Carlos Arrieta · 29 de julio de 2023
En las calles, la gente tiene miedo de hablar y no sabe qué va a pasar porque la tenencia michoacana Felipe Carrillo Puerto, mejor conocida como La Ruana, ha sido escenario de la violencia y del asedio del crimen organizado.
Este sábado 29 de julio, se cumple un mes de que en esta localidad del municipio de Buenavista asesinaran al exlíder de las autodefensas Hipólito Mora Chávez.
Junto con él, tres de sus escoltas fueron asesinados a tiros, bajo una lluvia de balas de fusiles de asalto y Barrett calibre .50.
Las cuatro víctimas son recordadas con igual número de cruces metálicas enterradas sobre la calle de terracería donde los hombres fueron atacados.
Los cuerpos de Mora y de otro de sus guardias ardieron en el fuego, junto con la camioneta blindada donde viajaban.
Fragmentos de cristales, de llantas y de accesorios de la unidad todavía están en el piso y recuerdan esa masacre que cimbró de nueva cuenta a esta localidad de la Tierra Caliente de Michoacán.
A unas calles de donde quedaron los cuerpos está la casa de Mora, que fue su refugio desde que lideró el levantamiento de las autodefensas contra los delincuentes.
Las sillas de descanso en las que pasaba horas todavía custodian la puerta de acceso a la vivienda, que todavía luce un moño negro en señal de luto.

El silencio en el lugar solo es interrumpido cuando el aire sacude las desgastadas lonas que cubrían el féretro velado hace cuatro semanas.
Afuera, la vivienda es vigilada por un camión de carga del exlíder de autodefensas, al que el crimen organizado prendió fuego después de un ataque en su contra.
Los habitantes no quieren hablar del tema ante las cámaras; se refugian en las actividades de la Iglesia católica.
A una sola voz, piden por la paz de la comunidad, del estado y del país, porque saben bien lo que es vivir entre el fuego de las organizaciones delictivas.
“Vivimos con miedo, pero no me grabe, porque tenemos miedo por nuestras familias, que son amenazadas por esa gente”, dice una ama de casa.
“Ahorita hay militares y policías estatales, pero al rato se van y vamos a regresar a lo mismo, a las amenazas, desapariciones, asesinatos y extorsiones”.
El despliegue de fuerzas estatales y federales se limita al centro de la localidad, a pesar de que los habitantes advierten de la presencia de gente armada en los alrededores.
El fiscal de Michoacán, Adrián López Solís, informó que la institución a su cargo obtuvo de un juez cinco órdenes de aprehensión en contra del mismo número de personas.
Dijo que esos hombres están identificados como presuntos partícipes en el ataque armado en contra de Hipólito Mora Chávez y sus escoltas.
“Se sostiene la hipótesis de que participan alrededor de 25 personas pertenecientes a una organización delincuencial”, detalló.
De acuerdo con el fiscal, otro de los responsables de la ofensiva criminal fue hallado muerto al siguiente día del ataque.
Al respecto, habitantes dicen que el hombre quedó lesionado cuando Mora respondió al atentado en su contra y que los delincuentes se llevaron el cuerpo.
“Creemos que al verlo muerto sus propios compañeros abandonaron el cuerpo al huir de aquí del pueblo”, dijo un testigo.
Para Guadalupe Mora Chávez, hermano de Hipólito, no fueron solo 25 personas las que participaron en el multihomicidio.
“Fueron más. Tan solo yo pude ver tres de esas camionetas cuando entraron al pueblo y traían por lo menos siete personas”, dijo.
“La gente dice que eran cerca de 10 camionetas, por lo que estimo que en el ataque contra mi hermano participaron unos 70 sicarios”, afirmó.

Pidió que la fiscalía no se limite solo a obtener las órdenes de aprehensión, sino que las ejecute y que entre los detenidos esté el principal responsable.
Señaló como autor material a Heladio Cisneros, ‘la Sirena’, jefe de plaza de Los Viagras en La Ruana, y a su jefe, Nicolás Sierra Santana, como quien ordenó el asesinato.
“Todavía creemos que la fiscalía va a hacer su trabajo, porque si no, nos vamos a ver en la necesidad de levantar al pueblo en armas, cueste lo que cueste”, advirtió.
Guadalupe Mora se dijo consciente de que si reactivan la lucha civil armada va a haber muertos y derramamiento de sangre.
Ello, expuso, porque los habitantes que lleguen a armarse serán perseguidos por los criminales y por el gobierno. “Pero es necesario, porque tenemos que acabar de una vez con quienes nos han robado la vida”.
A un mes de lo ocurrido, los pobladores piden al gobierno del estado y a la Federación que no retiren la vigilancia y que, por el contrario, la incrementen.
Sostienen que, por lo pronto, su fe en la Virgen de Guadalupe y en Dios es lo que los mantiene unidos y de pie, pese a las adversidades que azotan a su comunidad.