Eréndira Aquino · 6 de marzo de 2026
“Yo nunca me imaginé que iba a tomar un micrófono, a hablar en público o a salir en la televisión. En mis sueños de mujercita, cuando veía a las artistas pensaba en lo fabuloso de estar en una pantalla, que te vean… pero no pensé que pudiera ser bajo estas condiciones”, señala Martha Ávila, sobreviviente de violencia ácida.
El 8 de marzo de 2017, Martha, de entonces 59 años, fue atacada por su exyerno, un extranjero del que su hija se había separado cuatro años antes y que en venganza quiso agredirla con una sustancia corrosiva; sin embargo, al no encontrarla decidió ir contra su madre.

A nueve años del ataque, la sobreviviente afirma que ha logrado resignificar lo ocurrido y tiene como proyecto seguir trabajando con la Fundación Carmen Sánchez, “para que este delito sea tipificado con la magnitud que merece, porque genera daños de por vida y los agresores tendrían que estar obligados a resarcir el daño económico que ocasionan”.
Martha fue la primera de las víctimas de ataque con ácido cuyo agresor fue detenido y sentenciado; sin embargo, recuerda que cuando se le juzgó no estaba tipificado este tipo de violencia en México, por lo que el pasado 29 de enero su ex yerno salió de prisión tras haber cumplido su condena de 8 años y 10 meses.
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Aun con el desgaste físico y psicológico, Ávila sonríe cuando dice que para ella lo único que importa es ver hacia adelante, y que ella es más que ese cuerpo y lo que pudo sufrir en el pasado, o que la condena contra su agresor y el miedo de saber que está libre.
“Esto no termina. Continúa otra historia de lo que es tu vida después de esta agresión. En estos casi nueve años he tratado de vivir de acuerdo con las circunstancias, he crecido como ser humano, he aprendido a amarme no por cómo me veo, y he identificado que todos nos necesitamos. Quiero ejercer la libertad que debiera tener por derecho, vivir una vida tranquila”, expresa la sobreviviente.

De acuerdo con el Banco Nacional de Datos e Información sobre Casos de Violencia contra las Mujeres (Banavim), entre enero y octubre de 2025 se identificaron 393 víctimas de amenazas o agresiones consumadas con ácido o sustancias corrosivas en el país.
En el caso de Martha, después de la agresión de su ex yerno fue sometida a varias cirugías y tratamientos reconstructivos, además de pasar por un proceso de resiliencia que incluyó el aceptar que la imagen de sí misma había cambiado. Por ello, la propuesta de la Fundación Carmen Sánchez para volverla su vocera significó un reto, ya que implicó el dar entrevistas y mostrarse, pero aceptó dada la importancia de llevar el mensaje de sensibilización y lucha contra la violencia ácida.
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En ese proceso, Martha conoció a Aranza Bustamante, una periodista y fotógrafa de 26 años que le propuso a ella y a otras sobrevivientes participar en un proyecto de documentación de los procesos de reconstrucción de su vida, que será presentado al público en la exposición “Cicatrices, flores y reflejos: Sanar frente a la violencia ácida en México“.
“Acepté participar, pero con la condición de no llevar la etiqueta de que soy víctima, porque mi razón para aceptar fue el sacar lo mejor que podía —mucho o poco— de esta experiencia de vida, y proyectar a la sociedad que las mujeres somos mucho más que un cuerpo o cara bonita“, comenta.

El trabajo de Aranza Bustamante tomó tres años, y ahora se presenta a través de una muestra que incluye fotografías, textos, infografías, poesía de la escritora Andrea Mondragón y un corto documental en los que se retratan aspectos íntimos y colectivos de cuatro sobrevivientes: Carmen Sánchez, Yazmín Hernández, Esmeralda Millán y Martha Ávila, quienes aceptaron que sus cuerpos y cicatrices fueran retratadas con un énfasis en la resignificación de su experiencia.
Sobre la exposición, Martha dice que tiene como objetivo el generar empatía del público, “para que nos vean y no nos excluyan de la vida, de los derechos, que no seamos juzgadas por nuestra apariencia”, además de que habrá un conversatorio en el que las participantes compartirán “abiertamente lo que sentimos, lo que pensamos y lo que quisiéramos. Lo que menos me gustaría es que nos vean como mujeres limitadas“.
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Al preguntarle cuál fue su fotografía favorita, Martha indica que es una donde aparece con un rosal que está sembrado en el jardín de su casa. “Me lo regaló una amiga y para mí es como un símbolo de amistad y cariño. Por eso cuando Aranza me dijo que quería que estuviera en contacto con la naturaleza le propuse algo con esa planta y me dijo que le encantó”, detalla.
Para ella, ese rosal comparte con ella y con otras sobrevivientes “una belleza con espinas. La belleza, en nuestro caso la pérdida de ella, genera dolor, pero como le he dicho a Aranza, estoy sorprendida de cómo ella, que es una artista, transforma una imagen en un lenguaje que no necesita palabras y ha sacado lo mejor de nosotras”.

Aranza Bustamante recuerda que la primera vez que hizo una cobertura periodística del tema de los ataques con ácido fue en 2022, cuando acudió a una conferencia de prensa sobre la aplicación de tratamientos gratuitos a sobrevivientes de este tipo de violencia.
“Les estaban aplicando tratamientos con agujas y se veía que les dolía, y nosotros teníamos que retratar todo eso. Fue incómodo, porque había muchos fotógrafos, pero pocos se acercaban a platicar con las chicas para saber más sobre ellas y sus casos, sobre cómo las hacía sentir esto. Fue la primera vez que platiqué con Marta Ávila”, detalla Bustamante.
Fue entonces cuando se acercó a la Fundación Carmen Sánchez para escribir un reportaje enfocado en las consecuencias sociales y laborales para las sobrevivientes, y eso generó una relación con ellas para proponerles el proyecto de fotografía.
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La fotógrafa afirma que el trabajo fue “todo un reto, incluso habiendo formado una confianza muy grande con cada una de ellas”. Para lograr que las imágenes las hicieran sentir cómodas, les permitió elegir qué vestir y en dónde posar, aunque en ese momento no tenía idea que terminarían conformando una exposición tan amplia.
“Nos sorprende el alcance que esto ha tenido, porque ahora este trabajo se va a exhibir y espero que sirva para que las personas se vayan con una reflexión sobre la importancia de mirar de otras maneras el tema y a las mujeres que han pasado por esto”, reflexiona.
A quienes acudan a ver la muestra, Martha les comparte una sugerencia: “Cuando veas una imagen de esa exposición piensa en este mensaje: hasta dónde una mujer puede resistir y sobrevivir“. La Casa de la Cultura Azcapotzalco, ubicada en Av. Azcapotzalco 605, Ciudad de México, expondrá las fotografías de Aranza Bustamante hasta el próximo 20 de marzo, en un horario de 10 a 18 horas.