Alfredo Maza · 22 de febrero de 2026
En México, el destino de varios líderes del narcotráfico no se escribió en la celda de una prisión, sino en medio de intensos operativos militares que se resistieron a la captura hasta el último aliento. Las muertes de estos cabecillas —algunos de los más buscados del país como es el caso de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”— marcaron un cambio de estrategia.
La intención original era la “decapitación” de las organizaciones criminales, un golpe frontal que terminó por reconfigurar el mapa criminal de México, aunque no necesariamente con resultados positivos para la ciudadanía o los índices de violencia del país.
Aquí está la crónica de las caídas más estratégicas y violentas en la guerra del gobierno contra el narcotráfico.
Lee más | Cártel de Jalisco opera en 27 estados del país; hay otros 18 grupos criminales

La mañana de este domingo 22 de febrero de 2026 se dio a conocer una operación registrada en Tapalpa, Jalisco, donde Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano, apoyadas por aeronaves de la Fuerza Aérea y la Guardia Nacional, ejecutaron un plan maestro que combinó inteligencia militar central y la ayuda de autoridades de Estados Unidos para la captura de Rubén Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, líder del temido Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
El personal militar fue atacado y, en defensa propia, repelió la agresión. El saldo inicial fue de cuatro miembros del grupo delictivo fallecidos en el lugar y tres heridos de gravedad, incluido “El Mencho”, quien perdió la vida mientras era trasladado vía aérea a la Ciudad de México para recibir atención médica de urgencia.
La magnitud del enfrentamiento quedó grabada no solo en el hecho de que tres elementos militares resultaron heridos, sino en el arsenal asegurado. Entre los vehículos blindados y el armamento incautado, las autoridades encontraron lanzacohetes con capacidad para derribar aeronaves y destruir otros blindados.
El 16 de diciembre de 2009, la paz del exclusivo conjunto habitacional Altitude en Cuernavaca, Morelos, se rompió con el estruendo de un asedio militar. Aquel día, el centro de atención fue Arturo Beltrán Leyva, cabecilla del Cártel de los Beltrán Leyva, una escisión del Cártel de Sinaloa.
Cientos de elementos de la Secretaría de Marina (Semar) y el Ejército Mexicano cerraron las vialidades y notificaron a los habitantes—decenas de familias que vivieron uno de los episodios más traumáticos de la guerra contra el narco—que debían refugiarse.

Los disparos no tardaron en llegar. En uno de los departamentos, el líder narcotraficante y sus sicarios resistieron hasta el final, intentando protegerlo. Las imágenes de las secuelas mostraron la ferocidad del combate: paredes perforadas, muebles destrozados y el piso lleno de casquillos de grueso calibre. Beltrán Leyva, de 43 años, fue abatido junto a seis presuntos sicarios más.
En el operativo también se aseguraron 40 mil dólares en efectivo y varias armas. La Armada de México confirmó su deceso, aunque un elemento de la Infantería de Marina también perdió la vida en la acción. Su muerte también desató inmediatamente una ola de violencia.

El 5 de noviembre de 2010, Matamoros, Tamaulipas, se convirtió en zona de guerra. “Tony Tormenta”, líder del Cártel del Golfo (CDG) y hermano de Osiel Cárdenas Guillén, fue ubicado en la Colonia Centro.
La Marina desplegó un impresionante operativo con 660 elementos de Infantería, tres helicópteros y 17 vehículos para detenerlo. Cuando el personal naval llegó a su ubicación, fueron recibidos con disparos de armas de fuego de grueso calibre y granadas.

El enfrentamiento fue de tal magnitud que se extendió por más de tres horas, aunque medios locales reportaron que el conflicto armado duró hasta ocho horas.
Los miembros del CDG intentaron rescatar a Ezequiel Cárdenas. Alrededor de las 17:35 horas, la batalla terminó. “Tony Tormenta” cayó abatido junto a otros cuatro integrantes de su organización.

En 2017, la violencia regresó a Tamaulipas, esta vez en Reynosa. Julián Loisa Salinas, conocido como “El Comandante Toro”, líder del Cártel del Golfo en esa plaza, también encontró su final a manos de la Armada.
Durante la madrugada del 22 de abril, elementos de la Marina localizaron a Loisa Salinas. El intento de captura desató una reacción violenta: un grupo de sicarios de la organización bloqueó las vialidades con vehículos incendiados, provocando una serie de persecuciones y balaceras que se extendieron por diversas zonas de la ciudad.
Tras el violento cruce de disparos, “El Comandante Toro” y Francisco “Pancho” Carreón, un integrante de Los Zetas, perdieron la vida, sumándose a la lista de capos que murieron resistiendo su destino en la cárcel.
El golpe más reciente a una estructura criminal se produjo el 23 de mayo de 2025, en Barimeto, municipio de Navolato, Sinaloa. El objetivo era Jorge Humberto Figueroa Benítez, alias “El 27” o “El Perris”, un hombre clave identificado como el encargado de la seguridad de la facción de Los Chapitos, parte del Cártel de Sinaloa.

Al igual que en los casos anteriores, su muerte no fue resultado de una captura, sino de una agresión repelida por elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional. El titular de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), Omar García Harfuch, confirmó el deceso.
Las fotografías difundidas después de la operación mostraron la cruenta intensidad del enfrentamiento, con Figueroa Benítez abatido y manchas de sangre en la habitación, evidencia de la resistencia que opuso.