas del Descanso, donde se halló la casa de seguridad en la que fueron asesinados, algo que también fue ratificado por pruebas de detección molecular de sangre.”
Además, la participación de los empleados del bar en el crimen no sólo está corroborada por sus propios testimonios, sino que se cuenta con una lista de asistencia que todos ellos firmaron ese día.
Salvo uno de los meseros, todos los implicados reconocieron ministerialmente su participación en los hechos y, hasta el momento, ninguno se ha retractado ni ha alegado presiones para realizar su confesión.
Pero la principal prueba, aquella que permitió reconstruir la red de implicados en el multihomicidio, fue una huella dactilar estampada en el auto usado para abandonar los cadáveres, perteneciente a un integrante del Cártel del Pacífico Sur, cuya actividad delictiva venía siendo rastreada por las autoridades: José Luis Luquín Delgado, alias “El Jabón”, integrante de la banda de “El Negro” en Morelos.
“En realidad –señaló el abogado–, aunque hay pruebas testimoniales que confirman la participación de cada uno de los 21 detenidos, lo más importante es que contra todos hay pruebas materiales.”
Hace 357 días…
Según las pruebas periciales, la reconstrucción de los hechos y las declaraciones de los implicados, la PGR determinó que el pasado 28 de marzo de 2011, Juan Francisco Sicilia se encontró con sus seis amigos en el bar Las Ranas, desde donde se trasladaron al bar Obsesión, en la zona metropolitana de Cuernavaca, Morelos.
Ya estando afuera del lugar, dos de ellos, Luis Antonio y su tío Álvaro, quien en su condición de militar portaba un arma, se acercaron a los vigilantes del acceso para reclamar una cámara fotográfica que días antes les había sido robada del auto, cuando se hallaban dentro del bar Obsesión.
Al escuchar que Álvaro se identificaba como miembro del Ejército, uno de los empleados alertó de lo sucedido al un cliente del que sólo se conoce el apodo, “El Rojo”, quien presuntamente es miembro del Cártel del Pacífico Sur.
Este sujeto, pistola en mano y acompañado por los meseros del bar, salió del establecimiento para someter no sólo a Luis Antonio y a Álvaro, sino al resto de los jóvenes que los acompañaban.
Tras desarmar al militar, los siete jóvenes fueron obligados a entrar al negocio, donde fueron amarrados y golpeados por los empleados, quienes además les robaron sus pertenencias.
Luego de ser notificado del conflicto, el gerente del bar solicitó el apoyo del narcotraficante conocido como “El Negro” Radilla y su lugarteniente (al que apodan “El Gordo” Varilla), los cuales brindaban “protección” al bar Obsesión.
Para darles “suelo” a los jóvenes, el gerente del bar ofreció a los líderes del Cártel del Pacífico Sur en Morelos el pago de 300 mil pesos y la entrega de dos vehículos, todo en presencia de sus empleados.
Después de esta negociación, el Negro y el Gordo, así como otros cómplices, trasladaron a las siete víctimas a la casa de seguridad de Villas del Descanso, donde finalmente los asfixiaron, cubriendo sus rostros con cinta aislante.