Todas las voces en una: un 8M dominical que cruza cada vez más causas y generaciones

Marcela Nochebuena, Eréndira Aquino, Dalila Sarabia, Verónica Santamaría y Olivia Zerón · 9 de marzo de 2026

Todas las voces en una: un 8M dominical que cruza cada vez más causas y generaciones

Las más diversas causas —desde el ecofeminismo y el antiespecismo, pasando por todos los tipos de violencia hacia las mujeres, hasta las voces trans, pro Palestina y de trabajadoras del hogar— se expresaron en las movilizaciones de un 8M dominical que cada vez atraviesa a más generaciones.

Alida Rodríguez Jiménez y Natalia Torres Rodríguez, madre e hija, llegaron juntas a la marcha que conmemoró el Día Internacional de la Mujer en la Ciudad de México. Alida se conmovió y la voz se le quebró al recordar a su madre y cómo seguramente habría estado ahí, en la Glorieta de las Mujeres que Luchan, si aún estuviera viva.

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Foto: Eréndira Aquino

Aunque ya no lo está, Alida no tiene duda de que fue antecesora de esta lucha: “Finalmente, son las que inician esto. Gracias a ellas estamos aquí, y también gracias a su dolor y a lo que pasaron, y gracias a su grito es que estamos hoy aquí, y siguen las generaciones; han marcado la pauta”.

“Si pudiera, seguro que estaría aquí, las tres generaciones”, añadió. Fue a la marcha con Natalia convencida de que su grito es por ella, por su hija y por las que siguen, además de que es importante el ejemplo que se les transmite, afirmó mientras era parte de las 120 mil mujeres que salieron este domingo, según el recuento oficial, a las calles de la capital.

Natalia cree que el papel de su abuela, y no solo de ella, sino de generaciones aún “más y más” pasadas, ha sido esencial en una lucha que tiene muchísimos años: “Creo que es importante que a partir de las cosas que han vivido ellas, se haga justicia, y que también aprendamos de todos los errores que hemos cometido como sociedad”.

Mientras hablaba, sostenía una pancarta que replicaba un verso escrito por Sor Juana Inés de la Cruz desde 1689: “Hombres necios que acusáis a la mujer sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis”. Y abajo otra que la traduce a una realidad más inmediata, que viven miles de mujeres en el país cada año: “Sin clientes no hay trata”.

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Foto: Marcela Nochebuena

“Hay que hacer escuchar todas las voces de todas las mujeres de cualquier generación”, añadió. Una de esas voces era la de Clara, una mujer adulta mayor que piensa que el papel de quienes tienen su edad es enorme, porque ellas han visto la transición de ganar territorio poco a poco. 

Este cartel es en honor a mi abuela, que no tuvo estos privilegios. Mi madre, que me enseñó a ser la mujer que soy, y hoy estoy en esta lucha por mis hijas, para que el camino sea más noble y más igualitario”, afirmó mientras sostenía un cartel que decía: “Aquí estoy por mi abuela, gracias a mi madre y para mis hijas, libres y sin miedo”.

“Las mujeres de la tercera edad tenemos mucho que decir, porque hemos vivido este gran cambio con mucho orgullo”, añadió. Esencialmente ha notado esa transformación en que las mujeres hoy saben que pueden, porque durante mucho tiempo se les hizo pensar que ese no era su derecho. A mujeres como ella, explica, en vez de darles educación, les dieron una misión en el hogar. “Es maravilloso poder cambiar eso, y ser artistas, científicas, pioneras, nuevas pensadoras”, apunta.

Aun así, ella y todas las que salieron a marchar este domingo saben que faltan muchos caminos. Esa “misión en el hogar” de la que habla, por ejemplo, la siguen cargando mayoritariamente las mujeres: en México 19.6 millones de mujeres no están en el mercado laboral por cuidar.

Durante el 8M, mientras las calles se inundaban de verde y morado, y voces que gritaban “hay que abortar, hay que abortar este sistema patriarcal” o “aplaudan, aplaudan, no dejen de aplaudir, que el pinche machismo se tiene que morir”, sintieron, por un día entero —desde las 11:00 que se reunieron los primeros contingentes hasta después de las 18:00 horas, cuando llegaron los últimos al Zócalo— como si juntas, a una sola voz, pudieran cerrar más rápidamente las brechas para niñas, adolescentes, jóvenes, adultas y adultas mayores.

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Foto: AFP

Las primeras horas del 8M

Desde las primeras horas de la mañana, las calles comenzaron a vibrar con el paso de miles de realidades distintas. No fue una sola marcha, sino un desbordamiento de contingentes que, en horarios escalonados y desde diversos puntos cardinales, convergieron en el Zócalo.

Las trabajadoras del hogar fueron de las primeras organizaciones en reunirse. Se citaron a las 10:30 en el metro Juárez, a donde llegaron puntuales, acompañadas de pancartas con mensajes de reivindicación a su lucha y por el respeto de sus derechos, como “no es ayuda, es trabajo” y “no respetar la jornada laboral es violencia”.

María Inés Domínguez, una de las integrantes de este contingente, relató que en 40 años realizando tareas domésticas ha experimentado situaciones de violencia. Esto la llevó a sumarse al Centro Nacional para la Capacitación Profesional y Liderazgo de las Personas Trabajadoras del Hogar (CACEH), donde recibió apoyo para defender sus derechos, pues “había sido despedida y no me estaban dando ni finiquito, ni liquidación ni nada“.

Explicó que como cualquier persona, las empleadas del hogar tienen derecho a un trabajo digno, lo que aún no es una realidad. Aunque la situación “ha mejorado”, María Inés consideró que falta mucho para que los objetivos de su lucha se alcancen.

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A esa misma hora, en las inmediaciones de la Glorieta de las mujeres que luchan, un grupo de trabajadoras de la salud se preparaban para sumarse a la marcha, a la que llevaron la exigencia de justicia por las doctoras, enfermeras y otras compañeras víctimas de feminicidios y desapariciones, así como la denuncia de que en el entorno escolar y laboral son constantemente violentadas.

Lucero Sánchez, doctora integrante del colectivo Médicas Verde Violeta, expresó que el gremio de las trabajadoras de la salud se ha vuelto un referente de lucha, y ondeando una bata blanca con los nombres de sus compañeras victimizadas, pidió justicia para ellas.

Otros colectivos que comenzaron a formarse a esa hora en la fila para marchar al Zócalo fueron las madres que denuncian violencia vicaria, bailarinas, batucadas feministas, estudiantes, mujeres afromexicanas e indígenas.

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Foto: Verónica Santamaría

Los dolores de la muerte y la desaparición

Las expresiones por mujeres asesinadas y desaparecidas estuvieron entre las más sentidas y presentes desde las primeras horas del domingo. Entre ellas, un tejido de hilos rojos que colgaba de la Glorieta de las y los desaparecidos, sobre Paseo de la Reforma, que asemejaba la caída de un vestido que portaba Araceli, artista urbana. 

Solo que el vestido no era de fiesta: estaba hecho de fichas de búsqueda de niñas, mujeres y jóvenes desaparecidas en este país, y particularmente en la Ciudad de México. Araceli explicó que ella y sus compañeros prepararon un performance con el arquetipo de La Llorona, sobre las y los desaparecidos en México, que suman más de 130 mil.

A la altura del cruce de Insurgentes y Reforma, el colectivo Voces de la Ausencia nombraba a cada una de las que faltan. “Somos tu voz”, contestaban las madres y familiares reunidas en el punto, quienes portaban playeras con la fotografía de sus seres queridos desaparecidos y cartulinas con fichas de búsqueda.

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Entre esas mujeres estaba Melida Cortés López, quien acudió a la marcha a reclamar por el asesinato de su hija el 21 de mayo de 2018, cuando tenía 23 años de edad, tomó un taxi en Chalco, Estado de México, y no regresó. “Lleva 8 años de muerta mi hija, asesinada, y no han hecho nada, no han encontrado a los asesinos”, reclamó.

En tanto, desde el contingente “Lirios Buscadores”, Ingrid Guadalupe Vaca contó que la razón que la llevó a marchar este 8M fue levantar la voz para encontrar a su hija, privada de la libertad el pasado 18 de febrero. En su pancarta, con fotos de la joven, se leía: “Brenda, viva te queremos”. 

Estefany Gómez es la tía de Brenda y marchó en el mismo contingente. Entre sus manos llevaba una impresión en gran formato de la ficha de búsqueda de la joven, que repartieron en la movilización. Ahí se describe que Brenda Aguilar Guadalupe, de 21 años, fue vista por última vez en Santa María Tianguistengo, Cuautitlán, Estado de México. “Salía a su trabajo, pero se la llevaron”, dijo su tía.

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Foto: Olivia Olivia Zerón

“¡No estamos todas, nos falta Renata!”, gritó un grupo de mujeres que caminaba detrás de una pancarta enorme color violeta con la frase: “No fue homicidio. Fue feminicidio”. Era Bárbara Palmer, la hermana de Renata, cuyo asesinato condujo a la detención del creador de contenido Rodolfo N, conocido como el “Wero Bisnero”

“Luchamos para que el caso de mi hermana sea clasificado como lo que es: no un homicidio sino un feminicidio, ya que su agresor era su amigo de años, y la asesinó enfrente de su pequeña hija de dos años. Le hizo unas heridas mutilantes horribles, entonces ya con esos dos requisitos cumple para que sea feminicidio”, señala. “Queremos que haya justicia sin privilegios”.

Entre los últimos contingentes que partieron de la Glorieta de las Mujeres que Luchan, se reunieron los colectivos de familias buscadoras de la Ciudad de México a las 15:00 horas. Partieron hacia el Zócalo sosteniendo una gran manta con la frase: “México, campeón mundial en desapariciones y feminicidios”.

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En el trayecto reclamaron “¿Dónde están, nuestros hijos dónde están?” y “Porque vivas se las llevaron, vivas las queremos”. Entre las mamás que pedían conocer la suerte y paradero de sus hijos, estaban la de Ana Ameli, estudiante de la UNAM que desapareció en el Ajusco el 12 de julio de 2025, cuando subió al Pico del Águila. 

También se unió a ese contingente Verónica Apodaca, la mamá de Bryan Quintero Apodaca, que el 15 de julio de 2026 cumplirá diez años de haber desaparecido en la alcaldía Gustavo A. Madero, Ciudad de México. Su mamá es parte del colectivo Una luz en el camino, y su búsqueda la ha llevado incluso a escarbar entre la basura del Bordo de Xochiaca

“Buscaré, buscaré, entre el viento y la tierra seca te encontraré, te lo prometo. Buscaré, confía en tu madre y espera, no me rendiré”, cantaban las madres de personas desaparecidas al llegar al Zócalo capitalino, mientras la bandera ondeaba en el asta de la plaza principal de la ciudad, por sobre la manta de “campeón mundial” que sostuvieron las familias. 

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Foto: Herminia Martínez

El feminismo también se representa desde el territorio

A la megamarcha del 8M se sumó también el contingente de activistas donde jóvenes y mujeres alzaron la voz por el feminismo que interactúa con la tierra, el territorio y los cuerpos femeninos. Organizaciones como Nuestro Futuro A.C. y Hackers por el Futuro marcharon en el contingente Ecofeminista Mujeres por una Tierra Justa y Feminista, gritando consignas y llevando carteles que expresaban la importancia de un futuro verde y feminista.

Uno de ellos recordaba la vida y lucha de la defensa del territorio: “No puedo proteger la Biodiversidad si nadie nos protege a nosotras”. Mariana Domínguez, integrante de Nuestro Futuro A. C., habló del mensaje principal que llevaron a las calles desde el contingente Ecofeminista, que sostiene que la justicia climática es igual a justicia de género.

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“Es algo que desde Nuestro Futuro siempre llevamos al frente. También llevamos a las desplazadas climáticas, a las migrantes, a las defensoras del territorio asesinadas y no asesinadas, pero que siguen en la primera línea de defensa frente a esta crisis. A las activistas y a las niñas a las que les estamos dejando un futuro en llamas y entendemos que si esas mujeres están en territorio, nosotras también tenemos la responsabilidad de alzar la voz por la misma causa”, añadió.

Thelma Morán, integrante de Hackers por Nuestro Futuro, agregó que en este 8M las activistas vieron la participación de las mujeres jóvenes que apuestan por futuros diferentes: “El contingente de Nuestro Futuro A.C. está compuesto por mujeres jóvenes que apuestan por futuros con perspectivas en donde no se deje a nadie atrás”.

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Foto: Verónica Santamaría

Baile, rimas y aerosoles: el mosaico cultural de la protesta

Conforme avanzaron los contingentes, una diversidad de expresiones artísticas también formaron parte de la protesta, desde las batucadas que pusieron el ritmo para que las consignas feministas se volvieran cánticos y baile, hasta las pintas en las paredes y los performances para denunciar violencias.

Entre los grupos de mujeres que coreaban exigencias de justicia, mujeres indígenas caminaban acompañadas por una banda de viento y contingentes de danzantes que agitaban sus penachos y cascabeles. Frente al Hemiciclo a Juárez, sus gritos se confundían con las rimas de algunas artistas de hip hop, invitadas a cantar por las activistas “Hijas del cannabis”.

“Aunque esté cansada vine a luchar, no voy a parar”, decía una de las letras. Con todo y un sol persistente, varias mujeres se detuvieron para escuchar y bailar rumbo al Zócalo, punto final de las distintas marchas capitalinas.

Cabra Frenesí, una de las artistas que se presentó, compartió que la experiencia de hacer música entre la marcha de mujeres fue “muy poderosa”, porque “todas tenemos una necesidad de expresión profunda”, ante lo cual subrayó que es importante luchar por tomar espacios para que se escuchen todas las voces.

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Roxana Rivera, de 28 años, quien acudió por primera vez a la movilización por el 8M, apuntó que es importante que se consuma el arte realizado por mujeres, pues históricamente fueron invisibilizadas, y porque “es muy distinta nuestra visión de la de los hombres que nos quieren estereotipar como musas, o nos ponen como tontas o huecas, y cuando hay una mirada femenina se nos empodera”.

Aunque las movilizaciones transcurrieron mayormente de forma pacífica, hacia las 15:00 horas, cuando algunos contingentes ya habían arribado al Zócalo, un grupo de manifestantes derribó una de las vallas metálicas que protegían la fachada de la Catedral. Entre gritos de la consigna “fuimos todas”, algunas traspasaron la barrera, pero en unos minutos fueron sacadas entre empujones por policías equipados con escudos y extintores.

El altercado generó molestia entre grupos de mujeres que continuaban llegando a la plancha del Zócalo, quienes insultaron a los policías y pasaron el resto de la tarde golpeando las vallas con la esperanza de volverlas a tirar, mientras decenas de pancartas tiradas en el suelo ardían en el fuego de la resistencia.

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Foto: Verónica Santamaría

No todas pudieron marchar, pero a todas las nueve la rabia, el miedo y las exigencias

Este 8M cientos de mujeres salieron a las calles a manifestarse en contra de la violencia que viven día a día en su casa, colegio o trabajos, pero en los contingentes no estuvieron todas las que hubieran deseado participar: decenas tuvieron que ver la marcha a la distancia, mientras trabajaban para llevar dinero a sus hogares.

“Estoy en su dolor y aunque no vaya a las marchas, ahí estoy con ellas”, dijo Guadalupe, trabajadora del servicio de limpia de la Ciudad de México, quien desde una de las aceras de Paseo de la Reforma veía a los contingentes pasar. Tiene cuatro años trabajando en el servicio de limpia y fue comisionada a retirar los desechos de la marcha en la avenida.

“No va a faltar ni una más porque por eso estamos en la lucha para protegernos”, es el mensaje que envió a las jóvenes que pasaban frente a ella exigiendo justicia ante la violencia y la posibilidad de desarrollarse en un país en el que no haga falta avisar porque siempre llegan con bien a su destino.

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Foto: Dalila Sarabia

Marisol Pérez acudió este domingo a Paseo de la Reforma a vender playeras con la leyenda “Ni Una Más”. Lleva más de 15 años dedicándose a esta actividad. Aunque no pudo marchar al lado de los contingentes, acompañó a la distancia la movilización en memoria de su exnuera, que perdió la vida en un enfrentamiento callejero que tenía la intención de asesinar a su hijo. 

La joven y su hijo ya no eran pareja en ese momento, pero Marisol la recuerda cada día. Por eso, este domingo en su puesto de playeras del #8M colocó un cuadro con la foto de Yareth Castañeda, quien murió a los 22 años: “esa es mi lucha, por eso ahorita que acabe de vender, voy a ver si todavía alcanzo a las muchachas”, compartió.

Sentada sobre el camellón, en compañía de su hija de cinco años, Luz contempla la marcha pasar. Ella tampoco pudo participar activamente porque debía trabajar vendiendo las flores que ella misma hace con palma de plástico. Tiene 29 años y vive con un temor a futuro: que cuando su pequeña crezca, no vuelva a casa. Para protegerla, desde ahora, se ha propuesto inculcarle una idea que quizá pueda servirle como escudo: que no confíe en nadie “porque la gente es mala”.