Redacción Animal Político · 18 de diciembre de 2024
Osiel Cárdenas Guillén, exlíder del Cártel del Golfo y fundador de Los Zetas, se declaró inocente de los cargos relacionados con narcotráfico que le fueron imputados por la Fiscalía General de la República (FGR) en la primera causa que se reanudó en su contra tras su deportación a México.
Cárdenas Guillén, también apodado “Mata Amigos”, rindió su declaración ante Daniel Marcelino Niño Jiménez, juez Cuarto de Distrito en Materia Penal en el Estado de México, en una primera audiencia celebrada en el Penal del Altiplano, donde se encuentra recluido.
De acuerdo a las primeras informaciones, el capo se limitó a declararse inocente y no contestó más preguntas para no autoincriminarse.
Será el próximo domingo 22 de diciembre cuando el juez resuelva si dicta o no auto de formal prisión en contra del presunto criminal.
Al día de hoy restan siete procesos penales y tres órdenes de aprehensión por cumplimentar en su contra.
Los primeros son por la presunta comisión de diversos delitos, entre los que se encuentra delincuencia organizada, delitos contra la salud, operaciones con recursos de procedencia ilícita, acopio, portación y posesión de armas de fuego de uso exclusivo del Ejército y cohecho.
Mientras que las órdenes de aprehensión son por su probable responsabilidad en los delitos de homicidio calificado, delincuencia organizada y contra la salud.
La Fiscalía General de la República (FGR) estima que el capo alcance una pena aproximada de hasta 730 años de prisión por estos delitos.
La mañana del lunes 16 de diciembre, autoridades estadounidenses deportaron a México a Osiel Cárdenas Guillén como resultado de una operación conjunta entre ambos países.
El exlíder del Cártel del Golfo fue posteriormente fue recluido en el penal de máxima seguridad del Altiplano, localizado a unos 80 kilómetros de Ciudad de México.
La operación se llevó a cabo en cumplimiento de una orden de aprehensión en su contra por los delitos de delincuencia organizada en la hipótesis de delitos contra la salud, según indica un comunicado oficial.
“Al devolver a este individuo peligroso a México, donde enfrenta cargos graves, hemos dado un paso significativo para proteger nuestras comunidades y mantener el estado de derecho”, afirmó Samuel Olson, un directivo de la Oficina de Detención y Deportación de Chicago (ERO).
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Cárdenas Guillén fue puesto en libertad en agosto de este año, 21 años después de ser detenido y 17 años después de haber sido extraditado a Estados Unidos, donde se declaró culpable de tráfico de droga, lavado de dinero y extorsión a agentes federales estadounidenses. Pero inmediatamente después pasó bajo custodia del ICE.
Fue en ese mes cuando el capo dejó el Centro Penitenciario Terre Haute, en Indiana, donde purgaba la pena, para ser trasladado al Centro de Detención de Otay Mesa.
El Cártel del Golfo llegó a ser uno de los grupos criminales más temibles de México. Sin embargo, en los últimos años perdió influencia y se ha dividido en múltiples facciones.

Como líder, Cárdenas Guillén supervisó un imperio de narcotráfico responsable de la exportación de miles de kilos de cocaína y marihuana a Estados Unidos desde México, según fuentes judiciales.
Fue detenido en 2003 en Tamaulipas y extraditado en 2007 a Estados Unidos, donde fue condenado en 2010 a 25 años de cárcel y al pago de 50 millones de dólares.
El capo utilizó la violencia y la intimidación como medio para promover sus objetivos.
En 1999, amenazó con matar a un agente de una oficina del sheriff que trabajaba encubierto con el ICE después de que se negara a entregar un cargamento de aproximadamente 988 kilos de marihuana.
Ese mismo año, dos agentes -uno de la agencia antidrogas de Estados Unidos (DEA) y otro de la policía federal estadounidense (FBI)- fueron rodeados por Cárdenas Guillén y su banda y amenazados con pistolas mientras circulaban en un vehículo oficial por Matamoros, Tamaulipas, en cumplimiento de sus funciones.
El narcotraficante reclutó a antiguos militares de las fuerzas especiales mexicanas para que formaran su guardia personal, pero esta fuerza de protección acabó operando por su cuenta con el nombre de Los Zetas, una de las bandas más sanguinarias de México hasta su desmantelamiento.
Tras la captura de Cárdenas Guillén, en 2003, Los Zetas libraron una lucha a muerte con el Cartel del Golfo por controlar su territorio y actividades.
Los Zetas, cuyos integrantes solían vestir de negro y utilizaban rangos de tipo militar para diferenciarse, como “comandantes”, “veteranos”, “halcones” o “cobras”, abarcaron otras actividades además del narcotráfico, como el comercio de combustible robado en México hacia Estados Unidos y el secuestro de migrantes.
Con información de ABC Noticias y AFP.